En este villorrio fronterizo no hay tregua. Aquí la política no es estrategia: se telenovela. Y nos acaban de regalar un capítulo digno de recibir un premio Emmy o de perdida un globo de oro. El protagonista es el alcalde Cruz Pérez Cuéllar; el antagonista, el panismo local. Lo irónico —y por eso delicioso— es que se trata del mismo PAN que lo vio nacer, crecer, fortalecerse… y marcharse, primero a Convergencia y luego a Morena. La política mexicana tiene algo de familia disfuncional: los divorcios siempre terminan en pleito por la casa, o el edificio, no estamos para demeritar.
Todo comenzó cuando Daniela Álvarez y Ulises Pacheco levantaron una denuncia administrativa por presunto nepotismo contra el alcalde y su esposa, la Sra. Rubí Enríquez, presidenta del DIF municipal. El señalamiento tocó fibra sensible. Cruz reaccionó con el tono de quien se siente atacado en lo único que no se negocia: la familia. “Conmigo lo que quieran, pero a la familia déjenla en paz”, vino a decir.
Hasta ahí, un round más en la arena pública.
Pero Cruz no es de los que se quedan mirando el golpe. Y contraatacó donde más duele: en la historia, en el símbolo, en el inmueble de las mil batallas. El icónico edificio del PAN en la cinco de Mayo que por cierto debe el predial. El alcalde amagó con subastarlo. Frío. Quirúrgico. Maquiavélico. No le disparó al discurso, le disparó al ladrillo.
El mensaje fue brutal: si van a hablar de legalidad, empiecen por pagarla.
El “pecado” del panismo no es menor: deben más de 9 millones de pesos de predial. Sí, leyó usted bien. Los mismos que exigen cuentas claras y transparencia tienen años —décadas, para ser exactos— sin pagarle al municipio que pretenden gobernar. El alcalde, con una sonrisa que se adivina de oreja a oreja, ya está calentando motores para subastarles el inmueble. Es una jugada maestra: ¿Quieres denunciarme? Perfecto, primero págame la renta Don Ramón.
La respuesta del presidente local del PAN, Ulises Pacheco, no tardó:
“Fue precisamente cuando el hoy presidente municipal de Juárez en sus dos veces presidente del PAN que se dejó de pagar el predial.
Hoy la nueva generación de panistas, como Daniela Álvarez y su servidor al frente de las dirigencias del PAN daremos solución a los problemas que nos heredó el alcalde tránsfuga que seguramente se embolsó durante seis años lo del predial del PAN así como hoy lo hace con todos los impuestos que pagan los juarenses.
Desde el 21 de septiembre del 2025 la dirigente estatal ante la Asamblea Municipal anunció que se daría solución al adeudo heredado.”
Traducción política: ¡Vaya audacia! Culpar al “ex” de los platos sucios que nadie se ha molestado en lavar en más de una década. Pero como en política las fechas son tercas, por eso el alcalde no se enganchó, mejor mando responder al vocero municipal, Carlos “Charlie” Nájera, quien salió al quite con un cubetazo de realidad que dejó a los panistas buscando dónde esconderse:
“No mientas, Ulises Pacheco.
Y si vas a intentarlo, por lo menos no te refugies en pretextos que insultan la inteligencia de quienes te leen
El último pago de predial del PAN lo hicieron el 14 de mayo de 2012. Pequeño detalle cronológico: para entonces, Cruz ya no era dirigente
Pero entendemos que las fechas estorban cuando no acomodan al discurso.
Ahora bien: la responsabilidad de mantener finanzas sanas en un comité municipal corresponde a sus propios dirigentes municipales.
No es retroactiva, no es hereditaria y tampoco se transfiere por conveniencia política.
Y ya que hablamos de responsabilidades actuales: llama la atención que después de meses en el cargo, entre el show mediático y las declaraciones, no hubiera tiempo para sentarse a regularizar los 9.5 millones de pesos que tu partido le debe a las y los juarenses. Prioridades, supongo.
Así que no, Ulises: no mientas.
Mejor pon al corriente a tu partido. Porque la reacción ciudadana ya fue clara, y no fue amable.
El pueblo de Juárez, desde hace tiempo, ya no les cree… ni les quiere. Ya se van.”
El ridículo es monumental. El panismo local parece haber olvidado la regla de oro de la política: “no tires la primera piedra, si no estas libre de pecado”, y mucho menos una deuda millonaria arrastrando por las banquetas. Mientras ellos juegan a ser la “nueva generación”, se les olvida que heredaron las llaves de un edificio que ya casi le pertenece al fisco por su propia desidia.
Pero no ignoremos lo primordial, esta es una escena perfecta: el PAN acusa nepotismo; el alcalde responde con recibos vencidos. Moral contra adeudos. Ética contra nepotismo. La política mexicana es tan surrealista que esta convertida en estado de cuenta.
Y aquí está el fondo del problema: el panismo vuelve a caer en su viejo vicio. Quiere disparar sin revisar si trae la pistola descargada… o peor, si trae la cola larga. Para tirar dardos primero hay que asegurarse de no tener el flanco descubierto. Porque en Juárez, todo mundo sabe dónde están los esqueletos. Y Cruz también.
El alcalde juega con ventaja. Gobierna. Tiene micrófonos. Tiene expedientes. Y sabe usar el tiempo como arma. El PAN, en cambio, parece seguir atrapado en la lógica reactiva: denuncia, rueda de prensa, comunicado, indignación… y luego silencio administrativo. No propone ciudad, no construye relato, no articula futuro. Sólo sobrevive en la trinchera del enojo.
Mientras tanto, el edificio histórico pende de una subasta simbólica que vale más por lo que representa que por lo que cuesta. No es sólo un inmueble: es el retrato de un partido que alguna vez gobernó Chihuahua. ¡Oh espera! Lo sigue gobernando, pero hoy, hoy no puede pagar su propio predial.
Cruz ríe en privado. Y con razón. No porque tenga toda la razón, sino porque en política gana quien coloca al otro en posición defensiva. Hoy el PAN no debate nepotismo: explica adeudos. No discute ética pública: busca comprobantes. El foco ya no está en el alcalde, sino en la casa blanquiazul.
El panismo debería entenderlo de una vez: menos pleito y más proyecto. Menos denuncia y más propuesta. Menos nostalgia y más calle. La oposición no se construye con boletines, sino con causas. Porque si siguen jugando a la revancha sin limpiar primero la casa, el alcalde no sólo les va a quitar el edificio… les va a quitar la narrativa, la sonrisa y hasta la dignidad.
Y en política, perder la narrativa es perderlo todo.

César Calandrelly
Comunicólogo / Analista Político


