Cuando se realiza un balance del progreso de una comunidad, se tiene la costumbre muy arraigada de asociar los logros obtenidos al esfuerzo realizado por los gobiernos para materializar las aspiraciones de los ciudadanos. En el pasado los informes de alcaldes, gobernadores e incluso presidentes de la República siempre fueron redactados con un solo propósito: adjudicar al gobernante todos y cada uno de los buenos resultados obtenidos durante su gestión.

El caso de los progresos en materia de educación no es la excepción, los avances en el combate al analfabetismo, las mayores coberturas, los reconocimientos a la calidad de los programas, las nuevas edificaciones, los nuevos laboratorios aparecen en los saldos de lo que se presume como un buen Gobierno.

Pero los reflectores en el recuento de las buenas acciones de las administraciones gubernamentales también se apropian del desempeño de los estudiantes y desde luego de los profesores.

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Todo se abona a la cuenta de los gobernantes, sin reparar en que la parte central que evidencia los avances en este ámbito de la vida de la comunidad es el esfuerzo realizado por los estudiantes y por los maestros, quienes son los verdaderos protagonistas de esa gran obra personal, familiar y comunitaria que llamamos educación.

Chihuahua ha vivido un proceso de cambio, aunque desigual, muy significativo en esta materia. La mayor parte de sus indicadores han mejorado sustancialmente. Ha crecido el promedio de escolaridad, las coberturas en todos los niveles, pero especialmente en lo relativo a la formación preescolar, en el bachillerato y en todos los ámbitos de la instrucción superior.

A pesar del pesimismo que desataron las evaluaciones basadas en estándares internacionales, practicadas a los alumnos de educación básica; en general, hay muchos elementos para evidenciar que la calidad de la enseñanza en Chihuahua es hoy mejor que a fines del siglo pasado.

Sin embargo, los gobiernos han omitido el reconocimiento debido a los verdaderos protagonistas de esta hazaña cultural que es producto directo del esfuerzo de las alumnas y alumnos, de las profesoras y profesores y desde luego de sus familias.

Por ello es necesario disparar los reflectores al seno de los hogares, donde se planean y realizan todos los esfuerzos y sacrificios que se precisan para responder a este gran compromiso de nuestro tiempo que nos lleva a mejorar, a progresar con base en nuevo concepto de educación sustentado en un proceso formativo para toda la vida, que no tiene fin, que es continuo y permanente.

En Chihuahua estamos viviendo con intensidad una revolución en las conciencias de las familias, como nunca hoy quienes las dirigen saben que la única ruta que puede llevar a sus hijos a un desarrollo personal duradero y efectivo es la educación.

En medio de la violencia y la inseguridad que hemos vivido, la opinión prevaleciente supone que los jefes y jefas de familia poco hicieron para evitarlo, sin tener en cuenta que este gran esfuerzo de apostarle a la formación de los hijos, más pronto que tarde, se revelará en la emergencia de una nueva generación cada día más alejada de prácticas y conductas delictivas.

No solo eso, la apuesta principal en torno a la gran inversión que están haciendo las familias en educación, muy bien acompañadas por todo el magisterio de Chihuahua, tiene como propósito, ampliamente compartido, generar un modelo de desarrollo basado en las habilidades y capacidades que resultan de la educación.

Las familias, los alumnos y los profesores sacrifican su tiempo e invierten sus recursos, la mayoría de las veces escasos, porque creen, y con razón en que la educación representa la gran promesa para garantizar la prosperidad de sus hijos, de sus comunidades y del estado entero de Chihuahua.

Todo este proceso de cambio y transformación, que de manera silenciosa han organizado las familias y los profesores en las escuelas, en los tecnológicos y en las universidades, merece ser reconocido como el motor que nos moviliza como sociedad hacia una nueva dimensión de crecimiento y desarrollo.

En la casa de Morena, donde todas y todos los chihuahuenses tienen un sitio reservado, valoramos este gran esfuerzo, esta inmensa tarea y desde ahora extendemos el más cálido reconocimiento a todas las familias de Chihuahua que creen en la educación y que han hecho todo lo que tienen a su alcance para garantizarles a sus hijos una gran experiencia formativa.

¡Enhorabuena!

¡Han elegido el único camino correcto!

Juan Carlos Loera SQR
Juan Carlos Loera de la Rosa

Empresario y político defensor de la cuarta transformación.


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