¿DÓNDE QUEDA LA CONGRUENCIA?

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Sexualización, traición e insultos en la política chihuahuense

La política debería ser un espacio para confrontar ideas, defender proyectos y responder a las necesidades de la ciudadanía. Sin embargo, los recientes acontecimientos en Chihuahua abren una discusión sobre la distancia que puede existir entre los principios que se proclaman y las prácticas que se toleran. 

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El pasado 10 de octubre, mientras el Partido Acción Nacional celebraba en Ciudad Juárez la toma de protesta de Marco Bonilla como coordinador estatal de la Defensa de la Patria, la Familia y la Libertad, circularon tractocamiones con mujeres bailando sobre plataformas, acompañadas de propaganda contra figuras de Morena. La identidad de quienes organizaron y financiaron esa caravana no ha sido esclarecida públicamente.

La coincidencia con el encuentro panista plantea una pregunta legítima: ¿qué mensaje político se pretende comunicar cuando el cuerpo de las mujeres se utiliza como recurso visual junto a mensajes de confrontación partidista?

Mi cuuestionamiento no está dirigido a las bailarinas, mucho menos a su vestimenta o a su derecho a decidir sobre sus cuerpos. Está dirigido a una cultura política que continúa encontrando utilidad en presentar a las mujeres como espectáculo, mientras sus dirigentes hablan de defender la familia, los valores y la dignidad humana.

 

El sexismo no siempre se presenta mediante una prohibición explícita. También puede manifestarse cuando las mujeres aparecen como elementos decorativos de una actividad política y no como participantes con voz propia. Desde una perspectiva interseccional, cabe preguntarse cómo intervienen el clasismo y el racismo en las distintas formas de representar, valorar y utilizar públicamente los cuerpos de las mujeres.

Y aquí conviene romper con otra idea profundamente arraigada: no necesitamos preguntarnos si aceptaríamos que nuestras esposas, hermanas o hijas fueran exhibidas de esa manera para reconocer la dignidad de las mujeres. Una mujer no necesita ser familiar de nadie para merecer respeto.

Pero la discusión sobre la congruencia del panismo chihuahuense no termina ahí.

La ruptura entre la gobernadora Maru Campos y César Jáuregui Moreno, uno de sus colaboradores y defensores políticos más cercanos, ha abierto otro debate sobre la lealtad y el pragmatismo con el que se construyen las relaciones de poder.

 

Jáuregui no fue un personaje secundario en el camino político de Maru Campos. Durante su búsqueda de la gubernatura en 2021 participó activamente en su defensa y respaldo. Su propio abogado lo describió como uno de los principales apoyos de la jefa de campaña del PAN, digo de la Gobernadora.

 

La responsabilidad penal deberá determinarse en los tribunales. Pero existe una dimensión política que merece analizarse.

 

¿Qué ocurre cuando unna alianza construida durante años deja de ser conveniente para quienes ejercen el poder?

 

Desde una perspectiva pragmática, las alianzas políticas se sostienen mientras existen objetivos compartidos.Cuando cambian las circunstancias, también pueden cambiar las lealtades. Eso no demuestra por sí mismo

una traición, pero obliga a examinar las decisiones de quienes antes compartían responsabilidades y hoy se encuentran enfrentados.

 

La gobernadora tiene la obligación de permitir que las investigaciones sigan su curso. Al mismo tiempo, por la cercanía que mantuvo con Jáuregui, corresponde exigir claridad sobre las responsabilidades institucionales y las decisiones que se tomaron durante su administración.

 

La lealtad personal jamás debe colocarse por encima de la ley, pero tampoco puede utilizarse la legalidad como argumento para evitar el escrutinio de las decisiones políticas.

 

Y mientras estas contradicciones ocupan la discusión pública, Marco Bonilla decidió contribuir al conflicto con una expresión que dificilmente puede confundirse con un argumento político.

 

Durante un intercambio con un medio de comunicación, el alcalde con licencia lanzó la frase: «Que chingue su madre Morena».

 

Posteriormente justificó su reacción señalando que había sido provocado y cuestionó que sus adversarios se indignaran por sus palabras mientras, desde su perspectiva, guardaban silencio ante problemas nacionales.(que por cierto también esos problemas se dieron en las admistraciones pasadas, como inyectar agua en vez de tratamiento).

 

Pero la provocación no elimina la responsabilidad de responder con seriedad.

 

Criticar a un partido está bien. Cuestionar sus políticas, denunciar errores y exigirresultados forma parte del ejercicio democrático. Lo qule merece discusión es que alguien con aspiraciones de gobernar Chihuahua sustituya momentáneamente los argumentos por un insulto.

 

No se exige una política libre de confrontación. Se exige que la confrontación tenga contenido.

 

Resulta contradictorio llamar a superar los pleitos, como hizo Bonilla durante su concentración en Ciudad Juárez, y después recurrir públicamente a una descalificación de esa naturaleza. La firmeza política no depende del volumen de la voz ni de la capacidad para ofender a un adversario.

 

El episodio también refleja una discusión más amplia sobre el deterioro del debate público. Cuando la confrontación se concentra en insultos y provocaciones, los asuntos que afectan directamente a la ciudadanía quedan desplazados. Se habla de los adversarios, pero se discute menos sobre las soluciones que se proponen.

 

En el caso del PAN chihuahuense, los escandalos recientes permiten examinar tres tensiones: el discurso de defensa de la dignidad frente al uso de imágenes sexualizadas, la apelación a la unidad frente a una ruptura entre antiguos aliados y el llamado al respeto frente a las expresiones de confrontación de sus propios dirigentes.

 

No son situaciones idénticas ni tienen las mismas responsabilidades. Pero todas colocan la congruencia en el centro de la discusión.

 

Quienes se preguntan por qué una parte de la ciudadanía desconfía de los discursos partidistas deberían considerar cuánto contribuye a esa desconfianza la distancia entre lo que se promete y lo que se hace.

 

La congruencia no consiste en repetir que se defiende a la familia, la libertad o la dignidad. Consiste en demostrarlo cuando esas palabras dejan de ser convenientes.

 

ADN Angeles Gomez
Ángeles Gómez

Fundadora en 2014 de Ángeles Voluntarios Jrz A.C. dedicada al desarrollo de habilidades para la vida en la niñez y juventud del sur oriente de la ciudad. Impulsora del Movimiento Afromexicano, promoviendo la visibilización y sensibilización sobre la historia y los derechos de las personas afrodescendientes en Juárez.


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