La juventud juarense que tenemos es de gran valía, como para seguir indiferentes en su crecimiento emocional y los valores que debemos influir, para que destaquen en todas sus habilidades y cualidades por el bien de la sociedad. Ciudad Juárez ya merece el respeto no solamente de sus autoridades, sino de todos los que hemos convertido esta gran ciudad en nuestro hogar.

De ninguna manera podemos justificar la corrupción que nos rebota cada día y en cada lugar. Es urgente retomar la ciudad todos unidos para reclamar de manera pacífica y legal lo que nos corresponde. Ya los políticos nos demostraron que solo sirven para destruir lo que con tanto esfuerzo construimos. Tenemos retroceso en lugar de progreso. Juárez era una gran ciudad en los años setenta, nada comparable a lo que es hoy. Hemos perdido mucho en imagen, en progreso y en valores.

La fuimos descuidando con los años y dejamos todo en manos de gobernantes y políticos deshonestos, que se adueñaron de tierras fértiles para convertirlas en tesoro urbano. Así hemos visto llegar a los políticos de los tres niveles de gobierno, cuya deshonestidad parece ser costumbre y que utilizan el otro lado del puente para refugiarse después de habernos saqueado.

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El tema concreto de la semana de muchos que nos aquejan todos los días, es el Corredor Gómez Morín. La avenida que fue habitada primero, por personas prominentes, que además en sus residencias, contaban con gran extensión de tierra para disfrutar de todas las comodidades que lo resaltaban en el sector más importante para vivir. La comodidad se fue perdiendo con la llegada de negocios de bebidas embriagantes.

El Corredor Gómez Morín se ha convertido en una zona de gran peligro para los juarenses y una pesadilla para los residentes que habitan alrededor de los antros y centros de espectáculos nocturnos. El mal gobierno ha dejado de lado a los que llegaron primero, antes que los ambiciosos empresarios dueños de antros, cantinas, bares y tiendas de autoservicio. Pero no tienen toda la culpa los empresarios irresponsables y deshonestos que han contribuido con sus negocios sucios a envenenar a los jóvenes, sino también los que son honorables y honestos que han permitido la competencia desleal.

También los que vivimos en la zona de más escándalo, -el Corredor Gómez Morín-, somos responsables porque no protestamos con energía para el debido cumplimiento de las autoridades en cada ramo que les corresponde. A pesar de la vigilancia exagerada que de ninguna manera justifica que haya delitos, tenemos el reciente caso de los jóvenes atropellados y que se encuentran en estado muy delicado.

La Gómez Morín no se ve de noche. Solo resaltan los anuncios de los negocios de antros, taqueros, centros comerciales y los vehículos que transitan con luces encendidas, porque -como siempre-, la omisión en señalamientos viales, así como el cruce de peatones brillan por su ausencia. Tan sencillo que es pintar el pavimento con pintura fluorescente cuando no tenemos dinero para más, así como colocar señales de tránsito fluorescentes.

Cuando menos los propietarios de los negocios que les dejan cuantiosas ganancias por la venta indiscriminada de licor, pudieran apoyar en pintar lo que el municipio no puede o quiere hacer. La unión de los comerciantes establecidos legalmente y con todos los requisitos debe exigir que se clausuren los lugares que adolecen de los más elementales, como son los estacionamientos, seguridad en el interior y salidas de emergencia. Baños limpios y libres de humo.

Todo está en las leyes respectivas. Los jóvenes que son víctimas de enfermos alcohólicos y adictos a las drogas y enervantes, que acuden a divertirse y que en tan solo un descuido pueden perder la vida o pueden quedar inválidos, son casos que urge atender por el bien de la sociedad en general. Ciudad Juárez de noche no tiene luminarias eficientes, pero también las calles están destruidas o sin pintar los señalamientos. Un peatón a mitad de la Gómez Morín no se puede apreciar hasta que le llega la luz del auto.

El Corredor Gómez Morín en la noche se convierte en el lugar de mayor escándalo que contamina el ambiente en todos los aspectos. Las banquetas no sirven para que pasen los peatones porque están obstruidos por los vehículos. El ruido no deseado causa daño en la salud de los vecinos que viven alrededor. Los automóviles se estacionan en doble y triple fila con la aprobación de la autoridad corrupta. Y los motociclistas que junto con las sirenas de las patrullas contribuyen al festín del infierno.

Molinar Apodaca
Héctor Molinar Apodaca
Abogado | [email protected] | + posts

Abogado especialista en Gestión de Conflictos y Mediación.


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