Con la riqueza que tenemos en el mundo, no deberían existir los pobres

Porque México está muy necesitado de justicia y sobre todo de atención a los marginados en extrema pobreza, es imposible hacer de lado otra vez el tema de la corrupción que se infiltró con fines perversos, para lograr el dominio del poder en el gobierno y que durante más de cien años se convirtió como una costumbre y parte de la vida cotidiana de los mexicanos. Aprendimos a comprar voluntades y aprovechar las relaciones en el poder para crecer por encima de los demás.

Así fue como nacieron bajo el dominio oficial las asociaciones de trabajadores y obreros conocidos como sindicatos, quienes tampoco evitaron que se infiltrara la corrupción en sus agrupaciones, enriqueciendo a sus líderes quienes controlaron toda manifestación en contra del mal gobierno. También las concesiones de servicios públicos, se limitaron a grupos políticos y empresariales que siguen controlando la economía nacional, dominando a la clase media trabajadora como esclavos sin cadenas.

La extrema pobreza es un hecho y no porque los pobres eligieron esa clase de vida, ni por flojos como han generalizado y juzgado en redes sociales, los que se sienten ofendidos porque el actual gobierno ha destinado apoyos económicos y alimenticios a los pobres. Es inhumana la marginación que los mantiene como esclavos del sistema neoliberal, trabajando sin cesar, percibiendo salarios ofensivos a la dignidad humana, que nos les alcanza para vivir decorosamente. Ningún pobre pidió nacer en cuna humilde, ni es culpable de su raza y posición social. Los responsables somos todos.

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Tampoco se trata de juzgar a los profesionistas que no han podido salir del bache de la pobreza por la falta de trabajo y oportunidades en el sector empresarial y del propio gobierno. Porque también el sistema corrupto evitó el progreso y el ejercicio libre de profesiones que peligran si van contra el sistema, como los abogados, periodistas, analistas, economistas y todo aquel que fuera contra la corriente del gobierno. Tan solo por descubrir y exhibir a la corrupción bajo el amparo de las leyes. Se vetó incluso a artistas que protestaron contra el régimen, dejándolos sin trabajo en las principales televisoras del país, como el recién finado Héctor Suárez.

Por otra parte, desde pequeños nos enseñaron a ser generosos con los pobres, la doctrina cristiana tiene mucho que ver en este tema. El principal socialista en el mundo fue Jesús de Nazaret, quien rechazó lujos y riquezas, apoyando a los pobres y enfermos. También se proclamó como el Hijo de Dios y es reconocido mundialmente como Dios. Pregonó con el ejemplo dando todo su tiempo, capacidad y dones a la gente que lo siguió. Curó a los enfermos sin recibir remuneración alguna. Ante tales enseñanzas, tenemos la riqueza de la naturaleza y la espiritual inculcada en el mundo, por lo que no debería existir la pobreza.

Se nos educó bajo bases y principios religiosos que posteriormente se legislaron en diversas leyes que aplicamos internacionalmente como obligatorias, como no mentir, no robar, no traicionar, no matar, no ser infiel, y promover el amor y el respeto a la madre y al padre. Se nos inculcó el respeto a la familia y a la convivencia con nuestros hermanos y amistades de manera sincera y leal. Con la generosidad para ayudar a los necesitados.

Y sin embargo, parece que no hemos aprendido las lecciones de la vida. Seguimos odiando, repudiando, criticando, denostando, ofendiendo, dañando, robando y apoyando a la corrupción socialmente hablando. Por eso tenemos a narcotraficantes y lavadores de dinero. Se impuso el dinero y el poder de la soberbia ante todo lo que nos enseñaron desde niños. Sacamos a Dios de nuestras vidas y recurrimos a Él a nuestra conveniencia, pues hasta los sicarios se encomiendan y rezan para cumplir su encomienda de asesinar al prójimo.

La política mexicana se sostiene bajo el engaño, con la mentira y la falsedad. Bajo la protección de los medios y tráfico de influencias, así como la participación de diversas religiones cristianas que se ah asociado a la corrupción, manipulando vilmente a sus fieles, utilizando los salmos para sus fines, como lo hacen los jueces en sus sentencias, que pueden utilizar las leyes a modo, para dictarlas absolviendo o condenando.

Vivimos creyendo que somos mejores que los demás. Que lo merecemos todo. Que somos indispensables. Aceptamos sobornos y somos cómplices de los corruptos porque ya no distinguimos del bien y el mal. Los amantes del dinero atacan constantemente a los gobernantes honestos, utilizando a expertos pagados para difamar y desestabilizar a las buenas obras que no van con sus objetivos. Van con todo contra los que descubrieron su modus vivendi deshonesto, perverso e inmoral.

Del muro del Padre Eduardo Hayen, les comparto su significativa frase que publicó en Facebook: Dios puso placer en todas las cosas, como estímulo y premio para que el hombre obrara el bien. Pero el insensato no busca en los seres el placer que autoriza la fe y la razón, sino que busca el máximo de gozo, sea como sea, atropellando toda razón, lógica, toda ley y medida.

Molinar Apodaca
Héctor Molinar Apodaca
Abogado | [email protected]

Abogado especialista en Gestión de Conflictos y Mediación.


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