Cómplices

Para nadie es ajeno el hecho de que los narcotraficantes se establecen donde crece la demanda de drogas. La marihuana, la cocaína, la heroína, el cristal, azul celeste y fentanilo, así como las diversas que son anfetaminas fabricadas con una revoltura de porquerías de químicos, son la mejor fuente de ingresos en cantidades millonarias, además porque la materia prima es muy barata y los cárteles se sostienen gracias a la enorme población de consumidores. 

Ciudad Juárez Chihuahua, es una plaza que se disputan todos los cárteles porque además de consumidores locales, es la puerta para exportarla al vecino país que los privilegia como principal proveedor de armas, además de sus innumerables clientes al mayoreo y menudeo como lo es Estados Unidos de Norteamérica. 

Rescatamos de la gran potencia norteamericana la habilidad para establecer autoridades preparadas para enfrentar todo acto de violencia como lo es la DEA, el FBI, la CIA, además de sus policías auxiliares que están debidamente equipados y que tienen códigos de ética que aplican y leyes que respetan, pues hasta la mentira es considerada como delito agravado. 

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A diferencia de mi patria que adolecemos de autoridades eficaces, además de la corrupción impregnada durante tantos años, han impedido fortalecer a la seguridad pública que hoy nos duele reconocer la permisibilidad otorgada desde muy arriba, hasta muy abajo. Así hemos concedido poder al narcotráfico y hasta nos acostumbramos a vivir entre drogadictos y alcohólicos. 

Es cuestión de principios. De valores. De educación. De ejemplo. Porque la delincuencia que capacita el crimen organizado para matar está compuesta por familiares y amigos de los capos. De niños y jóvenes que crecen bajo la creencia de que es un trabajo ser sicario y que es un privilegio ser narcotraficante. Incluso son admirados por los corridos que les componen los artistas que a la vez son admirados por la gente que llena los lugares donde se presentan, como los Tigres del Norte.

Muchos analistas y comentaristas de la política nacional coincidimos en que tenemos un grave problema que se deriva del ejemplo de los padres hacia sus hijos, así como de la educación en casa y posteriormente en la escuela. Los valores se adquieren en la medida en que las familias los practican. Es sencillo decirlo y complicado para practicar lo que no estamos preparados para inculcar. 

No es la primera vez que nuestra ex hermosa frontera de México que llevó a la buena fama Juan Gabriel, como la ciudad donde debe vivir Dios, se encuentra entre fuego de bandas criminales contra policías en desventaja porque adolecen de equipo, preparación y estímulos para combatirlos y por eso escapan. O simplemente los dejan escapar porque la corrupción permite la impunidad.

Pero ¿quiénes contribuyen para que existan los narcotraficantes? La respuesta no es complicada, en primera instancia los compradores en mayoreo y luego los de menudeo que surten a los consumidores. Siendo los consumidores los que atraen a los negociantes de la muerte. A los envenenadores de niños y jóvenes. Por lo que el negocio criminal ha crecido tanto como la corrupción difícil de frenar, pero no imposible de detener. 

El primer paso es rescatar los valores en la educación y fomentar el deporte en las escuelas equipándolas con alta tecnología, con sus gimnasios y campos donde practiquen los niños y jóvenes, para tener cuerpo y mente sana. El segundo paso es invertir en la salud con hospitales de alta tecnología, cómodos y con especialistas que permitan atender a toda persona que requiera servicios médicos gratuitamente, pues pagamos muchos impuestos. El tercer paso es reparar la infraestructura urbana con buen pavimento y que todas las calles estén transitables. 

Es cuestión de copiar a nuestros vecinos. Tienen todo lo que necesitan porque los impuestos están debidamente utilizados y los gobernantes están educados para servir al pueblo. Así como las autoridades que son respetadas por la gente cuya presencia impone para no infringir la ley. La administración pública rinde fruto y está bien invertida en servicios públicos.

Lo que estamos padeciendo es muy grave y proviene de la complacencia y complicidad de mucha gente relacionada con los narcotraficantes -como los comerciantes y empresarios que lavan dinero- que conocen a los “señores del narco” o los consumidores que conocen a sus vendedores y que tienen nombre y rostro. 

Dicen algunos periodistas que investigan a los criminales de los cárteles, que éstos están en todas partes. Que están infiltrados en el gobierno muchos de ellos. Que todo funcionario público o político que consume drogas es cómplice de los criminales y que si se practicara un antidoping sorpresivo a todo servidor en el gobierno nos daríamos cuenta de la triste realidad. 

Molinar Apodaca
Héctor Molinar Apodaca
Abogado | [email protected]

Abogado especialista en Gestión de Conflictos y Mediación.


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