El estrago mental que nos deja la pandemia aún no se percibe en números, sin embargo, la OMS, Organización Mundial de la Salud; indica que son muchos los problemas generados a raíz de esta situación como cuadros depresivos, abuso de alcohol y de otras sustancias, trastornos de estrés postraumático, y otras muchas alteraciones mentales y de comportamiento.

Lo manifiestan así… «son muchos».

¿En qué ayuda ese comentario?

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Casi llego al séptimo piso de la vida y a esta edad los desencantos son terribles.

Las desilusiones agotan.

Llevo décadas de preparación, acumulando conocimiento inútil que sólo sirve para llegar a un discernimiento improductivo; no es negocio.

Pero al menos, me ayuda a estimular el cerebro con mi propio pensamiento, y de manera práctica, encender las neuronas del placer.

Esto, por recomendación del terapeuta español Rafael Santandreu.

O ¿Ustedes creen que promover el entrepiernur es pura perversidad? No. Es terapia.

Autoterapia, le denomina el psicólogo.

Viene al caso, porque conforme va creciendo el  encierro por la pandemia, causada por el coronavirus, se trastoca la existencia; los cambios son exasperantes.

La economía se colapsa, y la gran mayoría de la población sobrevive reinventando formas de supervivencia familiar.

Pero en el balance, a un año del colapso mundial, el saldo más terrible es la pérdida de la salud mental.

No estoy contando las bajas. Esas ya son historia. Números para la estadística.

Endenantes. O sea, antes de la pandemia, los trastornos mentales tenían un radio de afectación reducido. Diminuto, comparado con el estrago mental colectivo causado por el confinamiento obligado. Hoy «son muchos» dice la OMS. ¿Y?

Vivir en el encierro afecta la salud mental. Un espacio mediano de convivencia familiar se reduce a dos habitaciones, sala/comedor, cocina y baño.

En una familia promedio de cuatro personas, el hacinamiento mata.

Con una movilidad mínima de apenas un metro cuadrado por persona. El ahogo comienza a hacer sus estragos. Y la violencia hace acto de presencia.

La evasión mental que se compra por el televisor, la laptop y el celular no guarda comparativo con el poder caminar al aire libre, disfrutar de un parque, el cine, el gimnasio, las reuniones entre amigos.

Los niños son los más afectados, dependiendo del trato que reciban en el lapso de retención familiar; su comportamiento juvenil se reflejará en la sociedad.

Por lo pronto aumenta el índice de violencia intrafamiliar, los suicidios, la depresión profunda, el estrés en sus múltiples niveles.

Conducta desadaptada, le llaman los especialistas.

El Estado, no tiene capacidad para solventar el problema.

Ni como conjunto de instituciones, ni como ente generador de políticas públicas.

No hay capacidad de pensamiento, de análisis situacional, contimenos de estudio y por consecuencia, de solución.

La discapacidad mental será ya una minusvalía permanente. Tardaremos mucho en desechar tanto terror comprimido por la incertidumbre de poder haber muerto por asfixia.

Estamos en una fase de respiro mundial. Conforme se vaya vacunando la gente, crece la esperanza de vida y el retorno a lo que creemos es la «normalidad».

Primero, la vacuna.

Con ella, mentalmente desechamos el virus y el semáforo se mueve a verde. Pero el sistema nervioso permanece alterado, con una afectación permanente.

Sin contar con las secuelas del Covid, que desordenan el coco. Eso lo digo por propia experiencia. Nunca quedé al cien.

Mentalmente, claro. Antes del contagio, discernía mejor, y tenía una memoria envidiable. Hoy me tengo que esforzar más.

Lo traigo a colación porque estoy provocándome una recuperación utilizando técnicas de autoterapia, como lo sugiere el español,
Rafael Santandreu, y buceando entre los REGISTROS AKÁSHICOS, para reactivar mis procesos mentales.

Los procesos mentales son formas mediante las cuales nuestra mente almacena, elabora o traduce los datos que aportan nuestros sentidos, para que puedan ser utilizados en el momento actual o en el futuro.

Yo, como sea, traigo en las alforjas conocimiento inútil, que finalmente me será útil para recuperar mi salud mental.

Pero, ¿y la perrada?

Los que traen afectaciones como el trauma del encierro. El pánico en el ADN. Y las perturbaciones mentales que van acumulando.

Descubro entre las miradas de la gente, una silenciosa voz que clama por ayuda pero no alcanza a decirlo fuerte y claro.

Imagino su desesperación, como la que sufre un niño abusado, una mujer violentada, y que ahogan una súplica de ayuda por temor a represalias.

Tenemos que juntarnos para ver como lo resolvemos en conjunto.

El gobierno, como dije, es un ente simbólico, solamente, no garantiza nuestra salud física,  contimenos la mental.

Raul Ruiz
Raúl Ruiz
Abogado, amante de las letras y analista político | + posts

Abogado. Analista Político. Amante de las letras.

CARTAPACIO, su sello distintivo, es un concepto de comunicación que nace en 1986 en televisión hasta expanderse a formatos como revista, programa de radio y redes sociales.

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