Brecha de Género y Automatización

Cada día es más común escuchar que las mujeres logran empoderarse, aumentando su participación en la política, la economía y la sociedad, sin embargo, la estadística revela un panorama no sólo poco alentador, sino que contradice dicho avance femenino.

De acuerdo con la Organización Internacional del Trabajo (OIT), las mujeres forman parte importante de la fuerza laboral a nivel mundial, sin embargo, lamentablemente terminan teniendo menores posibilidades de crecimiento profesional que los hombres, sin contar que suelen desempeñar actividades de cuidado, necesitadas para la sociedad, pero sin ser remuneradas.

Para 2018, la evidencia sobre la disparidad laboral de género es concreta:

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  • Sólo el 1.5% de los hombres realizar actividades de cuidado del hogar de tiempo completo y sin recibir remuneración, caso contrario al 21.7% de las mujeres que se dedican de tiempo completo al hogar y los hijos sin percibir un sueldo.
  • Las mujeres dedican en promedio 4 horas y 25 minutos al día al trabajo de cuidados no remunerado; los hombres sólo 1 hora y 23 minutos al día.
  • El 41,5% de las mujeres con un título universitario están desempleadas o fuera de la fuerza de trabajo, mientras que sólo el 17,2% de los hombres están en una situación similar.
  • La brecha salarial a causa del género es del 20%.
  • A pesar de que el 44,3% de las mujeres directivas tienen un título universitario superior, en comparación con el 38,3% de los hombres directivos, sólo el 27,1% de las personas con cargos directivos y de liderazgo son mujeres.
  • Sólo 130 países tienen leyes que prohíben el acoso sexual en el empleo.

Lamentablemente, a pesar de que, si existen avances en materia de inclusión y equidad, de acuerdo con la OIT se requieren 209 años para acabar con la brecha laboral de género.

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A pesar de las disparidades actuales, en un futuro, habrá sectores de la economía que premian la participación femenina, puesto que los sectores con mayor porcentaje de mujeres ocupadas corresponden a las que tienen menor capacidad para automatizarse. Las actividades con mayor participación femenina son educación: salud y trabajo social, comercio y servicios. Caso contrario a construcción, transporte y agricultura, que son altamente proclives a la automatización y mayoritariamente generadores de empleos masculinos.

La economía mundial debe anticiparse a dichos cambios productivos,m no sólo en materia de inclusión de género, sino pensando en cuáles serán las estructuras productivas a fin de que la automatización de actividades y procesos no se traduzca en graves problemas de desempleo, violencia y pobreza.

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Nancy Carbajal
Columnista • Economista

Lic en Economía de la UACJ y Candidata al Grado de Maestra en Ingeniería Económica por la Universidad la Salle. Columna semanal sobre temas de economía, finanzas, política y sociedad.


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