Una de las mayores ventajas que tenemos al ser frontera con Estados Unidos es el aprender a preservar nuestra memoria.

Los angloamericanos son muy dados a guardar y exhibir su pasado, lo que tengan, sin embargo; en la frontera mexicana pareciera que hay un esfuerzo por destruir el pasado y des concientizar a la sociedad juarense por ello no es raro que la bipolaridad de la rivera del bravo sea estar buscando identidades.

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Siguiendo con este argumento, recuerdo hace unos años un personaje explícitamente masón grado 33 que daba entrevistas en la televisión abierta donde al hablar del origen de la masonería recitaba la frase “el origen de la masonería se pierde en la noche de los tiempos” y argumentos después decía lo siguiente “la historia de México no se puede entender sin la historia de la masonería nacional”. Completamente de acuerdo ya que los masones decimonónicos fueron los grandes protagonistas. Sin irnos de este renglón ¿Qué ocurre con la historia de la masonería juareña? ¿Existe? ¿Quién la sabe? ¿Por qué no hay un museo de la masonería en Juárez si esta, se supone fue importante? Estas cuestiones me surgieron a partir de lo siguiente:

Tuve la oportunidad hace un tiempo antes de la pandemia, de realizar un pequeño viaje fraternal a las Cruces, Nuevo México, cuyas expectativas para mí eran muchas incluyendo el aprendizaje y experiencias que se podrían adquirir. Mi curiosidad por esta ciudad era bastante ya que me habían platicado sobre ella y que no esperara mucho ya que solo era un pueblo sin nada interesante que ver, sin embargo; para mí todo fue maravilloso. Pues desde el hecho de cruzar el Puente, andar por El Paso y luego salir de este condado y tomar la carretera hacia Las Cruces; ya se podía apreciar un paisaje despejado con un horizonte muy azul y que en sus márgenes se alternaban unas montañas que a sus pies alfombraban inmensas praderas. Un entorno muy similar a Chihuahua.

Desde allí ya se respiraba un entorno a tranquilidad donde todo está donde debe de ser. Aunque las casas y edificios no hablen, dan la sensación de ser muy acogedores para quienes como yo van por primera vez.

El tiempo que me quede allí pregunté que había a lo que me respondieron que nada. Incluso me apoyé en un mapa e imágenes para darme una idea del casco antiguo del lugar ya que desde las conquistas de Don Juan de Oñate el lugar tiene población. Por el motivo que sea, no pude conocer el casco antiguo pero si conocí algo, el Templo Masónico de “Aztec Lodge No 3” una de las primeras logias masónicas de la región. Por lo que pude investigar dicho recinto también es la sede del Rito York.

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Juego de joyas masónicas usadas por los primeros miembros de Aztc Lodge No 3, año 1870 | Fotografía: Marduk Silva

Además de los enseres que se ocupan para sus actividades, el edificio también es un pequeño museo que contiene piezas desde la década de 1870 a la actualidad. Esta modesta masonería neomexicana me hizo reflexionar sobre la masonería mexicana en general, son pocas las logias en México que se han preocupado por preservar su memoria.

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Interior del Templo original de Aztec Lodge No.3, finales del siglo XIX | Fotografía: Marduk Silva

Aunque esta logia junto con su templo han tenido cambios y han demolido el templo original por uno actual, conservan su memoria; sin embargo yo no he visto ni una sola fotografía de los primeros masones que trabajaron en el Templo Masónico ubicado en el centro de Ciudad Juárez.

Otra cosa que me llamó la atención es que los masones en Estados Unidos al fundar una logia por primera vez, le ponen el nombre del lugar o algo que ad hoc al lugar, lo cual es muy diferente en México donde se ponen nombres extravagantes o de personajes históricos. Que en sí no está mal, pero en México hubo una historia de bronce en exceso politizada cuyo discurso en la actualidad ha sido superado dejando los viejos tópicos discursivos en la semántica de las logias nacionales.

En conclusión, la masonería mexicana ha conservado una fama y existe la idea popular de que los agremiados son gente culta, pero si dichos miembros no han podido ser capaces de preservar su propia memoria y acervo histórico, entonces ¿Dónde quedó esa cultura?, por otra parte los masones mexicanos gustan de vestirse de misterio y secrecía, pero al teclear “masonería…en…tal…” salen muchísimas fotografías de masones con ciertas indumentarias y posiciones algo curiosas, sobre todo en redes sociales ¿Y la secrecía?

Todo lo contrario a los masones estadounidenses quienes hacen labores de filantropía, abren sus templos al público y han sabido aprovechar su organización para devolver algo a la sociedad que los formó sumándole que su masonería es de tipo familiar, involucran a las familias.

Es claro que no es correcto comparar porque cada nación tienen su propia cultura, pero no está mal ver que hace el de al lado porque tal vez, algo se puede aprender así como ellos de éste lado.

Marduk Silva
Marduk Silva

Licenciado en Historia por la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez. Profesor en Preparatoria Lobos de la Universidad de Durango Campus Juárez y en la Escuela Preparatoria Luis Urias.


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