Amor romántico

¿Subordinación de las mujeres?

Hace algunos años escuché hablar del “amor romántico”, es bastante curioso cuando te empiezas a replantear conceptos que tenemos tan enraizados en nuestra vida, cuando adquirí conciencia del problema tan grave al que nos enfrentamos fue cuando me encontré con la mítica frase de Kate Millett en su libro política sexual “el amor ha sido el opio de las mujeres, como la religión el de las masas. Mientras nosotras amábamos, los hombres gobernaban. Tal vez no se trate de que el amor en sí sea malo, sino de la manera en que se empleó para engatusar a las mujeres y hacerlas dependientes, en todos los sentidos. Entre seres libres es otra cosa” (Millett, 1970). Entonces, de aquí parte la idea que el amor romántico, su normalización, enseñanza y conceptualización, se relaciona directamente con la subordinación de las mujeres

“El modo en que las mujeres internalizamos, actuamos y reproducimos un conjunto de valores y actitudes a través de las cuales nosotras mismas contribuimos a perpetuar esa situación de desigualdad respecto a los hombres” (Hernando, 2000). Me parece sumamente triste reconocerlo, pero no podemos dejar de lado que las mujeres somos las máximas emisoras del patriarcado, parte es un factor cultural que se nos implantó en el cerebro casi a la perfección, pero son condiciones que conforme a los años han abonado al patriarcado y a la hegemonía masculina que nos ha oprimido por años, y el mayor exponente de esto, es sin duda alguna el amor romántico.

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No es posible hablar del amor romántico sin hablar de lo que lo sostiene, los roles de género, lo que nos “hace” ser hombres y mujeres, precisamente porque el sustento del concepto recae en estos mismos, para hablar y relacionarlo de una manera simple podremos definir que grosso modo el hombre se concibe en un “ser para sí” y la mujer en un “ser para otros”, el hombre tiene culturalmente asignado el rol como proveedor, como racional, calculador a diferencia de las mujeres que comúnmente se nos relaciona con este rol asistencialista, irracional, sentimental, de ahí podremos explicar de mejor manera el amor romántico.

Por su parte Elaine C. Hatfield (1988) distingue entre el amor compañía, de compañeros o compañerismo y el amor pasional, apasionado o romántico, que sería, según ella, un intenso anhelo de unión con otra persona, un estado de excitación fisiológica profunda que incluiría experiencias de realización y éxtasis. El concepto de amor romántico resulta sumamente complicado por todos los valores asociados mediáticamente y socialmente, que sea monógamo, heterosexual, y una parte importante de estos mitos han sido impulsados desde diferentes estratos religiosos en complicidad con el patriarcado para endurecer el papel pasivo de las mujeres, especialmente en el matrimonio y al formar una familia.

Es decir, el concepto de amor romántico es una construcción social que tiene su envergadura en un régimen patriarcal que recalca las desigualdades entre hombres y mujeres en una relación afectiva- sexual. Pues en una relación de este tipo, para las mujeres es espera, pasividad, renuncia, sacrificio y en los hombres es más como valores de ser conquistador, héroe y protector. Como resume Aurora Leal (2007): “De forma esquemática se dice que en las chicas el amor romántico viene a ser el romance de la búsqueda, entrega, fusión con la otra persona, ansiedad, compromiso. En los chicos el amor implica cierta ganancia pero no compromete aspectos nucleares del yo personal. En las chicas el amor romántico sería una forma de organizar el futuro y una construcción de la identidad personal. En los chicos el amor romántico se relaciona con la seducción, con el acceso a las muchachas” (Leal, 2007) De aquí desafortunadamente podemos desprender que pueden llevar a estas relaciones a que la mujer sufra de violencia de género, pues al darle tanta cabida e importancia a la relación de pareja, renunciar al “amor” y en ese pensamiento que todo puede arreglarse es común. Por eso tendemos a justificar los celos, el maltrato, la posesividad que incluso ha sido romantizada en muchas películas y telenovelas, pero el amor y la violencia no son compatibles, nunca lo han sido, esto es otra cosa, es de suma importancia que reflexionemos en lo peligroso que es el amor romántico y que nosotras como feministas señalemos este tipo de conductas que no es amor y resignifiquemos en la forma en la cual nos relacionamos con nuestras parejas.

Resulta claro los métodos de control que nos ha impuesto el amor romántico y lo estrictamente relacionado que se encuentran con los roles y estereotipos, no es posible que repliquemos este tipo de relaciones que influyen en la sumisión en la mujer, debemos resignificar nuestra manera de involucrarnos afectivamente, en relaciones más sanas que no solo son benéficas para nosotras sino para los hombres también ser imperativamente el proveedor, “cabeza” de familia, no mostrar sentimientos puede resultar colérico incluso. Estoy segura que si vemos bajo la lupa serán cada vez más los que quieran mudar en cómo nos relacionamos.

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Paola Jacobo

Activista. Defensora de los derechos de la mujer y promotora de la agenda de perspectiva de género en el ámbito político y social. Estudiante del último semestre de derecho en la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez.


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