¿Existe un legado educativo y científico en México?

Es justo y necesario hacer un recorrido sobre el legado de nuestros científicos, desde los primeros teólogos fundadores de la Real y Pontificia Universidad de México, pasando por Sor Juana Inés de la Cruz y don Carlos de Sigüenza y Góngora; el Real Colegio de Minería hasta el proyecto educativo del general Antonio López de Santa Anna. Vendría después la Academia Imperial de Ciencias y Artes del II Imperio para mostrar al mundo que en México también se hacía ciencia. No sería tan notable esto hasta el gobierno del general Porfirio Díaz donde se impulsa a Adolfo Castañares a Europa y Estados Unidos, con representación para México en los Congresos Internacionales de Química Aplicada de 1904 a 1916; con brillantes postulados y elogios. Sin olvidar a José Cáceres y Gil con su “Tratado de Análisis Químico” y claro, al gallego contemporáneo de Castañares, José Carracido con sus tratados de “Química Orgánica y Química biológica”. 

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Iniciemos nuestro repaso por nuestra historia científica. Con el avance de los tercios españoles en territorio nativo, los antiguos señoríos indígenas pactaron, se aliaron o capitularon en favor de las huestes castellanas. Fue el mismo Hernán Cortés y los que estuvieron con él, que atestiguaron la sociedad y civilización indígena a Carlos V. Por ello, una vez fundado el Virreinato de la Nueva España y pasado el tiempo, para que dichas formas no se perdieran, fue Juan de Zumárraga, primer obispo del virreinato quien le plantea a don Antonio de Mendoza, primer virrey, el fundar una Universidad. El objetivo era continuar con la educación y fe cristiana para los hijos de los indígenas y españoles, cuya Real Cédula fue dada por Felipe II en el 21 de septiembre de 1551, cuando aún era príncipe. 

Fue hasta el 25 de enero de 1553 cuando la Real Universidad de México abre sus puertas. Para el 17 de octubre de 1562, el rey Felipe II emite otra Real Cédula en la cual, se le otorgan a la Universidad de México todos los privilegios de la Universidad de Salamanca y sus primeros estatutos redactados por el doctor Pedro Farfán en 1580, sin embargo; quince años después el Papa Clemente VII emite por bula, la dignidad de Pontificia. Conformándose así como la Real y Pontificia Universidad de México cuyo lema era “Patriae scientiae que amor salus populi est (El amor a la Patria y al conocimiento son la salud del pueblo)”. Pero sin duda el ejercicio más notable en estos primeros pasos fue la del visitador obispo de la Puebla Dr. Juan de Palafox y Mendoza de quien aún conservamos su biblioteca, cuyo acervo es uno de los más importantes de América. En el siguiente artículo continuaremos la historia de la ciencia en nuestra nación. 

Marduk Silva
Marduk Silva

Licenciado en Historia por la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez. Profesor en Preparatoria Lobos de la Universidad de Durango Campus Juárez y en la Escuela Preparatoria Luis Urias.


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