–El sureste mexicano es radiante, colorido, candente.
Cuando estuve en Tabasco, por allá por el 98, me llené de verde los ojos, de oxígeno puro los pulmones y de sonidos de la naturaleza, los oídos.
Allá se me purificó el alma, y descubrí el paraíso mexicano en pocos meses de estancia, trabajando como realizador cinematográfico y productor de audiovisuales.
En Villahermosa conocí a Olga, veracruzana, rubia castaña natural, bajita, de espléndido trasero, senos pequeños, hermosa sonrisa y de gratificante y desinteresado trato.
Me nutrí con tanta cultura ancestral que quizás me habría quedado a vivir por aquellos edénicos lugares. A no ser por los odiosos mosquitos y su agobiante calor húmedo.
Descubrí que no sólo el peje lagarto es afrodisíaco, sino los ostiones ahumados, las pigüas, el pescado asado en hoja de momo, los tamales de chipilín, de masa colada, los deliciosos chanchamitos, el exquisito chirmol, un guiso de raíces gastronómicas chontales muy parecido al mole, son sólo algunas de las delicias de esta tierra.
Y todo, todo esto, es afrodisíaco.
Y no se diga, degustar la infaltable guarnición del plátano macho frito.
Lo más conocido es el peje lagarto.
Que se cocina de diferentes maneras.
La dureza de su corteza sirve como recipiente para que su carne se cueza en su grasa y humedad.
Una vez cocida la carne, puede consumirse directamente en tacos de tortilla de maíz, con un chile local llamado amashito, sal y limón.
Suele acompañarse con ensalada de repollo, plátano macho o yuca, fritos.
Y maridar con pozol.
Una bebida combinada entre el maíz y el cacao que mediante un proceso artesanal, generan un elixir espeso, de color café que ayuda a los tabasqueños, chiapanecos y veracruzanos, de todos los estratos sociales, a mitigar la sed.
Olga no sólo me llevó al paraíso de sus eróticos meneos.
Con ella desvestí el oleaje del Usumacinta a bordo de una pequeña y romántica embarcación.
Comí en el barco conocido como El Capitán Beuló. Atracado por muchos años en el malecón, y convertido en uno de los mejores restaurantes de Villahermosa.
El barco tiene una gran historia tras de sí, que quizás en otra ocasión la pueda contar.
Hoy sólo me interesa platicar sobre mi inolvidable estancia en compañía de la hermosa Olga.
Quienes me conocen, saben que soy de matutinas caminatas y proclive a la contemplación.
En Villahermosa, disfruté el placer de caminar de la mano con Olga y extasiar la vista al clarear el día.
El paseo era en el paradisíaco lugar conocido como LA LAGUNA DE LAS ILUSIONES.
Uno de los símbolos de la ciudad de Villahermosa, ubicada en la parte norte de la ciudad, con una superficie de 229.27 hectáreas,
Tiene una profundidad media de 2 m y en alguna de sus partes llega a tener hasta los 4 m de profundidad.
Pero durante la época de lluvias, la profundidad de la laguna suele llegar hasta los 6 m.
Por su gran importancia como hogar de muchas especies tanto acuáticas como terrestres, la laguna fue decretada por el Gobierno del Estado de Tabasco como Área natural protegida, clasificada como Reserva Ecológica, desde 1995, tres años antes a mi viaje tabasqueño.
Acompañados por el graznido de las aves cuántas veces caminamos y nos besamos a la orilla de la laguna.
Dentro de la reserva tabasqueña, se pueden observar 125 especies de aves, como garzas, ibis, águila pescadora, espátula rosada, cotorro y varias especies de patos.
Los fines de semana en Yumká o en el parque ecológico La Venta, para empaparnos en el conocimiento de la cultura olmeca.
Por razón de mi trabajo hube de viajar al extranjero y al despedirme de Olga, se me arrugó el corazón.
- Siempre quise alargar el tiempo de convivir contigo.
Me dijo.
- Sabía que un día llegaría la despedida, porque no eres de los que se quedan en un sólo lugar.
Me comentó con ojos llorosos.
- Pero lo que no te perdono es que te vas y me siento hueca de ti, no me dejas siquiera con un hijo tuyo.
Quedé estupefacto, y un último beso nos dimos aquella lluviosa mañana de septiembre, a bordo del “pochimóvil”, que nos condujo a un último paseo bajo la lluvia tabasqueña.
Luego hice varios viajes al extranjero y brinqué el milenio para estacionarme en Ciudad Juárez.
La frontera más fabulosa que hay en el mundo.

Raúl Ruiz
Abogado. Analista Político. Amante de las letras.
CARTAPACIO, su sello distintivo, es un concepto de comunicación que nace en 1986 en televisión hasta expanderse a formatos como revista, programa de radio y redes sociales.
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