Un grupo de mujeres llegaron desde distintos lugares de México hasta el desierto de Chihuahua cargando telas, aros, clavas, vestuarios, historias y, sobre todo, arte.
Esta semana llegaron a nuestra frontera las Nómadas Cirqueras, mujeres artistas que han hecho de viajar, encontrarse y compartir conocimientos una manera de construir comunidad.
El circo llegó hasta Samalayuca.
No el circo que muchos recordamos de la infancia, con una enorme carpa anunciándose desde kilómetros antes. Este es otro circo. Uno que también habla de mujeres, de comunidad, de cuerpos que desafían sus propios límites y de artistas que han encontrado en el movimiento una forma de expresión.
Nómadas nació precisamente con esa intención: crear espacios de convivencia, aprendizaje y profesionalización para mujeres dedicadas a las artes escénicas. En su propio proyecto hablan de construir espacios seguros frente a realidades que también atraviesan al mundo artístico, como la violencia, el acoso, la sexualización y la desigualdad.
Porque resulta que ni siquiera el arte logra escapar completamente de los problemas de nuestra sociedad. El ser humano tiene ese extraño talento de llevar sus prejuicios hasta los lugares donde se supone que deberíamos sentirnos más libres.
Pero justamente por eso existen proyectos como este.
Desde 2022, Nómadas ha llevado sus encuentros a diferentes lugares del país. Jalisco, Michoacán y Puerto Vallarta forman parte de ese recorrido que ahora las trae hasta Chihuahua.
Y qué escenario eligieron para encontrarse con esta tierra.
Samalayuca.
Nuestro desierto.
Un lugar que quienes vivimos en esta frontera quizá hemos normalizado demasiado, porque así somos: podemos tener enfrente un paisaje extraordinario todos los días y terminar viéndolo como parte del camino.
Pero basta que alguien venga de fuera para recordarnos lo que tenemos.
Imagino las dunas, el horizonte interminable y, en medio de todo aquello, mujeres provenientes de distintos estados compartiendo malabares, telas, danza, equilibrio y otras disciplinas circenses.
Y entonces el desierto deja de ser solamente paisaje.
Se convierte en escenario.
Eso también es cultura.
La cultura no debería quedarse encerrada entre cuatro paredes ni pertenecer exclusivamente a quienes pueden pagar un boleto, trasladarse hasta determinado punto de la ciudad o conocen los lugares donde tradicionalmente ocurren las actividades artísticas.
El arte también tiene derecho a ser nómada.
A viajar.
A salir del centro.
A encontrarse con las comunidades.
Y me parece especialmente significativo que parte de estas actividades lleguen a las mujeres y a las infancias de Samalayuca.
Porque nunca sabemos qué puede provocar el primer encuentro de una niña con el arte.
Quizá observe a una mujer suspendida de una tela y simplemente disfrute el espectáculo.
O quizá descubra algo que hasta ese momento ni siquiera sabía que existía.
A veces así comienzan las vocaciones.
Primero vemos.
Después imaginamos.
Y finalmente entendemos que nosotros también podemos ocupar esos espacios.
Como integrante de Afromexicanos Chihuahua A.C., me alegra especialmente que nuestra organización pueda sumarse como aliada de este encuentro. Porque hablar de diversidad también significa encontrarnos con otras expresiones, otras historias y otras formas de mirar el mundo.
No tendría demasiado sentido pedir que las puertas se abran para nosotros mientras mantenemos cerradas las nuestras.
La cultura se vuelve mucho más interesante cuando deja de ser propiedad de unos cuantos y comienza a mezclarse.
Las Nómadas continuarán su camino, porque esa es precisamente la naturaleza de este proyecto. Pero antes de partir todavía queda un último encuentro.
El 5 de septiembre, las actividades continuarán en el Centro Cultural Ernesto Ochoa, con talleres y diferentes disciplinas circenses a partir del mediodía, además de la Mercadita por la tarde y el show de cierre de gala, cuyo acceso al auditorio está programado para las 7:30 de la noche.
Vale la pena ir.
No solamente para mirar las acrobacias.
Vale la pena acercarnos porque durante unos días nuestra frontera se convirtió en punto de encuentro para mujeres que vienen de diferentes lugares del país y que encontraron aquí un espacio para compartir lo que saben hacer.
Después guardarán nuevamente sus telas, sus aros y sus clavas.
Prepararán las maletas.
Y seguirán viajando.
Pero hay algo hermoso en los proyectos nómadas: se van, pero nunca se llevan todo.
Algo queda en cada lugar.
Una experiencia.
Una amistad.
Una imagen.
Quizá la memoria de una niña mirando hacia arriba mientras una mujer vuela sobre una tela.
Y esta vez, entre todos los lugares posibles, una parte de esa historia quedará aquí.
Entre las dunas de Samalayuca, bajo el cielo inmenso del desierto de Chihuahua.

Ángeles Gómez
Fundadora en 2014 de Ángeles Voluntarios Jrz A.C. dedicada al desarrollo de habilidades para la vida en la niñez y juventud del sur oriente de la ciudad. Impulsora del Movimiento Afromexicano, promoviendo la visibilización y sensibilización sobre la historia y los derechos de las personas afrodescendientes en Juárez.
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