Desde la colina, donde tiene su mansión Mariarosa, se ve todo Querétaro.
Su casa es un alarde de arquitectura posmoderna, pensada para disfrutar la vida, ubicada sobre una loma que domina visualmente la hermosa ciudad de Querétaro.
Mariarosa instruyó al arquitecto para edificar su morada con detalles exclusivos.
Tres amplias recámaras con baño privado y jacuzzi.
Espaciosa y funcional cocina, y un salón comedor para 20 comensales.
Un estudio con iluminación natural donde pintaba sus cuadros y hacía escultura.
Un gimnasio personalizado. Con tres aparatos de múltiples funciones; caminadora, y bicicleta fija para spinning.
Un pequeño despacho desde donde administraba sus negocios y propiedades.
Una gran terraza, y como toque místico, un micro templo budista, donde hacia sus ejercicios de meditación.
Pero lo más deslumbrante, era el espacio lounge para disfrutar una espectacular vista nocturna.
Era un salón frente a un ventanal como de 30 metros de largo por 3 de alto, con vidrio templado, capaz de resistir cualquier impacto o soportar la fuerza de algún desastre natural.
La impresionante vista nocturna, no sólo combinaba las luces de la ciudad, sino que contrastaba con los colores azulosos del cielo en el horizonte y como moldura estética lateral, el sólido acueducto histórico iluminado.
Impactante, soberbio.
Tres enormes sofás, varios sillones love seat de piel, y sendas mesas de centro, largas, marmoreas.
Y una barra muy completa de vinos nacionales y extranjeros.
Refinado y confortable espacio donde de repente departíamos con sus amigos bajo el influjo de la espectacular vista y la relajante música de fondo.
Imposible no enamorarse.
MARÍAROSA y yo, nos conocimos por Internet, y un día quedamos de vernos en Oaxaca.
Yo trabajaba para una productora de cine y publicidad, en Villahermosa, Tabasco, y hubimos de hacer un video en Oaxaca, lo que sirvió de pretexto para conocernos.
Allá pasamos una semana juntos y disfrutamos no sólo la belleza de la ciudad, su comida, su cultura.
Sino de nosotros mismos.
Nos devoramos a besos y caricias mutuamente, durante las noches templadas de la ciudad, y los amaneceres de Puerto Escondido, concretamente en Playa Carrizalillo, resguardada por esos impresionantes acantilados.
Jactancioso intercambio de interminables fluidos, que nos ataban más y más.
Un hermoso recuerdo es, haber caminado con ella a la orilla del mar, por la noche, con la luna en cuarto creciente, enamorados. Ella, acariciando el collar de piedras ámbar que le regalé.
Los seis meses siguientes a ese delicioso encuentro, nos disfrutamos sólo los fines de semana, pues mi trabajo en Villahermosa, era de lunes a viernes, y resistimos estoicos los estragos de la distancia.
Los planes eran, a mediano plazo, mudarme a Querétaro con ella y vivir nuestra apasionante existencia por siempre jamás.
Por estas fechas de octubre, hicimos planes de pasar fin de año en París, recibiríamos el milenio en la tour Eiffel.
- Tenemos que publicar tu trabajo literario, mi amor. Y lo traduciremos a varios idiomas para darle difusión a tu talento.
Me dijo una mañana mientras me mostraba el plan marketing de una de mis obras.
Ese día fue de muchos contrastes.
Asistimos a una competencia ecuestre de su club, y degustamos vino espumoso en una cata que ofrecía una vinícola de Tequisquiapan. Muy cerca de la ciudad.
Vino Tinto Espumoso Rojo carmín escarlata brillante, lo recuerdo como si fuera hoy.
Por la tarde/noche, nadamos en la alberca y por la noche preparó una pasta Alfredo con camarón. Que hasta la fecha es de mis platillos preferidos.
Cenamos en el gran salón de la hermosa panorámica, y bebimos del mismo vino espumoso que degustamos al mediodía.
El efecto de las burbujas nos encendió, y con rapidez nos despojamos de nuestras prendas para entregarnos a la lujuria.
Afuera, comenzaba a llover. Y un fuerte viento mecía las hojas de un enorme eucalipto en el jardín.
Perdimos la noción del tiempo y fuimos a descansar a la recámara casi a la media noche.
La lluvia era cada vez más intensa y nos arrullaba mientras dormíamos desnudos, abrazados en cucharita.
Un estruendoso relámpago la despertó y agitada me removió.
- ¡Despierta! Me urgió.
¡Tienes que irte! - ¿Qué te pasa? ¿Una pesadilla?
- He tenido un sueño muy revelador. Íbamos tú y yo tomados de la mano, caminando en un desierto, sedientos, cansados. Y una tormenta de arena nos cubría.
- Son sueños catastróficos que todos tenemos. Le dije.
- No. Es una premonición. Lo nuestro no tiene futuro. Seremos víctimas de muchas desgracias. Tienes que irte. No estaremos juntos nunca más.
Desconcertado por su inesperada reacción, comencé a vestirme.
- Espera, no tienes que irte en este momento. Son las tres de la mañana. Te vas después del desayuno.
Además tienes muchas cosas conmigo. Empacar te llevará tiempo.
La miré a los ojos y a través de ellos vi que estaba muy segura de su pesadilla.
Tomé el teléfono y pedí un taxi.
- ¡Pensé que teníamos algo sólido Mariarosa! No puedo creer que por una pesadilla rompas con todo.
- No puedo explicarlo, Raúl. Te amo. Pero sé que tarde o temprano llegarán las desgracias. Enfermedades, pobreza, angustias. Mejor cortar así.
¡Que loca!
Tomé mi maleta con algo de ropa y un par de zapatos.
Y salí al encuentro del taxi.
- Te pido que empaques mis cosas en unas cajas de cartón y me las mandes cuando puedas.
La lluvia cesó y el frío de la madrugada me envolvió entre sus lienzos gélidos.
Hasta la fecha me sigo preguntando, ¿Qué tipo de trastorno padecía?
¿Me habré salvado de ese terrífico presagio?

Raúl Ruiz
Abogado. Analista Político. Amante de las letras.
CARTAPACIO, su sello distintivo, es un concepto de comunicación que nace en 1986 en televisión hasta expanderse a formatos como revista, programa de radio y redes sociales.
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