Los muertos mexicanos también cruzaron las fronteras

Publicado el

Publicidad - LB2 -

La semana pasada salí a comer con unos amigos. Entre ellos estaba un amigo italiano con quien, en algún momento de la conversación, terminamos hablando de una de las tradiciones que más identifican a México: el Día de Muertos. Le contaba sobre nuestros altares, las fotografías de quienes ya no están, las flores de cempasúchil, las veladoras y los alimentos que colocamos como ofrenda para recibir simbólicamente a nuestros difuntos. Entonces me compartió algo que llamó particularmente mi atención: en algunas regiones de Italia también existe la costumbre de dejar alimentos y agua en las mesas para aquellos familiares que han muerto, particularmente aquello que disfrutaban en vida. No necesariamente construyen altares como los nuestros, pero existe una creencia familiar que guarda una semejanza extraordinaria con nuestra tradición: los difuntos regresan a visitar su hogar.

Aquella conversación me dejó pensando. Resultaba sorprendente descubrir que, a pesar de las distancias geográficas y las diferencias culturales, compartimos una manera de mantener presentes a quienes ya no están. En algunas regiones italianas, por ejemplo, se deja la mesa preparada durante la noche del 1 al 2 de noviembre, con pan, agua y alimentos para las almas que regresan. En Friuli se acostumbraba dejar agua y pan; en Trentino, la mesa podía permanecer dispuesta durante toda la noche. Cambian los objetos, los alimentos y los rituales, pero permanece algo profundamente humano: la necesidad de conservar un vínculo con nuestros muertos.

- Publicidad - HP1

Quizá la muerte sea universal, pero las maneras de recordarla son expresiones particulares de cada cultura. México tiene una de las manifestaciones más reconocibles de este fenómeno, aunque está lejos de ser el único país que ha construido una relación simbólica y ritual con sus antepasados. Guatemala, Bolivia, Perú y Ecuador, por mencionar algunos países latinoamericanos, también conservan celebraciones en las que los alimentos, las flores, las visitas a los cementerios y las ofrendas adquieren un papel fundamental. Japón tiene el Obon y China el Qingming. Cada sociedad ha desarrollado sus propios lenguajes para relacionarse con la ausencia.

Sin embargo, hay otro fenómeno que merece nuestra atención: el Día de Muertos mexicano ha comenzado a reproducirse más allá de nuestras fronteras. No hablo solamente de mexicanos que viven en el extranjero y mantienen sus tradiciones familiares, sino de sociedades que han incorporado esta celebración a sus propios espacios culturales. En Suiza, por ejemplo, el Festival de Día de Muertos realizado en el Museo de Historia de Berna reunió a más de 4,300 visitantes en su edición de 2025. En Utrecht, Países Bajos, la celebración organizada por la Embajada de México convocó a más de 2,000 personas de distintas nacionalidades. Madrid, por su parte, instaló cuatro altares mexicanos en espacios culturales municipales durante 2026. También encontramos actividades en China, Alemania y otros países.

No se trata de afirmar que once, veinte o treinta países celebran el Día de Muertos exactamente como nosotros. Sería una generalización equivocada. Lo que podemos reconocer es que existen manifestaciones internacionales de esta tradición, impulsadas por las comunidades mexicanas, las representaciones diplomáticas y el interés que nuestra cultura ha despertado en otras sociedades. El Instituto de Mexicanas y Mexicanos en el Exterior, mediante su Reto de Altares, ha convertido esta difusión en una iniciativa institucional que busca mantener los vínculos de identidad de nuestros connacionales con su país.

Pero la expansión cultural tiene sus propias contradicciones. En 2015, la película Spectre, de James Bond, presentó un espectacular desfile de Día de Muertos por las calles de la Ciudad de México. Lo curioso es que aquel desfile, tal como aparecía en la película, todavía no existía como celebración anual. La escena contribuyó a inspirar el desfile capitalino que comenzó a realizarse en 2016. Algo similar ocurrió con Coco, la producción de Disney-Pixar que acercó a millones de espectadores a la estética y a los significados familiares de nuestra tradición.

Aquí aparece una paradoja interesante: una representación cinematográfica extranjera terminó influyendo en la manera en que México comenzó a escenificar públicamente una de sus tradiciones más emblemáticas. ¿Dónde termina la difusión cultural y dónde comienza su transformación comercial? ¿Cuánto de lo que hoy reconocemos como tradición es herencia histórica y cuánto responde a las nuevas formas de consumo cultural? No son preguntas menores. Cuando una tradición se vuelve espectáculo internacional, existe el riesgo de que sus símbolos permanezcan mientras sus significados se diluyen.

Pero hay algo que también ha cambiado en nuestros altares y que merece una reflexión menos festiva. En los últimos años, tengo la impresión de que las fotografías han adquirido un protagonismo cada vez mayor en las ofrendas mexicanas. No solamente colocamos los retratos de nuestros abuelos, padres o familiares que fallecieron por causas naturales; también aparecen los rostros de jóvenes, mujeres, niños y personas que fueron víctimas de la violencia, de homicidios o que simplemente desaparecieron y cuyas familias siguen esperando encontrarlas. México enfrenta una crisis de desapariciones que no podemos ignorar: de acuerdo con el análisis de Data Cívica sobre el Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas, al 16 de agosto de 2026 había 133,788 personas que continuaban sin ser localizadas. Detrás de cada registro hay una historia y, en muchos casos, una familia que no tiene siquiera la certeza de poder colocar una fotografía junto a una tumba. Así, nuestra celebración también ha comenzado a vestirse de tragedia. El Día de Muertos ya no es solamente el encuentro simbólico con quienes tuvieron una vida larga y dejaron recuerdos; también es un espacio para nombrar a quienes fueron arrebatados de sus familias, para exigir justicia y para recordar que hay ausencias que no pueden convertirse todavía en despedidas. Porque no es lo mismo recordar a quien murió que seguir buscando a quien no sabemos dónde está. Y quizá esa sea una de las heridas más profundas de nuestro país: mientras preparamos la mesa para recibir a nuestros muertos, miles de familias mexicanas siguen esperando que alguien les devuelva la posibilidad de encontrarlos.

Desde una perspectiva semiótica, un altar no es simplemente una composición de objetos decorativos. Cada fotografía, alimento, vaso de agua, flor o veladora establece una relación con alguien ausente. Los objetos se convierten en mediadores de la memoria; hacen posible que una persona fallecida continúe ocupando un lugar en la vida de quienes la recuerdan. En ese sentido, nuestras ofrendas no solamente representan a los muertos: construyen una forma de relacionarnos con ellos.

Regreso entonces a aquella comida con mis amigos y a la conversación con mi amigo italiano. Me parece que descubrí algo que va más allá de las semejanzas entre dos tradiciones: los seres humanos hemos encontrado distintas maneras de negarnos a convertir la muerte en un olvido definitivo. Dejamos un plato, encendemos una vela, colocamos una fotografía o reservamos un espacio en la mesa. Son gestos distintos, pero todos parecen responder a una misma necesidad.

Quizá por eso los muertos mexicanos también han cruzado las fronteras. No porque el mundo haya adoptado nuestra manera de morir, sino porque ha encontrado en nuestra manera de recordar una expresión con la que puede dialogar. Y si algo deberíamos cuidar en medio de esta expansión internacional es precisamente aquello que da sentido a nuestra celebración: entender que detrás de cada altar no hay solamente flores, colores y calaveras, sino una historia, una familia y alguien a quien todavía queremos recibir en casa.

ADN Elias Ascencio
Elias Ascencio

Diseñador gráfico, fotógrafo y docente con más de 30 años de trayectoria artística y educativa. Maestro en Administración Pública y doctorante en Semiótica, ha trabajado en Metro CDMX y marcas nacionales. Líder filantrópico y promotor cultural en México.


Las opiniones expresadas por los columnistas en la sección Plumas, así como los comentarios de los lectores, son responsabilidad de quien los expresa y no reflejan, necesariamente, la opinión de esta casa editorial.


No dejes que el algoritmo oculte las noticias. Si confías en este sitio para obtener información confiable, por favor dedica un momento a seleccionarnos como tu fuente preferida en Google: haz clic aquí y marca el casillero o pulsa el botón de adiario.mx para ver siempre nuestras noticias verificadas en tus preferencias.

Publicidad - LB3 -

ADN POLLS

Revela Morena que Cruz Pérez Cuéllar encabezó evaluación interna en Chihuahua con 8.5 de 10

La dirigencia presentó los resultados del proceso y señaló que el alcalde con licencia...
- Publicidad - (MR1)

Historias Recientes

Invitan a desayuno-conferencia a beneficio de Camsiv

Lo que se recaude en el evento, que se realizará en Cibeles, se utilizará...

Realizarán IMDEJ y SSPM jornada para promover estilos de vida saludables entre policías

Más de 200 elementos participarán en actividades físicas, talleres y conferencias orientadas al bienestar...
- Publicidad - (MR2)

LAS PLUMAS DE ADN

- Publicidad - (MR3)

Más como esto