Hay momentos en que una economía cambia antes de que sepamos cómo nombrar el cambio. Ciudad Juárez parece estar atravesando uno de ellos. Los salarios siguen creciendo, pero se pierden empleos manufactureros; México reporta un récord de inversión extranjera, pero la mayor parte corresponde a empresas que ya estaban aquí; llegan nuevas inversiones taiwanesas, aunque eso no significa necesariamente que la ciudad esté capturando más valor de las cadenas globales. Y mientras todo esto ocurre, el Congreso discute nuevas reglas para revisar determinadas inversiones extranjeras.
Es fácil construir una historia a partir de cada uno de esos datos. El problema es que podríamos equivocarnos.
Hay, al menos, cinco conclusiones que convendría evitar.
- El salario mínimo más alto en la frontera está ahuyentando la inversión.
Es una hipótesis atractiva. El salario mínimo de la Zona Libre de la Frontera Norte es de $440.87 diarios, frente a $315.04 en el resto del país. Y en Ciudad Juárez el salario diario promedio de los trabajadores formales llegó a $767.82, con un crecimiento anual de 5.8%. Al mismo tiempo, la ciudad perdió 11 mil 494 empleos formales y 13 mil 396 empleos manufactureros.
Sin embargo, de aquí no podemos concluir que los salarios estén ahuyentando la inversión: la coincidencia temporal no demuestra causalidad. Los mayores costos laborales pueden presionar a las empresas, pero también pueden acelerar decisiones de automatización, reorganización y búsqueda de mayor productividad.
El verdadero reto es que Juárez deje de competir principalmente por costo y pueda hacerlo cada vez más por productividad, sofisticación industrial, confiabilidad e integración tecnológica. Para eso no basta con tener salarios más altos; hace falta inversión que permita a las empresas producir más valor por trabajador, adoptar mejores procesos y moverse hacia actividades de mayor complejidad. Si esa inversión no llega, el aumento salarial puede convertirse en presión. Si llega acompañada de productividad, puede convertirse en una ventaja.
- El récord en IED está hecho de nuevas inversiones.
La Presidenta presentó la cifra en su Segundo Informe como una señal de fortaleza. México recibió 34 mil 968 millones de dólares de inversión extranjera directa durante el primer semestre de 2026, el mayor monto para un primer semestre desde que existe registro. La manufactura captó 13 mil 482 millones, 38.6% del total.
La cifra es relevante y vale la pena reconocerla, pero hay que desmenuzarla. De esos 34 mil 968 millones, 30 mil 957 millones —88.5%— fueron reinversión de utilidades. Las nuevas inversiones sumaron apenas 2 mil 726 millones, 7.8%.
Eso complejiza la interpretación. La reinversión es una buena noticia porque significa que empresas que ya operan en México siguen encontrando razones para quedarse y ampliar sus operaciones. Pero no equivale a convencer a nuevos inversionistas de comprometer capital fresco.
Por eso el récord debe leerse con más cuidado. La realidad es que México está reteniendo capital, pero sigue necesitando una nueva ola de inversión que amplíe capacidad productiva, incorpore tecnología y permita sostener una economía de mejores salarios.
- Las inversiones de Taiwán son sinónimo de especialización.
La tentación de caer en esta conclusión directa es todavía mayor. Pegatron anunció una inversión de 330 millones de dólares en Ciudad Juárez para una nueva planta y Inventec otros 450 millones. Son montos importantes y una señal clara de que la ciudad sigue siendo atractiva para empresas insertas en cadenas tecnológicas globales. El trabajo de promoción que el Estado ha estado haciendo de manera continua en este sentido es relevante.
Sin embargo, una nueva planta no equivale automáticamente a especialización regional. Una inversión puede incorporar tecnología avanzada y, aun así, concentrar localmente sólo una parte de las funciones de mayor valor.
Es necesario preguntarse qué llega con el capital, ¿manufactura avanzada, ingeniería, diseño, investigación, proveedores locales y aprendizaje tecnológico, o principalmente nuevas operaciones de producción? Estar dentro de una cadena global no es lo mismo que capturar una mayor proporción de su valor. Esa distinción sigue siendo central para entender el desarrollo industrial.
Para que lo anterior suceda, es necesaria una condición decisiva. El valor que logre retener Juárez dependerá, en buena medida, de la capacidad de las empresas ya instaladas, las universidades y los centros de formación para coordinarse mejor y generar el talento que esas nuevas operaciones requieren. Si la inversión llega pero las capacidades técnicas, de ingeniería y gestión siguen importándose o resolviéndose fuera de la región, la ciudad participará en cadenas más sofisticadas sin necesariamente apropiarse de una parte mayor de su valor.
- La pérdida de empleo en la maquila significa que Juárez se desindustrializa.
Este es uno de los datos más sentidos en el sector productivo de la ciudad. Tan solo en un año desaparecieron 13 mil 396 empleos manufactureros y la subocupación pasó de 4.5% a 6.2%.
Pero una reducción del empleo industrial no equivale automáticamente a una desindustrialización. Una industria puede producir lo mismo o más con menos trabajadores; puede estar automatizándose, reorganizando procesos o sustituyendo tareas rutinarias. También puede estar, simplemente, atravesando una fase de menor demanda.
Lo que sí sabemos es que el mercado laboral está cambiando. La desocupación sigue siendo baja, en 2.2%, pero aumentan la subocupación y el trabajo independiente. La pregunta importante, entonces, no es sólo cuántos empleos perdió la maquila, sino qué tipo de empleos está creando la economía que viene detrás de ella.
- Las nuevas regulaciones no afectan la inversión.
Esta discusión acaba de adquirir relevancia porque la Presidenta presentó una iniciativa para reformar la Ley de Inversión Extranjera y establecer un mecanismo de escrutinio por razones de seguridad nacional para determinadas operaciones, entre ellas participaciones superiores a 49% en empresas de sectores sensibles.
La iniciativa contempla procedimientos de autorización y plazos que pueden extenderse hasta 60 días hábiles, con posibilidad de ampliación por otros 30. Si no existe resolución, la solicitud se considera desechada.
Hay razones legítimas para que México quiera proteger infraestructura, datos, semiconductores, inteligencia artificial u otras tecnologías estratégicas. Estados Unidos y Canadá también revisan inversiones por razones de seguridad económica.
Pero precisamente por eso la discusión no debería ser regulación sí o regulación no. Debería ser qué tan predecible es el proceso para quien tiene que comprometer cientos de millones de dólares. La inversión no sólo responde a costos; también responde a reglas claras, tiempos ciertos y decisiones previsibles.
México enfrenta una circunstancia peculiar: necesita más inversión para elevar productividad y sostener una economía de mejores salarios, mientras compite por capital en un momento de enorme reconfiguración de las cadenas norteamericanas. Las nuevas reglas pueden ser necesarias; lo que no debería ser necesario es que agreguen incertidumbre innecesaria.
Quizá por eso la fotografía de Juárez resulta tan interesante. Los salarios suben, pero el empleo manufacturero cae. La IED alcanza un récord, pero la nueva inversión es una fracción pequeña. Taiwán llega con capital importante, pero todavía no sabemos cuánto valor quedará en la región. Y la manufactura cambia, aunque todavía no sabemos si estamos frente a una transformación productiva o simplemente ante una desaceleración.
La conclusión más fácil sería escoger uno de esos datos y contar una historia. La más difícil —y quizá la más necesaria— es reconocer que Juárez no sólo está creciendo o dejando de crecer: está cambiando de estructura.
Y para saber si ese cambio es desarrollo, habrá que mirar menos cuánto capital llega y más qué capacidades productivas deja detrás.

Luis Enrique Villavicencio
Especialista en desarrollo económico y vinculación estratégica entre academia, industria y sector público. Enfocado en fortalecer MIPYMES y alinear la formación con el sector productivo, analiza el entorno económico con visión crítica y enfoque propositivo para impulsar la competitividad regional.
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