Esmeralda

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“Pero que bonito y sabroso, bailan el mambo las mexicanas.
Mueven la cintura y los hombros, igualito que las cubanas”.
Tocaba la orquesta en el Tropicana.

Abril de 1993. La Habana.

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El espectáculo muy internacional, tipo Las Vegas; Lido, o Moulin Rouge de París.

Las bailarinas todas altas, casi de la misma estatura, excepto ESMERALDA, la más bajita.

Fue aceptada en el staff de las bailarinas porque tenía otro talento. Era cantante.

Y debo decir que en Cuba, el artista se consagra a su arte.

No son improvisados.

A Esmeralda la conocí afuera del Tropicana antes de la función.

Platicamos, nos gustamos y convivimos por una semana.

No gasto más líneas en la descripción del show del Tropicana.

Mis lectores seguramente lo conocen y saben que es un espectáculo de primera. Con vestuario espectacular, plumajes, juego de luces, etc. Pero desde luego, el espectáculo musical, las voces. El virtuosismo de los músicos y las bailarinas.

Ricardo y yo, pudimos ir un par de veces. Más que nada, para ver la actuación de Esmeralda.

Para entonces nos acompañaba, Daylin.

Daylin, apenas brincaba la mayoría de edad. Rubia, esbelta, de afable rostro, muy sensual.

Vecina de Armando y Robertico, (su pareja), cantantes.

Daylin, enloqueció a Ricardo desde que fueron presentados.

Adoraba su delgadez pero tenía un trasero muy cubano.

Una chiquilla deslumbrante.

Quizás luego me extienda un poco más en destacar su figura y personalidad, en un capitulo posterior.

El recuerdo me adormece placenteramente.

La memoria me conduce en el tiempo, treinta y un años atrás.

Soleada mañana en Marina Hemingway, lugar emblemático de La Habana.

El puerto deportivo más grande de Cuba a 20 minutos de La Habana Vieja.

La cubanos dicen que era el lugar preferido del escritor Ernest Hemingway, cuando venía a descansar de su intensa actividad como corresponsal de guerra. Y por eso lleva su nombre.

Dicen que aquí cobró inspiración para escribir “El viejo y el Mar”. Y es verdad es un sitio inspirador.

El clima inmejorable, las embarcaciones que atracan ahí, semejan una luminosa y colorida alfombra flotante.

Estoy seguro que fue aquí, donde Ricardo abrazó su delirio por la pesca del pez espada.

El lugar te impulsa a la contemplación marina y el océano te hipnotiza, te llama, te obliga a poseerlo.

Comimos, Ropa Vieja y Moros con Cristianos. Mejor sazón que en La Bodeguita del Medio.

Aquí inhalé el encanto de la inspiración y compuse “Ven a mi Cuba Bella”.

Armando Cruz, era nuestro guía y durante varios viajes me conectó con amigos músicos de la isla.

Esa misma tarde del paseo con Esmeralda y Daylin, trabajamos juntos con el arreglo de la canción, para que él la cantara como número inicial en sus recitales.

Debo decir que muy exitosas presentaciones tuvo en Acapulco, CDMX, MIAMI, y otras ciudades.

Regreso con Esmeralda.

Hermosa, pero refunfuñona. Inconforme siempre con la circunstancia.

Toda su vida sufriendo “EL PERIODO ESPECIAL” en el cual los cubanos están llenos de deseos frustrados.

Para sus treinta y dos años muy madura.

Esmeralda tenía mala opinión de los mexicanos que iban a hacer turismo sexual a Cuba.

Muy directa, muy observadora. Nos lo dijo a nosotros en aquella velada en el Tropicana.

“¿Será cierto que, los mexicanos que vienen a Cuba todos son “ganaderos”?, por sus dichos y vestimenta. (botas vaqueras y sombrero texano)”. Nos preguntó.

Instalados en Villa Panamericana, Esmeralda era una perfecta ama de casa, además de “cumplir” en la alcoba, como Dios Manda. Gran cocinera.

De personalidad compleja, llena de vida, de felicidad y al mismo tiempo, triste y molesta por ser cubana.

Mujer de gran agudeza.

Madura. Recuerdo, también, cuando nos confesó cómo le dicen los cubanos a los mexicanos, en voz baja, entre ellos, obvio; “Pepes”. Se refería a los mexicas que iban a la isla en busca de mujeres.

Esmeralda, afirmó, con relación a este asunto: “Las cubanas somos las putas más baratas del mundo”.

Eran nuestras charlas a la hora de comer.

Ya en nuestros paseos era una hermosa compañía, su sonrisa causaba tranquilidad, dicha, un regalo visual y auditivo.

Disfruté de su tersa voz de contralto en exclusiva para mí.

Al amanecer, al oído, mientras acariciaba mi cuerpo.

“Besame mucho… como si fuera esta noche la última vez”.

Aún palpita el recuerdo en mi mente.

ADN Raul Ruiz
Raúl Ruiz

Abogado. Analista Político. Amante de las letras.

CARTAPACIO, su sello distintivo, es un concepto de comunicación que nace en 1986 en televisión hasta expanderse a formatos como revista, programa de radio y redes sociales.


Las opiniones expresadas por los columnistas en la sección Plumas, así como los comentarios de los lectores, son responsabilidad de quien los expresa y no reflejan, necesariamente, la opinión de esta casa editorial.

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