Juárez Replegado.

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Las autoridades de Ciudad Juárez tienen motivos para presumir una disminución de la violencia. Las declaraciones son políticas, por supuesto; vienen de políticos y sería ingenuo esperar que salieran de una Mesa de Construcción de Paz para anunciar que todo está de cabeza. Pero eso no significa que sean falsas. Los datos disponibles hasta junio de 2026 respaldaban una reducción real de diversos delitos, tendencia que se prolongó durante julio.

El presidente municipal interino, Héctor Ortiz Orpinel, afirmó que la coordinación entre los tres órdenes de Gobierno ha producido resultados positivos. Posteriormente informó que julio cerró con 39 homicidios, frente a 100 registrados durante el mismo mes de 2025. Según el alcalde, fue la cifra mensual más baja en 13 años.

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El Gobierno del Estado también reportó una disminución de víctimas de homicidio doloso y feminicidio en Ciudad Juárez. César Omar Muñoz Morales, secretario de Seguridad Pública Municipal, ha señalado que los homicidios mantienen una tendencia descendente y reconoce que cada muerte continúa siendo lamentable.

Hasta ahí, los números. Son importantes y sería mezquino desconocerlos sólo porque favorecen a quienes gobiernan. Cuando los homicidios disminuyen, debe reconocerse. La verdad no cambia de color según el partido que la pronuncie.

Pero existe otro dato que no cabe cómodamente en las conferencias de prensa.

La Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana del Inegi revela que, durante el segundo trimestre de 2026, el 44.8 por ciento de los juarenses mayores de edad modificó sus hábitos para caminar cerca de su vivienda después de las ocho de la noche por temor a sufrir algún delito.

En Chihuahua capital lo hizo el 20.4 por ciento. La diferencia es de 24.4 puntos porcentuales. Dicho en castellano fronterizo: mientras en la capital uno de cada cinco habitantes modificó esa rutina, en Juárez lo hizo casi uno de cada dos.

Conviene ser precisos. La ENSU no afirma que ese 44.8 por ciento haya sido víctima de algún delito. Tampoco demuestra que todos dejaron definitivamente de caminar. Algunos pudieron modificar el horario, el recorrido o decidir salir acompañados. Lo que sí acredita es que el temor intervino en sus decisiones.

La inseguridad no sólo se mide contando muertos, detenidos, armas decomisadas o dosis aseguradas. También se mide observando cuánta libertad cotidiana perdió la población.

Una ciudad empieza a ser vencida cuando sus habitantes entregan la banqueta, esconden el teléfono, dejan el reloj en casa y prefieren que sus hijos no salgan solos.

El delincuente ni siquiera necesita asaltar a todos. Le basta con instalar el miedo suficiente para que miles modifiquen su conducta. Es una especie de toque de queda sin decreto, sin patrullas y sin publicación en el Periódico Oficial. La gente simplemente mira el reloj y se repliega.

Aquí debemos colocar una reserva temporal. La ENSU fue levantada entre el 22 de mayo y el 12 de junio, mientras que la cifra histórica de 39 homicidios corresponde a julio. Por tanto, no sería correcto utilizar la encuesta para negar los resultados posteriores.

La reducción existe. El problema es que la confianza social no baja ni sube con la misma velocidad que las gráficas oficiales.

El miedo tiene memoria. Se forma durante años y no desaparece con una buena estadística mensual.

Las autoridades pueden reducir homicidios, pero recuperar la calle exige atender también robos, asaltos, violencia sexual, narcomenudeo, alumbrado deficiente, lotes abandonados y ausencia de vigilancia en colonias.

No se trata de desacreditar a Ortiz Orpinel ni a César Muñoz. Sus declaraciones son políticas, pero están apoyadas en reducciones reales observadas hasta junio de 2026 y fortalecidas por los resultados de julio. Sería injusto desconocerlo.

También sería un error suponer que una reducción estadística significa que la ciudad ya se siente segura.

Las autoridades están recuperando números. Magnífico. Ahora falta recuperar las banquetas, las noches, los parques y la tranquilidad de quienes desean caminar cerca de su casa sin sentir que están participando en un deporte extremo.

Porque una ciudad no es verdaderamente segura cuando el gobierno logra mejorar sus cifras, sino cuando sus habitantes dejan de organizar su vida alrededor del miedo. Ahí El Meollo del Asunto.

ADN Daniel Valles
Daniel Valles

Periodista y comentarista de radio y televisión. "El Meollo del Asunto" y "La Familia es Primero" son sus principales herramientas periodísticas que se publican en medios impresos y digitales en diversas geografías de habla hispana.

Ha sido merecedor de diversos reconocimientos como conferencista y premios de periodismo, entre ellos, la  prestigiosa Columna de Plata, que otorga la Asociación de Periodistas de Ciudad Juárez.


Las opiniones expresadas por los columnistas en la sección Plumas, así como los comentarios de los lectores, son responsabilidad de quien los expresa y no reflejan, necesariamente, la opinión de esta casa editorial.

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