Las reglas cambian. La gran oportunidad para las PYMES

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Arrancaron las conversaciones que marcarán el futuro del T-MEC, habrá quienes se concentren en los aranceles, en las tensiones diplomáticas o en las declaraciones de Donald Trump. Como siempre, estaremos entretenidos viendo el espectáculo mientras ignoramos lo verdaderamente importante.La discusión real no es cuánto le cobrará Estados Unidos a los productos chinos, la discusión real es quién va a fabricar lo que China dejará de vender, y México, una vez más, corre el riesgo de llegar tarde.

Desde su regreso a la Casa Blanca, Trump dejó claro que la era de la globalización sin límites terminó. Durante décadas, Estados Unidos permitió que su industria emigrara a Asia en busca de costos más bajos; hoy la prioridad es exactamente la contraria: producir más cerca, depender menos de China y fortalecer las cadenas de suministro de Norteamérica, el mensaje es tan claro que ya lo entendieron los empresarios estadounidenses.

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Lo que preocupa es que en México pareciera que todavía no, mientras el mundo habla de relocalización industrial, proveeduría regional y seguridad económica, nosotros seguimos celebrando la llegada de nuevas plantas como si estuviéramos en los años noventa. Seguimos midiendo el éxito por el número de empleos ensamblando productos que no diseñamos, no desarrollamos y cuyos componentes tampoco fabricamos.

Nos acostumbramos a ser la mano de obra, olvidamos convertirnos en proveedores, y ahora estamos pagando el precio.México exporta cifras récord, pero su industria nacional avanza a paso lento. Exportamos más, pero producimos menos contenido mexicano, presumimos ser una potencia manufacturera mientras importamos una cantidad creciente de componentes, materias primas y productos terminados.

Nos convertimos en una economía ensambladora, una economía donde los camiones salen llenos rumbo a Estados Unidos, pero donde buena parte del valor agregado se queda en otro país. Lo más grave es que esto no ocurrió por accidente.

Durante años desaparecieron los programas de desarrollo industrial, se abandonó la construcción de proveedores nacionales. Se dejó morir cualquier visión de política industrial seria, el crédito productivo se volvió caro, burocrático e insuficiente. Para miles de pequeñas y medianas empresas mexicanas, modernizar maquinaria o crecer su capacidad productiva es prácticamente una misión imposible.

Y mientras tanto, las grandes corporaciones siguieron comprando donde fuera más barato, aunque fuera del otro lado del mundo; el resultado está a la vista.

Tenemos corredores industriales llenos de empresas globales y miles de PYMES mexicanas observando desde la banqueta…la paradoja es brutal. México exporta como potencia mundial, pero crece como una economía incapaz de integrar a sus propios empresarios. La riqueza circula, pero no se queda, y por eso la frontera norte vive una contradicción permanente: parques industriales llenos, exportaciones récord y, al mismo tiempo, pequeños industriales locales que jamás logran entrar a las cadenas de suministro que tienen frente a sus ojos.

La gran oportunidad del nuevo T-MEC no es atraer más maquilas, es construir más proveedores mexicanos. No necesitamos únicamente más inversión extranjera, necesitamos más empresarios mexicanos vendiéndole a esa inversión extranjera. Porque existe una diferencia enorme entre que una empresa llegue a invertir en México y que esa empresa compre en México, y esa diferencia es precisamente la que determina si el crecimiento se convierte en desarrollo o simplemente en estadística. Por eso resulta preocupante que la discusión pública siga centrada en atraer plantas mientras nadie habla seriamente de fortalecer la proveeduría nacional.

México necesita una política agresiva para desarrollar proveedores industriales, necesita financiamiento productivo, incentivos fiscales, simplificación regulatoria y programas que obliguen a las grandes corporaciones a integrar proveedores mexicanos en sus cadenas de valor.No como un acto de caridad, como una estrategia de competitividad nacional.

Porque si Norteamérica quiere sustituir proveedores chinos, alguien ocupará ese lugar,  empresas mexicanas o empresas extranjeras instaladas en México.

Si seguimos esperando a que el mercado resuelva todo por sí solo, la respuesta ya la conocemos, volveremos a ver pasar una oportunidad histórica desde la ventana, como espectadores, en lugar de protagonistas.

 

ADN Thor Salayandia
Thor Salayandia

Las opiniones expresadas por los columnistas en la sección Plumas, así como los comentarios de los lectores, son responsabilidad de quien los expresa y no reflejan, necesariamente, la opinión de esta casa editorial.


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