El Mundial también se consume

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Cuando pensamos en un Mundial de futbol solemos imaginar estadios repletos, aficionados pintados de pies a cabeza y ciudades convertidas en escaparates globales. Pensamos en la cancha. En los goles. En las selecciones.

Pocas veces pensamos en las cajas registradoras.

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Sin embargo, detrás de cada Copa del Mundo existe una economía paralela que se activa mucho antes del silbatazo inicial y que llega mucho más lejos que los estadios sede. Una economía que se alimenta de la emoción colectiva y que encuentra en el futbol uno de sus motores más poderosos.

Ciudad Juárez es un buen ejemplo.

Aunque la frontera no alberga encuentros mundialistas, basta recorrer la ciudad para notar que el torneo ya comenzó. Las camisetas de la Selección Mexicana ocupan espacios privilegiados en los aparadores, los bares anuncian promociones para los días de partido y los restaurantes preparan estrategias para atraer a grupos de aficionados que prefieren ver los encuentros acompañados de amigos, comida y conversación.

El Mundial se juega en la televisión, pero se consume en la calle.

Los números ayudan a entender la magnitud del fenómeno. Organismos empresariales han estimado que la Copa Mundial de 2026 generará una derrama económica de decenas de miles de millones de pesos en México. Aunque buena parte de la atención se concentra en las ciudades sede, una porción importante del movimiento económico se distribuye a lo largo del país mediante el consumo asociado al torneo.

Porque un Mundial es mucho más que un evento deportivo.

Es la camiseta que alguien compra para apoyar a su selección. Es la reunión familiar organizada alrededor de una pantalla. Es la reservación en un restaurante para ver el partido. Es la venta adicional de alimentos, bebidas y artículos promocionales. Es una suma de pequeñas decisiones de consumo que, multiplicadas por millones de personas, terminan generando un impacto considerable.

La experiencia de mundiales anteriores confirma esa tendencia.

Durante Brasil 2014, Rusia 2018 y Qatar 2022, distintos sectores comerciales registraron incrementos en ventas relacionados con el torneo. Las categorías más beneficiadas fueron precisamente aquellas vinculadas al entretenimiento colectivo: restaurantes, bares, bebidas, artículos deportivos, televisores y productos promocionales.

El futbol tiene una capacidad singular para transformar una actividad individual en una experiencia compartida.

Y cuando las personas se reúnen, la economía se mueve.

En Ciudad Juárez, además, existe un ingrediente adicional. La condición fronteriza permite que el ambiente mundialista se viva de manera particular. La cercanía con Estados Unidos, anfitrión de gran parte de la competencia, acerca el torneo a una región acostumbrada a convivir diariamente con dinámicas binacionales.

El resultado es un ambiente que trasciende la distancia física respecto de los estadios.

Quizá ningún partido se dispute en esta ciudad, pero eso no significa que la frontera permanezca al margen del evento. Al contrario. El Mundial se cuela en las conversaciones de oficina, en las reuniones familiares, en los horarios de los restaurantes y en las estrategias de cientos de pequeños negocios que buscan aprovechar el entusiasmo que genera el torneo.

Hay algo fascinante en esa realidad.

Mientras once jugadores persiguen un balón a cientos o miles de kilómetros de distancia, una cadena de actividades económicas comienza a desplegarse en lugares que jamás aparecerán en la transmisión oficial. Comercios locales, restaurantes familiares, tiendas deportivas y bares fronterizos participan de una celebración global sin necesidad de estar dentro del estadio.

Quizá por eso el verdadero alcance de un Mundial no puede medirse únicamente por la cantidad de asistentes o por los goles anotados.

También debe medirse por su capacidad para generar encuentros.

Porque cada mesa ocupada, cada camiseta vendida y cada pantalla rodeada de aficionados cuentan una historia distinta. La historia de una ciudad que, aún lejos de la cancha, encuentra la manera de formar parte del partido.

Y en una frontera acostumbrada a vivir entre dos mundos, eso también es jugar el Mundial y anotar más de un gol.

 

ADN Raul Garcia Ruiz
Raúl García Ruiz

Autor de los libros "Puentes Azules" "Arquitectura Azul" y “SynDike”
Especialista en resolución de conflictos y mediador en instancias gubernamentales. Relacionista Público tanto con iniciativa privada como con los diversos organismos públicos. Actualmente se desempeña como Recaudador de Rentas del Gobierno de Chihuahua en Ciudad Juárez.


Las opiniones expresadas por los columnistas en la sección Plumas, así como los comentarios de los lectores, son responsabilidad de quien los expresa y no reflejan, necesariamente, la opinión de esta casa editorial.

 

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