¿De qué Soberanía Estamos Hablando?

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La presidenta Claudia Sheinbaum escuchó la crítica, sonrió y la despachó con un par de adjetivos. Le pareció “curiosa”. Incluso “kafkiana”.

El comentario provocó risas, aplausos y la sensación de que el asunto había quedado resuelto.

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Después de todo, ¿qué autoridad podría tener la diputada española Cayetana Álvarez de Toledo, para venir a México a hablar de soberanía?

Y, sin embargo, esa pregunta terminó siendo la menos interesante de todas.

Porque la relevancia de aquella intervención nunca estuvo en quien la formuló.

Estuvo en lo que obligó a discutir.

Durante años, la soberanía ha ocupado un lugar privilegiado en el discurso político mexicano. Se invoca para defender decisiones gubernamentales, para rechazar críticas externas, para reivindicar la historia nacional y para recordar que ningún país debe interferir en nuestros asuntos internos.

La palabra tiene fuerza.

Tiene carga histórica.

Tiene poder simbólico.

Pero precisamente por eso vale la pena preguntarse qué significa realmente.

¿La soberanía consiste únicamente en impedir que otros países influyan en nuestras decisiones?

¿O también implica la capacidad efectiva del Estado para ejercer plenamente su autoridad dentro de sus propias fronteras?

La diferencia no es menor.

Porque una nación puede reclamar independencia frente al exterior y, al mismo tiempo, enfrentar dificultades para garantizar plenamente la seguridad, la legalidad y las libertades de sus ciudadanos en determinadas regiones de su territorio.

Puede defender con firmeza su autodeterminación en los foros internacionales mientras millones de personas modifican sus hábitos, limitan sus desplazamientos o toman decisiones cotidianas condicionadas por la violencia.

Puede exhibir instituciones formales sólidas y, al mismo tiempo, encontrar desafíos persistentes para que esas instituciones ejerzan toda su capacidad en la práctica.

Ése es el terreno al que apuntaba la controversia.

No al de las banderas.

No al de los agravios históricos.

No al de las disputas diplomáticas.

Sino al de la realidad cotidiana.

Porque cuando se habla de soberanía suele pensarse en amenazas externas.

Pero pocas veces se discute con la misma intensidad qué ocurre cuando los desafíos provienen desde dentro.

Cuando organizaciones criminales disputan espacios de control.

Cuando comunidades enteras viven bajo condiciones de inseguridad persistente.

Cuando el monopolio legítimo de la fuerza, principio fundamental de cualquier Estado moderno, enfrenta tensiones evidentes.

Son asuntos incómodos.

Y quizá por eso resulta más sencillo cuestionar a quien plantea la pregunta que responderla.

Es una vieja tentación de la política.

Desplazar la discusión del argumento hacia la persona.

Hablar del mensajero en lugar del mensaje.

Debatir la procedencia de la crítica en vez de confrontar su contenido.

Pero los problemas públicos no desaparecen porque se ridiculice a quien los menciona.

Tampoco se resuelven mediante ironías.

Las preguntas siguen ahí.

¿Existe una diferencia entre la soberanía que proclamamos y la soberanía que ejercemos?

¿Puede considerarse plenamente libre una sociedad donde la seguridad continúa siendo una preocupación cotidiana para millones de personas?

¿Hasta qué punto la fortaleza de un Estado debe medirse por su capacidad para resistir presiones externas y hasta qué punto por su capacidad para garantizar derechos, orden y libertad dentro de su propio territorio?

Ésas son las cuestiones de fondo.

Y son mucho más complejas que cualquier polémica pasajera.

Porque al final la discusión nunca debió girar alrededor de una diputada española.

Debió girar alrededor de México.

De sus fortalezas.

De sus pendientes.

Y de una pregunta que sigue esperando una respuesta seria:

¿De qué soberanía estamos hablando?

ADN Raul Garcia Ruiz
Raúl García Ruiz

Autor de los libros "Puentes Azules" "Arquitectura Azul" y “SynDike”
Especialista en resolución de conflictos y mediador en instancias gubernamentales. Relacionista Público tanto con iniciativa privada como con los diversos organismos públicos. Actualmente se desempeña como Recaudador de Rentas del Gobierno de Chihuahua en Ciudad Juárez.


Las opiniones expresadas por los columnistas en la sección Plumas, así como los comentarios de los lectores, son responsabilidad de quien los expresa y no reflejan, necesariamente, la opinión de esta casa editorial.

 

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