Hay momentos en la política en los que un personaje parece dominar por completo el tablero: cada movimiento marca el ritmo de la partida y condiciona el actuar del resto de los jugadores. Sin embargo, también existen etapas en las que, a veces sin advertirlo, ese mismo personaje comienza a quedarse sin margen de maniobra. Andrea Chávez parece haber transitado ya hacia ese terreno: uno en el que todavía puede hacerse presente, pero donde otros actores ocupan ya las posiciones más decisivas.
Su única fortaleza política en el Senado, Adán Augusto López Hernández, está empezando a ver el desgaste que limita su capacidad de proteger y atacar. La lucha interna causada por sus presuntas alianzas incómodas ha expuesto finalmente fisuras entre la bancada de Morena. Y en el ajedrez, como en la política, si una pieza pesada empieza a perder su alcance, todo el plan defensivo se viene abajo.
Mientras tanto, en Chihuahua, la lógica detrás de la disposición del tablero ha sido diferente. Hoy, los números de membresía dentro de Morena sirven como un verdadero conteo del poder territorial. Y allí el contraste es marcado: en contraste con el uso de Cruz Pérez Cuéllar del avance de casillas para superar bien los 125,000 miembros, Andrea Chávez apenas colocó poco más de 10,000 de sus propias piezas en el tablero del partido.
La distancia no es solo cuantitativa. Ilustra el carácter de ambos proyectos. El de Chávez ha sido un juego de percepción, cobertura mediática, visibilidad digital; un juego de presión perpetua sobre la opinión pública. Luego viene el de Pérez Cuéllar, que parece forjado de algo menos conspicuo pero más vital: estructura, operadores, control territorial. En Morena, donde los juegos internos rara vez se han jugado frente a las cámaras, eso resulta en que la mesa se incline.
Mientras tanto, también estaba en marcha la realineación interna por coyuntura. Ariadna Montiel lo vio temprano, el alcalde Cruz Pérez Cuéllar también. No es necesariamente una cuestión de afinidad política; una vez en el poder, casi siempre es una cuestión de cálculo. Y ahora Pérez Cuéllar está ocupando posiciones más estratégicas dentro del juego estatal.
Del lado de la senadora, hay piezas con menos movilidad. Javier Corral sigue siendo el foco pero no mantiene control de casillas clave para Morena. Las fricciones abiertas de Juan Carlos Loera con Montiel y su entorno político siguen siendo un obstáculo para cualquier intento de reorganización interna.
En este contexto, comenzó a sonar el rumor de que Andrea Chávez buscaría refugio político en Ciudad Juárez. Pero incluso allí, la maniobra no suena fácil. Juárez es la reina del tablero de Chihuahua: quien gobierna la frontera política y electoralmente obtiene una ventaja en la sucesión estatal. Y precisamente por esa razón, es parte de los acuerdos más delicados dentro de Morena.
Es obvio que la senadora puede quedar atrapada en una paradoja. Sigue siendo una de las miembros más visibles del oficialismo en Chihuahua, pero ser vista no significa necesariamente que estés a cargo del juego. En política, al igual que en el ajedrez, hay tantas situaciones en las que un jugador puede parecer ganar porque realmente mueve muchas piezas, y el número real de movimientos realmente importantes que han hecho se está agotando.
Y tal vez eso, y de hecho eso es lo que preocupa a su entorno hoy: no un jaque mate instantáneo, sino algo, a veces, incluso más peligroso, algo más mortal… la sensación de que el tablero se esta cerrando lentamente sobre la reina y comenzando a cerrar su lazo.

David Gamboa
Mercadólogo por la UVM. Profesional del Marketing Digital y apasionado de las letras. Galardonado con la prestigiosa Columna de Plata de la APCJ por Columna en 2023. Es Editor General de ADN A Diario Network.
Las opiniones expresadas por los columnistas en la sección Plumas, así como los comentarios de los lectores, son responsabilidad de quien los expresa y no reflejan, necesariamente, la opinión de esta casa editorial.


