El 19 de marzo se celebra el Día del Hombre. Y no, no es una fecha inventada para “equilibrar” el 8 de marzo ni para competir con nada. En muchos países se vincula con la figura de San José, ese hombre que, más allá del contexto religioso, representa algo bastante sencillo y al mismo tiempo escaso: presencia, responsabilidad y cuidado sin necesidad de protagonismo.
O sea, lo básico… pero bien hecho.
Y es curioso, porque cuando se habla del Día del Hombre, muchos no saben ni qué decir. Algunos lo toman a broma, otros lo ignoran y otros más lo convierten en un meme. Como si reconocer lo que implica ser hombre fuera innecesario… o incómodo.
Durante años se nos vendió una idea del hombre: proveedor, fuerte, callado, el que no llora, el que aguanta, el que manda, fuerte, feo y formal. Una imagen funcional para una sociedad que necesitaba orden, pero que hoy ya no alcanza… y peor, ya no funciona.
Porque ser hombre no es solo trabajar y pagar cuentas.
Eso es lo mínimo. Lo básico. Lo que cualquier adulto funcional tendría que hacer.
Lo complicado viene después.
Según datos del INEGI (2023), los hombres en México tienen una tasa de suicidio mucho más alta que las mujeres, y eso no es casualidad. Es el resultado de generaciones enteras educadas para no hablar, para no pedir ayuda, para tragarse todo hasta que revientan.
Ser hombre es sostener.
Es quedarse cuando las cosas se ponen difíciles.
Es hacerse cargo, no solo de lo que se ve, sino de lo que nadie quiere resolver.
Y no, no hablo solo de dinero o de trabajo. Eso es lo mínimo. Eso no te hace extraordinario, te hace funcional.
Lo que realmente pesa —y lo que realmente distingue— es otra cosa.
Es la palabra que cumples.
Es la lealtad que sostienes cuando nadie te está viendo.
Es la capacidad de cuidar sin controlar, de amar sin desaparecer, de estar sin tener que huir cuando algo se vuelve incómodo.
Y sí, hay hombres que lo hacen.
Hombres que no necesitan presumirse porque su forma de estar en la vida habla por ellos.
Hombres que no le sacan a la responsabilidad emocional.
Hombres que entienden que tener carácter no es imponer… es sostener.
A esos hombres, claro que hay que reconocerlos.
Porque no abundan tanto como debería.
Pero también está la otra parte… la que nadie quiere mencionar en estos días “bonitos”.
Los que creen que ser hombre es solo decirlo.
Los que se llenan la boca de palabras, pero no sostienen ni una sola acción.
Los que desaparecen cuando se les necesita, pero aparecen cuando les conviene.
Los que quieren respeto, pero no saben darlo.
Los que quieren ser elegidos, pero no saben quedarse.
Y ahí es donde la conversación se pone rara.
Porque el problema no es que existan.
El problema es que muchos de ellos creen, genuinamente, que están haciendo bien las cosas.
Y no.
Ser hombre no es cuestión de edad, ni de fuerza, ni de ego.
Es cuestión de altura emocional.
Y a muchos… les queda grande el nombre.
No porque no puedan estar a la altura, sino porque no han querido hacerse cargo de lo que implica.
Porque es más fácil culpar, evadir, desaparecer, fingir.
Que quedarse, sostener, construir.
Así que sí, el Día del Hombre sí se celebra.
Pero no para aplaudir a cualquiera.
No para repartir reconocimientos por existir.
Se celebra para recordar que ser hombre, de verdad, implica algo.
Y que no todos están dispuestos a asumirlo.

Ángeles Gómez
Fundadora en 2014 de Ángeles Voluntarios Jrz A.C. dedicada al desarrollo de habilidades para la vida en la niñez y juventud del sur oriente de la ciudad. Impulsora del Movimiento Afromexicano, promoviendo la visibilización y sensibilización sobre la historia y los derechos de las personas afrodescendientes en Juárez.


