Cada cuatro años el mundo se paraliza frente a un balón. Millones de personas hacen pronósticos, imaginan resultados y sueñan con que su selección levante la copa. Algunos lo llaman ilusión; otros, fe. Pero detrás de esa emoción colectiva existe una pregunta que también debería acompañarnos en nuestra vida cotidiana: “¿O sé que no… pero, ¿y si sí?”
La historia del deporte está llena de equipos que desafiaron todos los pronósticos. Lo que parecía imposible terminó convirtiéndose en una de las mayores hazañas. Ninguna de esas victorias comenzó en la cancha; primero nació en la mente de quienes se atrevieron a creer que podían lograrlo.
El filósofo estoico Marco Aurelio escribió que “nuestra vida es lo que nuestros pensamientos hacen de ella”. Siglos después, la ciencia ha demostrado que esa afirmación tiene más fundamento del que imaginamos. Gracias a la neuroplasticidad, sabemos que el cerebro tiene la capacidad de reorganizarse y crear nuevas conexiones neuronales a partir de nuestros pensamientos, hábitos y experiencias. En otras palabras, aquello que repetimos constantemente en nuestra mente termina moldeando nuestra forma de actuar.
Esto no significa que pensar positivo sea suficiente para alcanzar cualquier meta. La evidencia científica es clara: la visualización funciona cuando está acompañada de preparación, disciplina y acción. Sin embargo, también demuestra que imaginar con claridad el resultado deseado activa circuitos cerebrales similares a los que participan durante la ejecución real de una tarea. El cerebro comienza a familiarizarse con aquello que todavía no ha sucedido.
Por eso resulta tan peligroso programarnos para el fracaso. Cuando repetimos frases como “no puedo”, “eso no es para mí” o “seguramente saldrá mal”, también estamos entrenando a nuestra mente para encontrar razones que confirmen esas creencias.
¿Qué ocurriría si cambiáramos la pregunta?
En lugar de enfocarnos en todo lo que puede salir mal, podríamos preguntarnos: ¿y si sí?
¿Y si sí consigo ese empleo?
¿Y si sí emprendo ese proyecto?
¿Y si sí logro terminar esa carrera?
¿Y si sí reconstruyo mi vida después de una crisis?
Esa pequeña pregunta no elimina los obstáculos, pero sí cambia la dirección de nuestra atención. Nos invita a buscar posibilidades en lugar de excusas.
El Mundial nos recuerda que ningún campeonato se gana únicamente con talento. Se conquista con entrenamiento, estrategia, resiliencia y la convicción de que el marcador puede cambiar hasta el último minuto. La vida funciona de manera muy parecida.
Programar nuestra mente hacia grandes resultados no es negar la realidad; es decidir conscientemente en qué realidad queremos invertir nuestra energía. Las grandes transformaciones personales comienzan con una conversación interna distinta.
Quizá no todas las metas se cumplirán exactamente como las imaginamos. Habrá derrotas, ajustes y caminos inesperados. Pero existe una certeza: quien nunca se permite creer difícilmente encontrará la fuerza para intentarlo.
Así que, mientras el mundo celebra goles, remontadas y campeones, vale la pena hacer una pausa y mirar nuestro propio partido. Tal vez hoy haya un sueño que parece lejano, una meta que otros consideran imposible o un desafío que intimida.
Y cuando aparezca esa voz que dice “no se puede”, respóndele con una pregunta sencilla, pero extraordinariamente poderosa:
¿Yo sé que no… pero, ¿y si sí?

Mayra Machuca
Abogada, Activista, Columnista, Podcaster.
Especializada en análisis y asesoría jurídica, cuenta con experiencia administrativa y jurídica con habilidades destacadas en la resolución de problemas y coordinación de tareas. Experta toma de decisiones estratégicas. Activa en Toastmasters y Renace y Vive Mujer.


