Los resultados electorales del pasado domingo dejaron varias lecciones para quienes observan la política mexicana con atención. La primera sorpresa —aunque para muchos no lo fue tanto— fue el triunfo avasallante del PRI en Coahuila, logrando ganar los 16 distritos en disputa. La segunda fue la pérdida del registro local por parte del PAN y Movimiento Ciudadano en esa misma entidad, un tema que merece un análisis propio y profundo. Sin embargo, en esta ocasión quiero concentrarme en una enseñanza distinta: la evidencia de que MORENA no es invencible.
Durante años se ha construido una narrativa alrededor de la supuesta inevitabilidad del triunfo morenista. Se ha hablado de una maquinaria electoral imposible de derrotar, de una estructura territorial superior a cualquier otra y de una conexión con los sectores populares que ningún partido opositor podría igualar. Sin embargo, los resultados en Coahuila vuelven a demostrar que cuando existe estrategia, organización y resultados de gobierno, el llamado “monstruo” de MORENA puede ser vencido.
Más allá de los colores partidistas, hay que reconocer que en Coahuila se hizo un trabajo político constante. El Gobierno del Estado, junto con los gobiernos municipales, entendió algo fundamental: los resultados de gobierno deben comunicarse y sentirse cerca de la ciudadanía. Las obras, los programas y las políticas públicas no hablan por sí solos. Necesitan ser explicados, defendidos y vinculados con las necesidades reales de las personas.
En ese sentido, el éxito electoral no se construyó únicamente durante la campaña. Fue el resultado de años de cercanía con la gente, de fortalecer liderazgos vecinales, de mantener estructuras activas y de generar una comunicación permanente con las comunidades. También fue producto de la disciplina política para alinear esfuerzos entre el gobierno estatal y los municipios, permitiendo que las acciones públicas tuvieran continuidad y coherencia.
La política suele presentarse como una ciencia llena de fórmulas secretas, estrategias sofisticadas o campañas millonarias. La realidad es mucho más sencilla. En política no hay fórmulas mágicas. Existe la “talacha”: el trabajo intenso y constante, el seguimiento personalizado, la presencia territorial y la construcción diaria de confianza con los ciudadanos.
Durante mucho tiempo se afirmó que MORENA era el único partido capaz de realizar eficazmente ese trabajo de contacto directo. Que sus estructuras dominaban el territorio y que nadie podía competir con su capacidad de movilización. Sin embargo, la experiencia demuestra que el trabajo uno a uno solamente funciona cuando está respaldado por congruencia.
Porque no basta con tocar puertas y repetir discursos. La gente también observa los resultados. Resulta difícil sostener una narrativa de atención al pueblo cuando los hospitales públicos enfrentan carencias crecientes de medicamentos, especialistas y servicios de calidad. Es complicado hablar de austeridad cuando algunos de los personajes más visibles del oficialismo aparecen constantemente vinculados con viajes de lujo, propiedades exclusivas y estilos de vida muy alejados de la realidad de millones de mexicanos.
La congruencia sigue siendo uno de los activos más valiosos en política. Los ciudadanos pueden perdonar errores, pero difícilmente toleran la contradicción permanente entre lo que se dice y lo que se hace. Cuando esa distancia se vuelve evidente, la narrativa comienza a desgastarse y aparecen oportunidades para quienes ofrecen una alternativa distinta.
Por eso, los resultados de Coahuila tienen una relevancia que trasciende sus fronteras. Representan una señal para toda la oposición, particularmente para los estados del norte del país. El norte de México históricamente ha tenido características políticas, económicas y culturales propias. Como suele decirse coloquialmente, el norte “se cocina aparte”. Y precisamente por ello, existe una oportunidad real de construir proyectos exitosos que puedan competir y ganar frente a MORENA.
Pero esa oportunidad no está garantizada. No basta con esperar el desgaste del adversario. Tampoco es suficiente confiar en antecedentes históricos o en preferencias tradicionales de ciertas regiones. La posibilidad de triunfo depende de hacer correctamente el trabajo político.
Pensando específicamente en Chihuahua y en el proceso electoral de 2027, sería un error asumir que el resultado está definido de antemano. No lo está. Como decimos comúnmente en el lenguaje político y popular: “hay tiro”. Existe competencia, existe disputa y existe una ciudadanía cada vez más exigente.
Las posibilidades de éxito para el PAN y para quienes se oponen al proyecto de MORENA pasan por varios factores fundamentales: evitar errores innecesarios, mantener gobiernos con resultados tangibles, fortalecer la cercanía con la población y conservar la unidad entre militantes, simpatizantes y ciudadanos que comparten preocupaciones sobre el rumbo del país.
También será indispensable mantener vivo el debate público. El discernimiento sobre qué tipo de gobierno queremos y cuál no queremos debe seguir presente. Pero ese análisis no puede quedarse únicamente en las redes sociales o en las columnas de opinión. Debe llegar a las calles, a los barrios y a las casas. Debe explicarse cara a cara, comunidad por comunidad.
No hay que olvidar tampoco a los liderazgos comunitarios. Son ellos quienes dan vida y sentido a las acciones gubernamentales. Son quienes traducen las políticas públicas en confianza ciudadana y quienes mantienen el contacto cotidiano con las personas.
La lección del domingo es clara. Vencer a MORENA no es una fantasía ni una posibilidad remota. Es algo perfectamente alcanzable cuando existe convicción, organización, resultados y trabajo constante. El reto no está en descubrir una receta secreta, sino en seguir disciplinadamente la que ya conocemos. Porque, al final, la política sigue siendo el arte de servir, convencer y actuar.
Y si algo demostraron los ciudadanos de Coahuila es que, con convicción y acción, sí es posible vencer a MORENA.

Marisela Terrazas
Ex Diputada por el PAN en Chihuahua. Doctorante en Ciencias de la Educación por la Universidad Libre de Bruselas, Bélgica. Maestra en Educación por UTEP, ex directora del Instituto Chihuahuense de la Juventud y experta en políticas públicas juveniles.
Las opiniones expresadas por los columnistas en la sección Plumas, así como los comentarios de los lectores, son responsabilidad de quien los expresa y no reflejan, necesariamente, la opinión de esta casa editorial.


