Un invierno en llamas

En menos de 3 semanas; 4 caídas de primeros ministros y jefes de gobierno. Inflación imparable, carestía en alimentos, depreciación de la moneda, incendios forestales incontrolables, una ola de calor sin precedentes y la alerta de una crisis energética en un futuro casi inmediato por el riesgo inminente de un corte a todo el suministro de gas por parte de Rusia, son por mencionar solo algunos de los graves problemas por lo que atraviesa Europa. 

Desde las primeras horas de la “Operación Militar Especial” en las que el ejército ruso incursionaba en territorio ucraniano, y en las que expertos y analistas hacían previsiones sobre un sinfín de probables escenarios. Si algo se tenía claro es que la duración del conflicto lo definiría todo. 

Si la invasión y el conflicto duraban poco, como Estados Unidos y la OTAN afirmaban, Europa podría capear la tormenta, pero bajo un conflicto de mediana a larga duración, las consecuencias serían: desempleo, recortes presupuestales, inflación, inquietud política, malestar social, elementos que ya están presentes en prácticamente todo el continente, lo que permite afirmar que; claro que habrá recesión en Europa. 

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La prolongación en el tiempo de la invasión rusa sobre Ucrania, pero sobre todo la falta de diálogo y las pocas posibilidades de un cambio de un statu quo, sumadas a las sanciones económicas impuestas a Rusia, hacen inevitable una profunda recesión para el viejo continente. 

El efecto más evidente e inmediato es el alza en el precio de la energía. Algo que se esperaba desde los primeros minutos de la “operación. Lo que les empieza a poner los cabellos de punta es la posibilidad de un bloqueo energético por parte de Rusia, lo que podría de vuelta a Europa en una abrir y cerrar de ojos en la edad de piedra. 

Las alertas naranja y roja, por las altas temperaturas que padece Europa, no son suficientes para disipar el temor a lo que algunos analistas llamaron un “invierno nuclear económico”. Por ello, a pesar de las sanciones económicas, donde la más sensible es el cierre a las importaciones y exportaciones de gas y petróleo, varios países bajo continúan comprando energéticos a Rusia bajo diversos artilugios. 

No es solo la dependencia al gas ruso, a su petróleo. Rusia es una potencia exportadora de materias primas y energía. Eso es lo que hace inevitable una crisis de proporciones aún desconocidas. 

Cierto es que durante la segunda parte del S. XX y los primeros lustros del S. XXI los principales conflictos bélicos han tenido su raíz en garantizar el acceso a fuentes energéticas, como el petróleo, la verdad es que estas guerras o conflictos se desarrollaban en países como Irak, Vietnam, Afganistán, países pequeños, empobrecidos, con predominio de una economía primaria, así que las “consecuencias” a pesar de terribles para la población civil y para el desarrollo de estos países, se quedaban prácticamente ahí, es decir sin grandes efectos sobre los mercados internacionales.

Lo cual no es el caso de Rusia, Rusia es una superpotencia, no solo por su capacidad armamentística y su riqueza en recursos naturales, es una superpotencia económica, va a desestabilizar el flujo económico, pondrá en jaque no solo a las economías más débiles de Europa como ya está sucediendo con España, Grecia, pero no son solo los más pequeños los afectados, las grandes economías también tienen problemas, Francia, Inglaterra. El ambiente es cada vez más tenso y las altas temperaturas por las que atraviesan solo avivan las llamas de la inconformidad y el malestar social y política, ya se dieron las primeras 4 bajas políticas, la llegada del invierno bajo estas condiciones sería el puntillazo final para una Europa en llamas en pleno invierno.

Por ello es que algunos analistas han utilizado el término de “invierno nuclear económico” ante desalentador panorama. 

El hecho de que el rublo se fortalezca a pesar de la guerra tampoco es algo benéfico para la economía rusa, el aislamiento al que se le intenta someter no le da mucho margen de acción a la hora de comprar o invertir, poco es lo que se puede hacer con él. No se pueden comprar, no se pueden vender rublos. Es una moneda fuerte, pero con poco margen de acción. 

Un rublo fuerte aún no logra transformarse en mercancías para sus ciudadanos y se dice que, en el mercado negro, sufre el recorte de un 20% en las operaciones diarias. 

Eso sí, el mensaje que envía a la comunidad internacional está cargado de simbología propagandística. 

Si bien es cierto que, para algunos, se viene gestando una vuelta a los nacionalismos, la verdad es que la realidad no tiene vuelta atrás y a pesar de los movimientos anti globales y el alza de gobiernos populistas en el mundo, la interconexión y la interdependencia entre Estados difícilmente va a retroceder, la tecnología ha vuelto impensable un mundo no conectado, cualquier variante en la ecuación tiene efectos a nivel internacional, es imposible pensar en una Europa sin Rusia, o una Rusia sin Europa, ambos bandos por ahora lo tienen muy mal. 

Por ahora, muchos de los fantasmas que aparecieron meses atrás han comenzado a materializarse; la crisis de los fertilizantes es mucho más que un término.

El alza en los fertilizantes está obligando a los productores a comprar menos cantidad de ellos y pasar los costos a la cadena alimentaria. Es tan alto el precio y reducida la oferta en los químicos necesarios, que se espera que los cultivos de invierno y primavera se reduzcan hasta en un tercio, lo que afectaría directamente en una reducción de alimentos con la consiguiente alza en el pecio de los alimentos. 

La crisis alimentaria de la que tanto hablaron durante los momentos más duros de la pandemia podría estar a la vuelta de la esquina y no por causa del Covid, sino por la guerra, el escenario se torna aún peor con el componente climático; de continuar la sequía, el efecto podría ser aún más devastador. 

Cada día se pierden hectáreas y hectáreas de cultivos por la sequía y el precio de los fertilizantes. ¿Habrá crisis en Europa? Ya la hay. 

Pero lo que tiene en vilo a toda Europa es la agonía del Nord Stream, el principal y más importante gasoducto que une a Rusia con Alemania y con el que Vladimir Putin está asfixiando de manera lenta al continente, si bien se ha retomado el suministro por parte de Rusia, es solo como almacenamiento y en cuentagotas con un caudal miserable a menos de un 30% de su capacidad. 

El Kremlin ya ha dicho que retomará los envíos de gas, pero … de manera limitada. Es obvio que esto aumentará la tensión, la crispación social, la asimetría entre los socios europeos y claro, las diferencias, quiebres. 

Ya algunos países como España y Portugal, los pequeños “oasis energéticos” se han pronunciado en contra de las medidas de racionamiento de gas, aduciendo que ellos no han vivido como sus socios por “encima de sus posibilidades” o con tantos “privilegios”. 

Esta vulnerabilidad, en especial de Alemania, pone en jaque todo el proyecto europeo, la locomotora puede detenerse, si ella se para…. Muchos de ellos descarrilarán. 

Por ahora la tormenta se ha capeado, pero el tiempo sigue su marcha y el invierno viene….. de mantenerse el statu quo, no es difícil asegurar que a Europa le aguarda un invierno en llamas. 

Claudia Vazquez Fuentes
Claudia Vázquez Fuentes

Analista Geopolítica.

Maestra en Estudios Internacionales por la Universidad Autónoma de Barcelona.


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