Pobre México, tan cerca de los ajolotes y tan lejos de “la party”

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Como ha sucedido cada cuatro años desde 1930 (salvo en 1942 y 1946 en que se suspendió por los efectos de la II Guerra Mundial), en unos cuantos días dará inicio el torneo de futbol más importante del mundo, la Copa Mundial de la FIFA. Contienda en la que por primera ocasión se convoca a 48 selecciones nacionales, se registrarán partidos en tres países, y por tercera vez su organización implicará a ciudades mexicanas como anfitrionas. Estas circunstancias han planteado un inmenso mercado potencial sobre el que la FIFA ha desplegado una serie de medidas, ofertas, restricciones, lineamientos, decisiones e intereses que han propiciado reacciones, apoyos y cuestionamientos de todo tipo, tanto en el ámbito privado como en el espacio público.

Entre los cuestionamientos más destacados, podemos encontrar la idea de que las innovaciones que se han planteado en su organización para este año posiblemente están comprometiendo la estabilidad de la base de clientes y oportunidades de negocio que inercialmente genera este deporte, a partir de propiciar dinámicas de segregación en algunos de sus rubros de comercialización.

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En este contexto, entre el 19 y el 20 de mayo de 2026, diversos medios de comunicación difundieron la noticia sobre la decisión de Cristiano Ronaldo – delantero estrella en la selección portuguesa y goleador histórico en varias ligas europeas-, para convertirse en el accionista mayoritario de la plataforma streaming LiveMofrTV, que ha mostrado interés en difundir gratuitamente los partidos de la Copa Mundial de la FIFA 2026[1]. Esta noticia refleja el compromiso de una estrella internacional del fútbol con uno de los debates más interesantes que la fiebre mundialista del presente año ha planteado, a través de voces de cineastas como Alejandro González Iñarritu y Diego Luna, o escritores como Juan Villoro, sobre cómo la voracidad económica alcanzada en la copa de este año, ante el gran negocio del futebol, podría dislocar la base social que durante décadas ha alimentado la viabilidad del modelo de negocio implícito en el balompié. Es decir, en términos más claros, pero quizá más cursis, el debate de cómo los dueños de la comercialización del futβball le han arrebatado al pueblo el gozo de lo que tal vez es la fiesta más importante para los seguidores de este deporte a nivel mundial.

Il calcio, del que se dice que fue ideado con reglas de caballeros para ser practicado por rufianes, es por mucho el deporte más visto, practicado y vendido en el planeta, con un peso económico estimado por arriba de los 80 mil millones de dólares[2]. Sus maneras y medios de comercialización, a pesar de algunos escándalos de corrupción, han podido guardar cierta armonía con la mejora de las capacidades de sus atletas, la evolución constante en la estética del espectáculo que desarrollan en los espacios de mayor exigencia, la generación de nuevos aficionados, y la edificación de instituciones, que han llegado a ser referentes del sentido identitario de sus sociedades, incluyendo aspectos éticos, y filosóficos que perfilan a distintas tribus de aficionadas y aficionados, y que en ocasiones rompen, las fronteras de sus países de origen, para proyectar internacionalmente a sus localidades montados en modelos de negocio de alcance global.

A pesar de ese éxito tendencial en el maridaje entre el mercado y la difusión del deporte, el afán por minimizar el esfuerzo intelectual ante el reto de seguir ampliando los horizontes del negocio, ha derivado en una serie de nuevas condiciones que, parecieran hermanar a personas de todos los estratos sociales, intelectuales, académicas y académicos, profesionistas, comerciantes, servidoras y servidores públicos, artistas, obreros, deportistas de otras disciplinas, celebridades del espectáculo, jugadoras y jugadores del llano, e incluso profesionales del football en torno a calificar de inaceptables a las nuevas variables como son la alza en los precios de los boletos para presenciar la copa en un estadio, poder ver la transmisión de los partidos en un televisor instalado en fondas, bares o restaurantes, y la imposición de requerimientos por parte de FIFA, que podrían exceder el ámbito deportivo, y afectar el uso y naturaleza de las plazas públicas.

En la inercia de esta desmesura, gobiernos de todos los signos políticos en México, podrían estar comprometiendo espacios públicos, diseño de políticas públicas, presupuesto, o el hecho mismo de su representación, motivados en la posibilidad montarse en las olas de la fiebre mundialista, como parte de una estrategia de autopromoción, tal y como ha sucedido con la aparente improvisación en la instalación de infraestructura, o el posible uso irresponsable del presupuesto por parte de gobiernos como los de la CDMX, Jalisco, y Nuevo León. Esto se pone en perspectiva cuando se escuchan propuestas sin filtro, como sucedió el mes pasado con la idea de recortar el calendario escolar por parte de la  SEP[3]; la declaración del titular del Ejecutivo del estado de Nuevo León, sobre desentenderse de sus responsabilidades para entrar en “modo party[4]; los esfuerzos por pintar y repintar la infraestructura urbana, desarrollar actividades culturales, e instalar elementos conmemorativos en la CDMX[5], o abrir espacios potenciales de riesgos, considerando el ambiente internacional, tal y como ha sucedido en la intervención de nuestro país dentro de las diferencias entre el gobierno estadounidense y la escuadra iraní que participará en el mundial.

Derivado de todo lo anterior, sería deseable que las voces que se han pronunciado desde la cultura y el deporte sean tomadas en cuenta con mayor seriedad, para aprovechar la detección de los problemas que señalan, y mejorar los espacios de la vida pública en general, y las dinámicas de consumo de soccer en particular.

Bajo este objetivo, podríamos promover en los ámbitos de interacción entre ciudadanía y gobierno, mejoras en los mecanismos de transparencia y rendición de cuentas sobre la manera en que se define y prioriza la obra pública por parte de autoridades locales, considerando aspectos que van desde la puntura del inmobiliario urbano, hasta la política en materia de movilidad.

Finalmente, otro aspecto que puede aprovecharse en este debate está en la manera en que se integran las agendas de los responsables de la administración pública local o federal, buscando que sea más transparente y profesional. Asimismo, sería positivo explorar la posibilidad de rediseñar los horarios laborales y los calendarios escolares, para evitar no sólo una eventual reducción de las actividades en las escuelas, sino mejorar la integración y distribución de los contenidos de los planes de estudio en el calendario para su mejor aprovechamiento.


[1] https://elnuevograficodehidalgo.com.mx/2026/05/cristiano-ronaldo-compra-canal-de-streaming-para-transmitir-el-mundial-2026/ , https://www.milenio.com/deportes/extra-cancha/cristiano-ronaldo-apuesta-por-el-streaming-y-compra-canal-de-youtube

[2] Laura Islas, “Mundial 2026, el negocio millonario de FIFA: ¿Cuánto dinero genera realmente una Copa del Mundo?”, Revista Merca 2.0, 30 de marzo de 2026, disponible en https://www.merca20.com/mundial-2026-el-negocio-millonario-de-fifa-cuanto-dinero-genera-realmente-una-copa-del-mundo/

[3] https://www.reforma.com/ve-delgado-sin-proposito-ultimo-mes-de-clases/ar3202162

[4] https://www.infobae.com/mexico/2026/06/07/samuel-garcia-entra-en-modo-party-por-mundial-2026-no-voy-a-contestar-el-telefono-cualquier-cosa/

[5] https://www.eluniversal.com.mx/opinion/el-caballito/la-polemica-por-pintar-y-despintar-vialidades-en-la-ciudad-de-mexico/

Raen Sanchez
Raen Sánchez Torres

Politólogo e internacionalista, cuenta con una maestría en Estudios Internacionales por el ITESM y un doctorado en Ciencias Políticas y Sociales por la FCPyS de la UNAM, además de 16 diplomados, seminarios, cursos y talleres especializados en Seguridad Nacional, Seguridad Pública e Inteligencia, impartidos por instancias como la UNAM, ITAM, UDLAP, Policía Nacional Francesa, Real Policía Montada de Canadá, y el Departamento de Justicia de los EEUU.

Profesionalmente se ha desempeñado en el sector público como analista del fenómeno delictivo en el ámbito internacional, el desarrollo de instituciones de seguridad pública, y desde hace más de 10 años como asesor parlamentario tanto en el Senado de la República como en la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión. Como académico, desde 2015 ha sido profesor en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM.


Las opiniones expresadas por los columnistas en la sección Plumas, así como los comentarios de los lectores, son responsabilidad de quien los expresa y no reflejan, necesariamente, la opinión de esta casa editorial.

 

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