No hace mucho empezamos a conocer sobre el proyecto que busca detonar la industria minera para la extracción de cobre en tierras del ejido del Samalayuca.

Para ser honestos no soy experto en el tema, por ello ni siquiera me atrevo a despotricar en contra ni a apelar a favor. ¿Entonces de qué va esto, si ni fu ni fa?

Hoy hablaremos de la paradoja, esa figura del pensamiento que refleja por un dicho o hecho algo contrario a la lógica.

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Como la gran mayoría de mis queridos lectores, vivo en Ciudad Juárez y de tiempo en tiempo voy con mi familia a “SamalaYork” como coloquialmente le decimos.

¿A que?

El ruido de la ciudad y la rutina obligan a buscar espacios de fuga para encontrar de nuevo nuestro centro, ese es nuestro caso.

Vamos a pasear por los petrograbados, que déjeme decirle, que hace siete años que los conocí, el solo hecho de verlos me dejaron impresionado. Luego tuve la oportunidad de ir con un guía quien amplió información, yo no se la adelanto para que vaya, conozca y deje volar su imaginación…

También vamos a las dunas, ferias, kermeses, balnearios y un restaurante en particular, paradójicamente no tenemos amistad con nadie allá, aunque cualquiera podría decir que nos motiva visitar familia o amigos, pero no es así.

De nuestras últimas visitas nos sumergimos en Samalayuca Fest donde tuvimos la oportunidad de probar por vez primera, paradójicamente, un delicioso whisky de manzana, que evidentemente no es producido en la región, pero si en el estado.

Vimos correr la tarde y nos fugamos hasta Villa Ahumada nada más a dar la vuelta y por unos quesos…

Mientras recorríamos la carretera, los niños veían por la ventana sorprendidos por las dunas y, en algún punto del trayecto, un tren desató la algarabía en ellos.

Simplezas en las que se fijan los niños dirá usted, pero que paradójicamente llenan su espíritu y alimentan su imaginación.

Por la noche, de regreso, arrullados por el vasto firmamento sobre nosotros, los llevó a dejar de ser exploradores del desierto, maquinistas o mineros para ser grandes astronautas interestelares…

Esa tarde, mientras comíamos, uno de ellos hablaba de ser minero y encontrar oro y diamantes y fue entonces que les platiqué que en SamalaYork había un viejo proyecto de establecer una mina, pero que no sería de oro o diamantes, sino de cobre, paradójicamente esa misma idea que a ellos los emocionaba a otros cuantos los inconforma.

El tema se empezó a abordar súbitamente en redes sociales en sentido de contraposición, particularmente por un pequeño grupo de individuos identificados por que normalmente están siempre contra todo.

Ya sea que hablemos de estacionamientos, luminarias, pavimentos, medio ambiente o algo tan especializado como lo es la minería; este ilustrado grupo siempre tienen un porqué amplio y justificado para decir que no y convocar a imponer su agenda y su verdad, en aras de la justicia social según su librito.

¡Vaya arrogancia!

El tema no es fácil ciertamente, la industria minera, a pesar de los beneficios que ha traído a la humanidad entera, tiene mala fama de fondo.

Y no es para menos, paradójicamente, a pesar de la maquinaría pesada de alta tecnología que puedan usar en la industria, las prácticas perse no cambian.

Por ejemplo, el uso del cianuro en minas de oro para separar el preciado metal de los demás compuestos de donde se extrae ha sido una práctica inmutable, lo que ha generado la mayor animadversión y rechazo entre las poblaciones colindantes, sin mencionar del cambio en el paisaje y cualquier otro efecto ecológico.

Sin embargo, esto solo era verdad hasta apenas 2017, año en el que un grupo de investigadores descubren, por accidente, una nueva técnica en el que se utiliza una sustancia a base de peróxido de hidrógeno (o como usted y todos mis amigos lo conocemos mejor: agua oxigenada) combinada con un compuesto derivado del almidón de maíz, permitiendo extraer el material áureo a temperatura ambiente.

Paradójicamente, ese solo avance, una vez en práctica, podrá abaratar la producción y volver la operación de minas de oro más sustentables y “eco friendly”, reemplazando a un insumo que ha estado presente en esa industria por lo menos los últimos 120 años.

Algo así de radical, extremo y paradójico para la industria minera, es lo que, de alguna forma, Samalayuca o más atinadamente, los ejidatarios de Ojo de la Casa, buscan crear: un desarrollo minero sustentable.

El proyecto de la Mina La Gloria en el Ejido Ojo de la Casa puede ser visto, como lo es por sus detractores y alienados seguidores, como un verdadero presagio del desastre que acabará con el agua, de por sí escasa, contaminando los mantos freáticos; y el equilibrio ecológico de la zona, dejando cráteres monstruosos abiertos a flor de suelo al ser una mina a cielo abierto; entre muchas más objeciones sustentadas en la analepsis conceptual de lo que es una mina tradicional; sin darle oportunidad de nacer a un proyecto que va mucho más allá.

En ese sentido, el abogado derecho humanista, Santiago González Reyes, quien recientemente interpusiera un amparo bajo la figura de afectado directo sin ser habitante de Samalayuca, obviamente le fue denegado; ha definido el proyecto como un verdadero ecocidio, pero paradójicamente, gusta de echar tiros a especies menores de la región, según versiones de algunos vecinos Samalayorkeños.

Por otro lado, podemos verlo como lo ven sus promotores, un proyecto integral que es parte de un plan en el que se busca el detonante económico de la zona en diferente áreas.

Una de ellas, la primera, la minería; seguida por el crecimiento de hortalizas de alto desempeño, infraestructura turística para las dunas, petrograbados y turismo de aventura, etc.

Como dice Héctor Hernández, el líder moral del ejido de San Agustín en el Valle de Juárez, a propósito de este tema en su perfil de Facebook:

Lo peor que le puede suceder a quienes intentan hacer algo por el bien de nuestras comunidades, es despertar la envidia y avaricia de quienes no son capaces de tener un logro en su vida y buscan como denostar el trabajo de los demás aunque no sepan ni lo que dicen, mucho menos conozcan del tema al que pretenden oponerse….

… Solo no estoy de acuerdo en hacer comentarios sin conocimiento, insisto, soy sumamente respetuoso de quién de verdad busca el bien, pero no de quienes solo buscan ser nocivos para todos los demás.

Hay que enfrentar el proyecto y que de no ser nocivo, los pobladores, principalmente de la zona, sin negarle la oportunidad a los habitantes del municipio en general, se haga una lluvia de propuestas para que se reduzca cualquier riesgo y así todos estemos sin esa gran preocupación que sin duda debe ser mayor en los muy cercanos al proyecto…

Yo, como él, he tenido la oportunidad de leer comentarios en redes sociales muy insistentes en particular de Luis Álvarez, otro abogado, pero cooperativista, aludiendo a los vicios y presuntos daños del proyecto en una postura defensora de la justicia social y ecológica, pero, paradójicamente, se resbala en los mismos y por embestir al ingeniero Javier Meléndez, el promotor más visible del proyecto, por el abandono de un presunto programa millonario gestionado por el abogado ante la ONU años atrás.

Otros vecinos del ejido afirman que el abogado cooperativista, solía hacer negocios con los ejidatarios, hasta que le cortaron el chirrión.

Llegamos a casa ya entrada la noche.

Los niños, dormidos, seguramente se soñaban aún entre estrellas y mundos maravillosos en su viaje interestelar…

«El mundo está lleno de reyes y reinas que ciegan tus ojos para robar tus sueños…» – Ronnie James Dio

David Gamboa
David Gamboa
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Lic. en Mercadotecnia por la UVM. Es un profesional del Marketing Digital y apasionado de las letras. Actualmente es Editor y Director General de Juárez a Diario y Consultor en temas mercadotecnia.