Ya se acerca el año electoral de 2027 y empieza lo de siempre: sacar trapitos al sol, buscar errores, revivir declaraciones, desprestigiar al contrincante y exhibir todo lo malo que se pueda encontrar. Si es cierto, qué mejor; y si no, ya veremos después cómo se aclara. Así se están construyendo muchas campañas políticas, y qué lástima.
Porque mientras más necesitamos hablar de proyectos, más hablamos de personas. Mientras más necesitamos discutir el futuro de nuestras ciudades, más tiempo gastamos discutiendo el pasado del contrincante. Izquierda contra derecha, derecha contra izquierda, libre mercado contra bienestar social. Para mí, esa discusión ya se quedó corta; hoy necesitamos empresas fuertes y políticas sociales que funcionen; inversión privada y gobiernos eficientes; generar riqueza y lograr que esa riqueza se traduzca en mejores condiciones de vida.
Pero seguimos atorados en los colores, en los partidos y en ver quién le pega más fuerte al de enfrente, y la mayoría estamos cansados, no de la política, sino de esa manera de hacer política. Porque llega el año electoral y ahora sí aparecen en las colonias, buscan líderes, llegan las ayudas, las fotografías y los recorridos, ahora sí quieren escuchar a la gente….qué casualidad ¿Y dónde estuvieron los otros años?
La pobreza no tiene calendario electoral, la inseguridad tampoco. Ni las adicciones, el abandono escolar, la falta de oportunidades o los problemas de infraestructura. Si los partidos reciben recursos públicos durante todo el año, también deberíamos exigirles utilidad social durante todo el año. Incluso vale la pena discutir si una parte de esos recursos tendría que estar vinculada a proyectos sociales permanentes, medibles y transparentes. Pero proyectos de verdad, no una brigada, una fotografía y veinte publicaciones en Facebook. ¿Qué problema atendiste? ¿Qué cambió? ¿Cuál fue el resultado?, porque repartir cosas cualquiera, transformar una realidad es otra historia.
También resulta curioso ver la facilidad con la que algunos políticos cambian de partido, ayer eran de derecha, hoy son de izquierda y mañana quién sabe, depende de dónde aparezca la candidatura. Porque si tus principios cambian dependiendo de quién te ofrece un espacio, probablemente nunca fueron principios, y ahí aparece otro problema: los partidos dejaron de formar liderazgos. Llegan las elecciones y comienza la desesperación por encontrar candidatos: empresarios, profesionistas, líderes sociales, deportistas, gente conocida, gente con buena reputación, alguien que pueda traer votos; lo que caiga.
Un partido político debería ser una fábrica de liderazgos, ideas y proyectos, no una agencia de reclutamiento que abre vacantes antes de cada elección. Pero también hay responsabilidad del otro lado, algunos aceptan porque genuinamente quieren aportar, otros porque están cansados de los mismos y otros, seamos sinceros, porque los seduce el ego: la candidatura, la fotografía, el cargo, sentirse importantes.
Y cuidado: una cosa es que te inviten a participar y otra muy diferente es que exista un proyecto para ti. Muchas veces necesitan tu nombre, tu trayectoria, tus relaciones, tu credibilidad o los votos que puedas acercar. Cumples tu función durante la campaña, termina la elección, gracias por participar y los mismos de siempre siguen viviendo del partido. Por eso, cuando alguien dice que quiere ser político “porque quiere servir”, la respuesta ya no alcanza ¿Servir para qué?
Para servir no necesitas una candidatura, puedes hacerlo desde una asociación civil, una cámara empresarial, una escuela, tu colonia o tu propia profesión. ¿Para qué quieres el poder? ¿Qué problema quieres resolver? ¿Qué ciudad quieres construir? ¿Qué conoces de presupuesto, seguridad, infraestructura, desarrollo económico o educación? ¿Qué estás dispuesto a defender incluso frente a tu propio partido?
Porque gobernar tampoco es salir bonito en una fotografía, se necesita preparación, criterio, carácter y capacidad para soportar una exposición prácticamente de 24/7. Te van a criticar, van a revisar tu pasado, cuestionar tus decisiones y probablemente meterse hasta con tu familia, y tener éxito como empresario, profesionista o líder social tampoco significa automáticamente que vas a ser un buen gobernante.
En lo personal, sí hay una parte de mí a la que le gusta la política, he participado durante años en política empresarial y sé perfectamente que es muy diferente a la política partidista. Pero también sé qué me mueve, a mí me mueve Juárez, no un partido, no un color, no una candidatura. Juárez: su industria, su gente, su frontera, su capacidad para levantarse una y otra vez y también todo lo que hemos permitido que se vaya quedando atrás.
Y querer a Juárez no significa romantizarla, a una ciudad también se le quiere diciendo lo que está mal. Seguimos teniendo una política demasiado aldeana: los mismos grupos, los mismos acuerdos, los mismos cuidándose entre ellos. Cambian los colores, los cargos y las fotografías, pero muchas prácticas permanecen. Mientras entendamos la política como una repartición de espacios y no como una construcción de ciudad, vamos a seguir cambiando nombres sin cambiar realmente nada. Necesitamos formar liderazgos de verdad. Personas que se preparen, trabajen y conozcan Juárez antes de querer gobernarla. Tampoco voy a vender la fantasía de que una sola persona llegará a cambiarlo todo, no va a pasar, pero alguien tiene que empezar a hacer las cosas diferentes.
Y nosotros, como ciudadanos, también tenemos tarea: dejar de aplaudir fotografías, dejar de emocionarnos porque un político llegó a nuestra mesa y dejar de pensar que porque alguien nos saludó ya le debemos nuestro voto. Los políticos trabajan para nosotros, no nosotros para ellos.
El 2027 ya viene, vendrán discursos, promesas, fotografías, encuestas y seguramente mucho lodo. No vamos a cambiar todo de un día para otro, pero sí podemos empezar a dejar camino para hacer las cosas diferentes; vamos a seguir insistiendo, cuestionando y, cuando sea necesario, incomodando: por Juárez, porque al final, eso es lo que nos mueve.

Thor Salayandia
Las opiniones expresadas por los columnistas en la sección Plumas, así como los comentarios de los lectores, son responsabilidad de quien los expresa y no reflejan, necesariamente, la opinión de esta casa editorial.
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