La educación de las niñas, niños, adolescentes y jóvenes es amenazada por múltiples problemas: drogas, deterioro de valores, pérdida de autoridad del maestro o maestra en el aula, política educativa “superficial”, entre otros. México no estará en posibilidades reales de lograr un auténtico Estado de Bienestar para su población si la educación no da un salto cualitativo y recompone el paradigma educativo vigente.
El paradigma mexicano actual de educación se centra en el alumno, algo lógico y natural; no obstante, en la realidad cruda y dura este modelo se inclina por elevar los indicadores de aprobación y permanencia. Se opta por favorecer la cantidad sin darle la debida importancia a otros aspectos.
“Pasar por pasar” a los alumnos no puede ser la razón de ser de un sistema educativo que, como marca el artículo 3 de la Constitución mexicana, busca la excelencia. La excelencia, va mucho más allá de la promoción automática de grados, implica algo más que otorgar “becas” monetarias.
Actualmente se mantiene un enfoque, algunos dirían “neoliberal” de evaluar la política educativa; con indicadores de eficiencia terminal, aprobación, permanencia, etc.
Es correcto y necesario medir, comparar, analizar datos relevantes para mejorar. Pero forzar resultados desde los escritorios de la burocracia desvía en gran manera el proceso de enseñanza- aprendizaje.
Pero la educación va más allá de las necesarias cifras duras, implica el funcionamiento de instituciones que orientan el destino de la Nación. Estas deben proyectar la idea del México que fue, es y será a partir de valores compartidos que servirán como el cemento de un país mejor que el que hoy tenemos.
Es así que la política educativa se vuelve insustancial, superficial. Para nadie es una novedad que nuestros niños, niñas, adolescentes y jóvenes no necesariamente saben realizar operaciones aritméticas básicas sin calculadora ni escribir correctamente en comparación a décadas atrás.
Lastimosamente la sociedad mexicana en gran parte achaca el bajo aprendizaje de muchos de nuestros niños y jóvenes a la labor docente, cuando la educación familiar ha fallado de manera enorme: los valores que se transmiten en casa cada vez escasean más en nuestros niños.
Lo anterior es la gran tragedia nacional y de allí derivan graves problemas en las escuelas y en la comunidad: adicciones, violencia. Ni que decir de las faltas de respeto a los maestros y maestras por parte de estudiantes, antes impensables.
Nuestros niños y jóvenes en varios casos han perdido la noción de respeto, esfuerzo y trabajo duro. Algunos pocos estudiantes con mala o deficiente educación familiar llegan a generar dinámicas caóticas en los salones de clases donde el docente carece (por una u otra razón), de la autoridad, facultad o herramientas necesarias para impartir disciplina.
Disciplina, orden y respeto; conceptos aplicables sin los cuales la enseñanza y el aprendizaje no son posibles. Estos son anulados muchas veces cuando se determina adoptar un enfoque excesivamente garantista del “derecho a la educación” por parte de las autoridades educativas y cuando los padres de familia optan por solapar la mala conducta de sus hijos.
Es así que existen varios casos de resoluciones administrativas y judiciales que favorecen los malos comportamientos de algunos estudiantes en perjuicio de alumnos que sí se dedican a estudiar y merecen una escuela segura y adecuada para el aprendizaje.
Debe quedar claro: no se trata de volver a épocas de maltrato y dureza innecesaria del profesor hacia el alumno; desde luego que deben respetarse, garantizarse y promoverse los derechos de todos; de la misma forma debe hacerse con las obligaciones de todos. No hay de otra para tener una verdadera educación de calidad.
Llegamos pues, luego de todo lo anterior, a una situación donde más allá de enseñar y aprender conocimientos o habilidades, la maldad empoderada por medios siniestros llega a apropiarse de muchos de nuestros niños y jóvenes ¡en sus escuelas!.
Son muchísimos más quienes aspiramos a una educación digna para todos. Acabemos con un paradigma que induce a la simulación, rectifiquemos y construyamos un verdadero modelo educativo acorde a los tiempos y realidades actuales.
“El que ama la corrección ama la sabiduría, el que odia la corrección es un necio.”
(Proverbios 12:1)


