La crisis silenciosa de la educación en México

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La educación en México atraviesa una crisis silenciosa, pero profundamente alarmante. A pesar de los discursos oficiales de MORENA que prometen transformación y justicia social, los indicadores más recientes reflejan una preocupante caída en los estándares educativos, particularmente en áreas esenciales como la lectura y el pensamiento lógico-matemático. Esta situación no solo compromete el desarrollo individual de millones de estudiantes, sino que pone en riesgo la competitividad y el futuro del país.

Uno de los problemas más evidentes es el bajo nivel de comprensión lectora. De acuerdo con resultados recientes de la prueba PISA, alrededor del 47% de los estudiantes mexicanos de 15 años no alcanza el nivel mínimo de competencia en lectura, lo que significa que casi la mitad tiene dificultades para comprender textos básicos. No se trata únicamente de leer palabras, sino de interpretar, analizar y reflexionar sobre lo leído. Sin estas habilidades, el aprendizaje en todas las demás materias se ve severamente limitado. Un estudiante que no comprende lo que lee difícilmente podrá desarrollar pensamiento crítico o adquirir conocimientos complejos.

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En el mismo panorama está el rezago en habilidades lógico-matemáticas. PISA muestra que cerca del 66% de los estudiantes en México no logra el nivel básico en matemáticas. Esto implica que dos de cada tres jóvenes tienen problemas para resolver operaciones fundamentales o aplicar razonamiento lógico en situaciones simples. Este rezago no solo impacta su desempeño académico, sino también su capacidad para enfrentar situaciones cotidianas que requieren análisis, toma de decisiones y resolución de problemas.

Este diagnóstico no es una percepción aislada. Investigaciones recientes del especialista en educación Marco Fernández, profesor e investigador del Tecnológico de Monterrey y de la organización México Evalúa, han documentado con claridad el deterioro en los aprendizajes clave. Fernández ha advertido que, tras la pandemia y los cambios en política educativa, México enfrenta un rezago histórico en comprensión lectora y matemáticas, con millones de estudiantes por debajo del nivel esperado. Sus análisis subrayan además la falta de evaluaciones sistemáticas que permitan medir con precisión la magnitud del problema, lo cual dificulta aún más la toma de decisiones informadas.

Detrás de este deterioro educativo existen múltiples factores, pero dos destacan por su peso en la discusión pública: la implementación de la llamada Nueva Escuela Mexicana y las políticas de austeridad impulsadas en los últimos años. Si bien la intención de reformar el sistema educativo puede ser válida, la ejecución ha dejado mucho que desear. La Nueva Escuela Mexicana ha priorizado enfoques ideológicos y cambios curriculares sin garantizar una base sólida en habilidades fundamentales. En lugar de fortalecer la lectura, la escritura y las matemáticas, se ha optado por modelos que, en la práctica, han generado confusión tanto en docentes como en estudiantes.

A esto se suma la falta de recursos derivada de las políticas de austeridad de los gobiernos de la 4T. La educación requiere inversión constante: en infraestructura, en materiales didácticos, en capacitación docente y en evaluación. Sin embargo, los recortes presupuestales han limitado la capacidad del sistema para responder a los retos actuales. Escuelas con carencias básicas, maestros sin acceso a formación continua y programas educativos sin seguimiento efectivo son parte de la realidad cotidiana en muchas regiones del país.

El propio Marco Fernández ha insistido en que la política educativa debe basarse en evidencia y no en decisiones improvisadas. Entre sus principales señalamientos está la urgencia de recuperar mecanismos de evaluación confiables, fortalecer la formación docente y enfocar los esfuerzos en aprendizajes fundamentales. Sin estos elementos, cualquier reforma educativa corre el riesgo de quedarse en el discurso y no traducirse en mejoras reales en el aula.

El papel del docente también ha sido afectado. Lejos de fortalecer su formación y brindarles herramientas claras para enfrentar los cambios, se les ha dejado en muchos casos a la deriva, con nuevas metodologías poco definidas y sin el acompañamiento necesario. Esto genera incertidumbre en el aula y repercute directamente en la calidad del aprendizaje de los estudiantes.

Es importante señalar que la educación no puede ni debe ser rehén de proyectos políticos o ideológicos. Su objetivo central debe ser el desarrollo integral de los alumnos, basado en evidencia, buenas prácticas y estándares internacionales. Países que han logrado avances significativos en educación han apostado por la continuidad, la evaluación constante y la inversión estratégica, no por cambios abruptos sin sustento técnico.

La situación actual exige una reflexión profunda y, sobre todo, acciones concretas. Es urgente recuperar el enfoque en habilidades básicas como la lectura comprensiva y el razonamiento matemático. También es indispensable invertir en la formación docente y garantizar condiciones dignas en las escuelas. La evaluación debe volver a ser una herramienta clave para medir avances y detectar áreas de oportunidad, no un tema tabú.

México no puede darse el lujo de seguir retrocediendo en educación. Cada generación que pasa por el sistema con deficiencias representa una oportunidad perdida para el país. La educación es, sin duda, la base del desarrollo social y económico. Ignorar las señales de alerta actuales es comprometer el futuro.

En conclusión, la caída en los estándares educativos en México no solo responde a decisiones gubernamentales, sino también a una preocupante falta de exigencia social. Ha faltado interés de amplios sectores de la ciudadanía, de muchas familias que han dejado de involucrarse activamente en la formación académica de sus hijos, y también de gobiernos de oposición que, en su mayoría, no han construido una alternativa educativa sólida. Con contadas excepciones, como el caso de Chihuahua, no ha existido una defensa firme por una educación de calidad sustentada en contenidos rigurosos y libros de texto bien estructurados. Sin presión social, sin corresponsabilidad familiar y sin contrapesos políticos efectivos, difícilmente se podrá revertir el deterioro educativo. Apostar por una educación de calidad requiere voluntad colectiva; de lo contrario, el rezago seguirá profundizándose.

 

ADN Marisela Terrazas
Marisela Terrazas

Ex Diputada por el PAN en Chihuahua. Doctorante en Ciencias de la Educación por la Universidad Libre de Bruselas, Bélgica. Maestra en Educación por UTEP, ex directora del Instituto Chihuahuense de la Juventud y experta en políticas públicas juveniles.


Las opiniones expresadas por los columnistas en la sección Plumas, así como los comentarios de los lectores, son responsabilidad de quien los expresa y no reflejan, necesariamente, la opinión de esta casa editorial.

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