En Chihuahua, la llama que encendió la Guerra por la Independencia de México estuvo a punto de extinguirse con el fusilamiento del padre Miguel Hidalgo y Costilla, la mañana del 30 de julio de 1811 en el antiguo Colegio de Jesuitas convertido en hospital militar.

La entereza del cura, momentos antes de ser ejecutado, impresionó a sus verdugos entre quienes incluso repartió dulces ese fatal día.

Hidalgo fue fusilado por el Ejército Realista, tras iniciar, 10 meses antes, el 16 de septiembre de 1810, la guerra que llevó a México a obtener su independencia de España, que no era el objetivo primario en ese momento.

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Así terminaba también en Chihuahua la primera etapa de esa lucha emprendida al grito de “Viva la religión. Viva nuestra madre Santísima de Guadalupe. Viva Fernando VII. Viva la América y muera el mal gobierno”, entendido este último como aquél que fue impuesto por el imperio francés y contra el cual conspiraban los criollos en la Nueva España.

Meses antes, tras ser derrotados y capturados el 21 de marzo de 1811 y en Las Norias de Baján, Hidalgo y 26 líderes insurgentes más fueron amarrados y conducidos a la villa de Chihuahua, donde la lucha que había emprendido no encontró mayor eco.

En efecto, en nuestro estado el apoyo a la causa se había traducido sólo en pequeños brotes de simpatía que no pasaron a la lucha armada y quedaron en meras conspiraciones descubiertas y sus participantes encarcelados o desterrados.

Y no tuvo eco debido a que condiciones que prevalecían en Chihuahua eran diferentes a las del centro del virreinato. Aquí fueron más evidentes y elocuentes las muestras de respaldo a la Corona española por ricos comerciantes y mineros, quienes incluso financiaron y mandaron voluntarios reclutados para combatir a los insurgentes.

Se considera que este fue uno de los motivos por los que el Ejército Realista decidió llevar a Hidalgo y a los demás jefes al territorio de Chihuahua para juzgarlos, encarcelar a unos y ejecutar a los principales líderes.

Los militares españoles, sabían que en Chihuahua los insurgentes no contaban con el apoyo popular que encontraron los rebeldes en otras partes del virreinato, principalmente en Guanajuato.

Sin embargo, los historiadores registran al menos tres intentos por organizar la lucha armada en el norte de la Nueva España, el primero con la finalidad de liberar a Hidalgo y a los demás insurgentes capturados en Las Norias del Baján, y el último para apoyar a José María Morelos y Pavón.

Este último se considera el más importante. La conspiración fue encabezada por el militar José Félix Trespalacios, Pablo Caballero y Gaspar de Ochoa, en noviembre de 1814.

Este grupo intentaba apoyar y secundar el levantamiento de José María Morelos y Pavón así como lograr que se restableciera la Constitución de Cádiz, expedida en marzo de 1812, la cual apenas había entrado en vigor ya que la mayor parte de España se encontraba en manos del gobierno pro francés de José I, hermano de Napoleón Bonaparte.

Trespalacios, quien también era síndico del Ayuntamiento, fue aprehendido por el mariscal Bonavía, el comandante de las Provincias Internas, gracias a una denuncia de los vecinos de Chihuahua y en especial de su Ayuntamiento.

El conspirador, fue sentenciado a 10 años de presidio ultramarino y al destierro perpetuo de las Provincias Internas.

Contrario a lo que se esperaba con el fusilamiento de Hidalgo, al paso de los años, la lucha insurgente siguió sin tregua, pero para 1821, las condiciones en España cambiaron así como los intereses de los principales militares del Ejército Realista en la Nueva España, quienes entablaron una alianza con el líder de la rebelión independentista.

El pacto quedó sellado en el Plan de Iguala firmado el 24 de febrero de 1821 por Agustín de Iturbide y Vicente Guerrero, el cual acercó más a la anhelada independencia.

En los meses siguientes, los militares realistas en las distintas provincias, se vieron en el dilema de mostrar su lealtad a un bando o el otro.

En la intendencia de la Nueva Vizcaya, las tropas realistas al mando del general Pablo Negrete, muestran su simpatía a Iturbide y toman la capital, Durango.

En Chihuahua, coherentes con su postura mantenida durante una década, los vecinos financiaron la salida de tropas locales hacia el sur para combatir a quienes traicionaron a la Corona.

Cuatrocientos hombres fueron enviados por el comandante Alejo García Conde, a reforzar la capital de la Provincia, pero ya no llegaron, el 21 de agosto en San Bartolomé, decidieron cambiar de bando y secundar el Plan de Iguala.

García Conde también haría lo mismo el 27 de agosto, terminando ese día el dominio español en Chihuahua.

Un mes después, el 27 de septiembre de 1821, las tropas de Vicente Guerrero y Agustín de Iturbide, llamadas el ejército Trigarante, entraron a la Ciudad de México y consumaban la Independencia.

Galería


Fuentes: Francisco R. Almada en “Visión Histórica de la Frontera Norte de México”; Luis Aboites, en “Breve Historia de Chihuahua”; Victor Orozco, en “¿Hidalgo o Iturbide?”; Graciela Altamirano y Guadalupe Villa en “Chihuahua, textos de su historia”; Martín González de la Vara, en “Breve Historia de Ciudad Juárez y su región”; www.inehrm.gob.mx

Juan de Dios Olivas
Juan de Dios Olivas
Periodista.

Periodista en Ciudad Juárez, Chihuahua, ha realizado su trabajo periodístico por espacio de dos décadas para la Organización Editorial Mexicana (OEM), MEGA Radio, El Diario de Juárez y Periódico Norte de Cd. Juárez. Cuenta con estudios de historia por la UACJ, actualmente es colaborador de La Verdad Juárez y A Diario Network.


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