El honor y la dignidad en la política

“Hablar de honor y dignidad en la política es como remar hoy en un océano lleno de tempestades”

El honor es un concepto con diversas aceptaciones, según se tome en una acepción subjetiva (lo que uno siente como su propio honor) o en su acepción social, como elemento que entra en juego en las relaciones sociales en nuestra civilización.

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Por lo regular entendemos como honor a la cualidad moral que impulsa a una persona a actuar rectamente, cumpliendo su deber y de acuerdo con la moral,

la persona que posee honor, no solo respeta sino que busca el respeto de los demás, el honor no se reconoce mas que cuando se demuestra y se gana ser una persona honorable.

La dignidad humana se encuentra en el fundamento del derecho al honor, la que justifica el deber de respetar a los demás. – Así el derecho al honor sería una derivación o emanación de la dignidad humana, entendido como derecho a ser respetado también por los demás.

Por lo tanto el honor deriva de las acciones y actos constantes de una persona para con los demás, para con la sociedad y para con él mismo, la coherencia en sus actos, la responsabilidad en sus acciones y el respeto harán que un hombre tenga derecho a ser hombre con honor siempre y cuando sean actos dignos y no atenten contra las normas sociales y buenas costumbres.

Un hombre de honor tiene palabra y su palabra tiene un valor único que respalda su nombre, sus acciones, su voluntad y sus compromisos, es la afirmación o promesa en que se compromete la propia dignidad como refuerzo del empeño adquirido o del ofrecimiento hecho, es la cualidad moral que lleva al cumplimiento de los propios deberes respecto del prójimo y de uno mismo.

¿Existe honor en la política? …. Debería de existir.

Mas sin embargo, una definición amplia de política nos haría definir la política como toda actividad, arte, doctrina u opinión, cortesía o diplomacia, tendientes a la búsqueda, al ejercicio, a la modificación, al mantenimiento, a la preservación o a la desaparición del poder público, y ya cuando hablamos de poder la política se comienza a distanciar rápidamente del honor aún y cuando la política está en todas las actividades de las personas en la vida y, la política, la utilizamos para defender nuestros propios intereses, o razones, de actuación cotidiana en la sociedad, la política negocía intereses y formas de pensamiento pero anteponiendo la honorabilidad de los interlocutores.

Hoy sin duda alguna, los políticos tienen parte muy importante de culpa en su descrédito ante la sociedad, se les considera como hombres y mujeres sin honor y sin dignidad como consecuencia misma de sus actos de corrupción y los escándalos en donde se han visto inmiscuidos, participantes o protagonistas.

En su descrédito los políticos también ha influido muchísimo sus traiciones y deslealtades a su patria en busca de la satisfacción única de sus muy personales intereses y bolsillos, predominando la altísima concentración de riqueza mal habida y la exhibición de fortunas, y modos de vida, que no les corresponderían a un actuar honorable, o si fuesen hombres o mujeres de honor y dignidad.

Y no solamente los políticos son considerados como gente sin honor sino también muchos empresarios que han conjugado intereses y fortunas con los políticos haciendo los grandes negocios sin escrúpulo alguno y amasando grandes fortunas con los bienes nacionales y ajenos habiendo perdido la dignidad y el honor que poco les importa.

Hay que recordar que Ronald Reagan y Margaret Thatcher levantaron dos banderas: contra el Estado y contra lo social. (No olvidemos el célebre lema de la primera ministra británica: la sociedad no existe, solo existen los individuos). Los objetivos eran privatización general y triunfo del individualismo asocial.

Cuando se promovió el individualismo por los neoliberales se perdió toda oportunidad de la armonía grupal perdiendo los valores, la decencia, la autoestima y el honor porque al actuar en lo individual en la sociedad se olvidan esos valores con la única mira de triunfar sobre los demás y al costo de lo que sea, traicionando y llegado el quebranto de la palabra y del honor.

Recordemos la insistencia del “trabajo en equipo” que tanto se ha promovido como resultado de ese individualismo social al que Donald Reagan y Margaret Thatcher promovieron, menospreciando al estado y llevando a la sociedad a lo asocial y a la pérdida de valores humanos y sociales con la finalidad de privatizar al estado, los bienes colectivos y los recursos naturales.

Al adaptarse a la cultura del individualismo sobre el colectivismo por supuesto se dejaron atrás valores sociales, valores humanos y se deshumanizó la política desechando a los políticos con un alto sentido del honor.

Cuando el poder llega todo lo demás se pierde, el poder corrompe y tiene la capacidad de corroer los cimientos sociales porque es corruptible y para que ello suceda es necesario que exista corrupto y corruptor y en eso cayó la sociedad al individualizarse, es más fácil corromper a un individuo que a todo un grupo.

Las ideologías desaparecieron ante los intereses y el dinero por no decir que se canjearon ante la fragilidad del individuo político y empresarial que hoy ejercen la política.

En paralelo a la extensión de la sospecha sobre los políticos y los empresarios, hoy se celebraban los comportamientos cada vez más laxos de los poderes económicos y judiciales, como si el sacrificio del político en desgracia y de fortuna fuera el ritual compensatorio del principio «todo está permitido» que rige al mundo del dinero hoy en día, en un momento la sociedad se convirtió en permisiva y el dinero ocupó el lugar de los principios, los valores, la dignidad y el honor.

Tenemos en México una clara muestra de todo lo anterior, Claudio X González el dirigente empresarial y político dueño de las voluntades de los dirigentes de los partidos PRI-PAN-PRD.

Para Claudio X González la supremacía de los intereses y del dinero ocupa el agenda del día, es la parte fundamental de la actividad destructiva que ejerce y lleva a cabo en contra de los intereses políticos, sociales y económicos de la inmensa mayoría de los mexicanos a quienes constantemente manifiesta su desprecio, acostumbrado a las “sociedades” con políticos que le generaban altísimos dividendos en negocios donde el inventario es cero, y la comercialización ha sido de papel, y que le resultó altamente beneficiosa para sus intereses y objetivos monetarios.

Una persona sin honor y dignidad, como Claudio X González, poco o nada le importa que el país se incendie como resultado de sus actividades políticas, destructivas y de obstaculización con tal de recoger el país en cenizas pero recuperar el poder, y medrar con los restos.

Claudio X González es un político empresario que manda a sus esbirros al campo de batalla para destruir, porque él no lo hace, y que cobardemente rehúye de sus responsabilidades no puede ser considerado como un hombre de palabra y de honor, no se le puede tratar con confianza porque practica perfectamente el arte de traicionar, un hombre nada honorable que practica el juego entre el amigo y el enemigo en que se convierte toda querella política y para él eso lo vale todo.

Cada paso más en el  descrédito de los políticos es un triunfo del poder económico en su intento de controlarlo todo, por eso Claudio X González manda a las actividades que generan descrédito político a sus subordinados de los partidos políticos, el descrédito de los políticos es provocado por los empresarios-políticos para quedar ellos como los únicos oportunistas, en su momento, para beneficiarse de todo.

No se han dado cuenta los políticos de que están jugando con ellos y los llevan como borreguitos al matadero y todo por mendrugos monetarios con lo que se conforman, el dinero para los políticos está siendo su verdugo.

El maiceo a los políticos es tan descarado que hasta su capacidad de análisis han perdido porque siguen al pie de la letra las instrucciones que le empresario-político Claudio X González les diseña lo que tienen que pensar, hacer, actuar y hablar.

Tiene que nacer una escuela de políticos jóvenes que tengan como principios sus valores, su honor y su dignidad pero el poder corruptor del empresario-político es más fuerte que doblega a cualquier débil sin filosofía de vida y valores éticos, humanos y morales.

En la sociedad hoy en día cuando hablas de honor y dignidad eres parte de burlas y escarnio porque no se entiende y no se quiere vivir con honor y dignidad, son un estorbo para poder hacer fortuna.

En el ámbito político, entre el político y el aspirante, se desarrolló el trueque para crecer en política y se detonó el trueque sexual como moneda de cambio.

Y de ahí nace el mal que nos agobia, la política sin honor y sin dignidad.

sabido
Raúl Sabido

Egresado de la Facultad de Comercio y Administración por la Universidad Autónoma de Tamaulipas. Su desarrollo profesional ha sido en empresas privadas en posiciones directivas donde a logrado acumular 42 años de servicio.