Hay tradiciones que no necesitan explicación porque viven en la memoria colectiva. La Feria de Santa Rita es una de ellas. Durante décadas ha sido un punto de encuentro para las familias chihuahuenses, un espacio donde convivir, celebrar y reconocernos como comunidad. Justamente por eso, duele cuando esa tradición empieza a alejarse de la gente.
En los últimos años, para muchas familias ir a la Feria dejó de ser una decisión espontánea y se convirtió en un cálculo. Cuánto cuesta entrar, cuánto cuestan los juegos, si alcanza para comer algo. Esa no debería ser la lógica de un evento que se sostiene, en parte, con recursos públicos. Cuando una feria financiada por todas y todos se vuelve inaccesible, algo se desvió del camino.
No se trata solo de precios. Se trata del sentido social que se va perdiendo cuando las decisiones se toman sin mirar a las familias. Una feria no es únicamente un negocio, es un espacio de convivencia, identidad y disfrute. Cuando ese equilibrio se rompe, la tradición se vacía de contenido.
También hay un impacto económico que no puede ignorarse. El desplazamiento de empresarios chihuahuenses en la operación de juegos mecánicos y atracciones reduce la competencia y afecta directamente a la economía local. Menos participación local suele traducirse en menos opciones y precios más altos. Apostar por empresarios del municipio no es un favor, es una estrategia que beneficia a la ciudad y a sus habitantes.
Por eso presenté un exhorto en el Congreso del Estado. No como un gesto simbólico, sino como una propuesta con soluciones claras: transparencia en el uso de los recursos públicos que aportan el Gobierno del Estado y el Municipio; procesos abiertos, modernos y justos para asignar los espacios; y la garantía de que al menos el 50 por ciento de las atracciones sean operadas por empresarios locales de Chihuahua.
Lamentablemente, este exhorto fue turnado a comisiones. Una decisión que preocupa, porque ya hemos visto este camino antes. El caso del relleno sanitario es un ejemplo claro: un tema urgente, con implicaciones ambientales y de salud, que sigue detenido sin respuestas concretas. Cuando los asuntos se envían a comisiones sin plazos ni voluntad política, el mensaje hacia la ciudadanía es de indiferencia.
Desde el Congreso no podemos normalizar que los problemas se archiven. Nuestra responsabilidad es discutirlos, corregirlos y resolverlos. Gobernar también implica revisar lo que no está funcionando y tener la voluntad de cambiarlo.
La Feria de Santa Rita puede recuperar su esencia. Puede volver a ser un espacio accesible, transparente y verdaderamente familiar. Las soluciones están sobre la mesa. Ahora lo que se necesita es decisión política y compromiso con las familias chihuahuenses, que son, al final, para quienes debería pensarse cada política pública.

Brenda Ríos
Orgullosa Chihuahuense. Amo y respeto la naturaleza. Soy mamá de Alex Benjamin, Austria Camila y esposa de Alex LeBaron. Mi pasión siempre ha sido el servicio público/civil, me inspira luchar por grandes causas que cambien el mundo. Empresaria agrícola y consultora ambiental.


