A ver, acérquense porque esta semana tenemos que hablar de escandalo internacional, de esos que terminan obligándonos a abrir el libro de historia.
Y nuestra protagonista es Converse.
Sí, Converse. La de los Chuck Taylor, los tenis que prácticamente han sobrevivido a todas las tribus urbanas habidas y por haber.
Resulta que la marca lanzó una campaña protagonizada por Karina, integrante del grupo surcoreano aespa. Hasta ahí todo normal: estrella del K-pop, marca mundial, tenis, fotografía artística… publicidad siendo publicidad.
El problema llegó cuando internet hizo lo que mejor sabe hacer: CANCELAR
En una de las imágenes, Karina aparece vestida de blanco sosteniendo unos Converse negros. Sobre su ropa cae una iluminación que forma una figura puntiaguda. Hasta aquí podríamos decir: “Ángeles, es una sombra”.
Sí.
Pero espérense.
Porque usuarios en redes comenzaron a señalar que esa combinación visual les recordaba la túnica y la capucha asociadas con el Ku Klux Klan. Además, por la posición de los tenis negros y la composición de la fotografía, algunas personas interpretaron la escena como una referencia visual a los linchamientos de personas negras en Estados Unidos.
Y ahí la cosa dejó de ser solamente un asunto de diseño.
Converse terminó retirando la publicidad y pidió disculpas. La empresa reconoció que la imagen había resultado profundamente perturbadora y dijo que no era su intención provocar ese daño.
Aquí quiero detenerme porque en redes sociales ya sabemos cómo funciona esto: alguien dice “parece”, cinco minutos después otro publica “claramente significa” y para la hora del café ya tenemos una conspiración internacional perfectamente organizada.
No.
Hasta ahora no existe evidencia pública que demuestre que Converse haya querido enviar deliberadamente un mensaje racista o hacer referencia al KKK.
Y decirlo es importante.
Porque combatir el racismo también implica hacerlo con argumentos serios y no convertir nuestras sospechas en hechos simplemente porque encajan perfectamente en nuestra indignación.
Pero que no haya evidencia de intención tampoco significa que aquí no pasó nada.
Porque entonces apareció otro pequeño detalle.
Otra campaña de Converse mostraba zapatos colgados de las ramas de un árbol mientras unas personas utilizaban una escalera para alcanzarlos.
Ay, Converse.
De todas las composiciones visuales disponibles en este planeta, terminaron con unos tenis colgando de un árbol precisamente mientras la marca estaba siendo cuestionada por imágenes asociadas con linchamientos.
Una coincidencia desafortunada puede ocurrir.
Dos ya ameritan preguntarnos qué demonios está pasando en los procesos de revisión.
Y aquí es donde se pone bueno.
Porque la historia importa
Los linchamientos de personas negras en Estados Unidos no son una interpretación exagerada de las redes sociales.
Son historia documentada.
La Equal Justice Initiative ha documentado cerca de 6,500 linchamientos por terror racial de personas negras entre 1865 y 1950 en Estados Unidos. No se trataba simplemente de asesinatos individuales: fueron herramientas de terror destinadas a mantener la supremacía blanca, intimidar comunidades y sostener un determinado orden racial.
Y durante décadas muchas de esas atrocidades ocurrieron públicamente.
No escondidas.
Públicamente.
Con multitudes.
Con familias mirando.
Con autoridades que en muchos casos permitieron que los responsables actuaran con impunidad.
Por eso una persona negra estadounidense puede mirar unos zapatos negros suspendidos junto a una figura blanca puntiaguda y encontrar una referencia histórica que otra persona jamás habría advertido.
No porque una sea “demasiado sensible”.
Sino porque las imágenes también tienen memoria.
Y aquí está precisamente lo interesante del asunto.
¿Quién decide lo que significa una imagen?
Porque seguramente alguien dentro del equipo creativo de Converse vio esa fotografía y pensó:
“Arte”.
Otro probablemente pensó:
“Conceptual”.
Algún ejecutivo seguramente dijo:
“Juventud, rebeldía, autenticidad”.
Porque en publicidad siempre hay alguien diciendo “autenticidad” mientras observa una presentación de PowerPoint.
Pero nadie parece haber levantado la mano para preguntar:
“Oigan… ¿esto no les recuerda a otra cosa?”
Y ese es el verdadero problema que me deja esta polémica.
No necesito creer que existe una conspiración secreta dentro de Converse.
Francamente, la explicación de que nadie lo haya detectado me parece suficientemente preocupante.
Porque estamos hablando de una empresa multinacional.
Estas fotografías no aparecen mágicamente en Instagram.
Hay fotógrafos, directores creativos, productores, editores, agencias, departamentos de marketing, responsables regionales, ejecutivos y personas encargadas de aprobar campañas.
¿Y nadie vio nada?
Entonces quizá la pregunta no debería ser únicamente quién diseñó la fotografía.
También tendríamos que preguntarnos quiénes están sentados en las mesas donde estas fotografías se aprueban.
Porque la diversidad no consiste solamente en poner personas negras, asiáticas, latinas o indígenas frente a una cámara.
También importa quién está detrás.
Quién toma decisiones.
Quién conoce otras historias.
Quién puede levantar la mano antes de publicar algo y decir:
“Espérense tantito”.
Eso también es representación.
No todo es racismo, pero el racismo tampoco desaparece porque no lo veamos
Vivimos en una época bastante curiosa.
Si señalas racismo, inmediatamente aparece alguien diciendo:
“Ya todo les ofende”.
Pero si guardas silencio, después escuchamos:
“¿Y por qué nadie dijo nada?”
Pues porque llevamos décadas enseñándole a determinadas comunidades que hablar de racismo incomoda más que el racismo mismo.
Y tampoco se trata de revisar cada anuncio con lupa buscando mensajes secretos entre las sombras.
Eso sería absurdo.
Pero cuando una imagen activa una memoria histórica tan brutal en miles de personas, una empresa responsable no debería limitarse a preguntar:
“¿Era nuestra intención?”
También debería preguntarse:
“¿Cómo no lo vimos?”
Converse hizo bien en retirar la publicidad y disculparse.
Pero retirar una fotografía es la parte fácil.
La pregunta incómoda viene después:
¿qué falló para que llegara hasta ahí?
Porque una campaña mundial atraviesa demasiados ojos antes de llegar a los nuestros.
Y quizá esa sea la enseñanza detrás de todo este escándalo.
No sabemos si alguien quiso representar al Ku Klux Klan.
No sabemos si alguien pretendió hacer referencia a los linchamientos.
Y mientras no exista evidencia, afirmar lo contrario sería irresponsable.
Pero sí sabemos algo:
Muchas personas negras observaron esas imágenes y reconocieron símbolos asociados con una historia de terror que no desapareció simplemente porque hoy aparezca impresa en una campaña de tenis.
Y eso merece ser escuchado.
Porque la publicidad podrá vender rebeldía, juventud, estilo o libertad.
Pero las imágenes no nacen en un vacío.
Cargan símbolos.
Cargan contexto.
Cargan historia.
Y algunas también cargan heridas.
Así que la próxima vez que alguien en una junta de marketing diga:
“Está increíble, súbanla”…
quizá convendría que alguien más levante la mano y pregunte:
“¿Estamos seguros?”
Porque después sale más caro contratar al departamento de relaciones públicas para explicar que nadie se dio cuenta.

Ángeles Gómez
Fundadora en 2014 de Ángeles Voluntarios Jrz A.C. dedicada al desarrollo de habilidades para la vida en la niñez y juventud del sur oriente de la ciudad. Impulsora del Movimiento Afromexicano, promoviendo la visibilización y sensibilización sobre la historia y los derechos de las personas afrodescendientes en Juárez.
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