Durante décadas, Ciudad Juárez no sólo fue el mejor ejemplo del modelo manufacturero de exportación en México. Fue su origen.
Desde la frontera norte se gestó el modelo maquilador que, con el tiempo, marcaría la trayectoria industrial del país: integración con Estados Unidos, intensividad en mano de obra y especialización en procesos productivos fragmentados. Juárez convirtió su ubicación en ventaja, su capacidad de absorción laboral en motor y su vínculo binacional en plataforma de crecimiento.
Hoy, ese mismo modelo enfrenta su mayor prueba. No porque haya dejado de funcionar, sino porque dejó de ser suficiente.
Esa es, en esencia, la advertencia que plantea WTF con Juárez: un policy paper construido desde la experiencia de empresarios, académicos y actores clave de la región. Y su punto de partida es claro: Juárez no es un caso de rezago. Es un caso de éxito… bajo las reglas de una etapa que está cambiando.
Durante más de seis décadas, la ciudad consolidó uno de los ecosistemas manufactureros más dinámicos del país. Su capacidad para atraer inversión, generar empleo formal y operar como nodo logístico binacional la convirtió en referencia obligada del desarrollo industrial fronterizo.
Pero ese éxito no fue estático. Con el paso del tiempo, la mano de obra se fue especializando y la ciudad avanzó —gradualmente— dentro de las cadenas globales de valor. Juárez dejó de ser sólo un espacio de ensamble simple para incorporar procesos más complejos.
El problema es cómo ocurrió ese escalamiento. No fue resultado de una estrategia deliberada de sofisticación productiva, sino, en gran medida, de la experiencia acumulada dentro del propio modelo. Un crecimiento más adaptativo que estratégico. Más reactivo que dirigido.
Y eso importa, porque las reglas del juego cambiaron. La reconfiguración de las cadenas globales de valor (impulsada por tensiones geopolíticas y el nearshoring) está elevando el nivel de exigencia. Las industrias que hoy definen la nueva frontera productiva —semiconductores, electromovilidad, inteligencia artificial— ya no se instalan sólo donde es más barato producir, sino donde es posible producir con mayor sofisticación.
Aquí aparece el punto de inflexión. El propio WTF con Juárez lo plantea con claridad: en estas industrias, la disponibilidad de talento especializado pesa más que los incentivos fiscales. No es una hipótesis académica. Es la lógica bajo la cual se están tomando decisiones de inversión.
Eso cambia la naturaleza de la competencia. Porque el modelo que hizo exitosa a Ciudad Juárez se construyó sobre ventajas pasivas: ubicación, costos, escala. La siguiente etapa exige capacidades activas: talento, innovación, articulación institucional. No se trata de abandonar la manufactura, sino de redefinirla.
La pregunta ya no es cuántas plantas puede atraer Juárez, sino qué tan complejas pueden ser. Y ahí emerge la verdadera restricción. No industrial, sino formativa.
Chihuahua, y Juárez en particular, no carece de talento en términos de cobertura. El problema es que el sistema no logra producir, articular ni retener las capacidades que exige una economía más sofisticada. El resultado es una paradoja persistente: más escolaridad, sin el salto equivalente en productividad.
En otras palabras, el sistema está graduando alumnos, pero la economía necesita capacidades. Si a esto sumamos hallazgos como los del Diagnóstico de Pertinencia Educativa, donde el 54% empleadores señalan brecha socioemocional como principal, se hace evidente también la necesidad de modelos de formación integral.
Lo que está en juego, entonces, no es menor. Juárez no sólo enfrenta la necesidad de evolucionar su estructura productiva. Enfrenta el riesgo de quedar rezagado frente a regiones que han logrado transitar más rápido hacia modelos basados en conocimiento. Porque en la nueva economía, la competencia ya no se da entre ciudades que producen más, sino entre ciudades que saben producir mejor.
Y esa transición no es incremental. Es disruptiva. Porque transformar la industria implica también transformar el trabajo. Y esa es una conversación que apenas empieza.

Luis Enrique Villavicencio
Especialista en desarrollo económico y vinculación estratégica entre academia, industria y sector público. Enfocado en fortalecer MIPYMES y alinear la formación con el sector productivo, analiza el entorno económico con visión crítica y enfoque propositivo para impulsar la competitividad regional.
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