Una economía no sólo necesita tener empresas, sino crear empresas nuevas.
La diferencia parece menor, pero no lo es. Cada empresa que nace puede convertirse en empleo, riqueza, recaudación, proveedor, innovación y, eventualmente, en la semilla de otra empresa. En una economía industrial como la de Chihuahua, además, existe una posibilidad particularmente relevante: que el conocimiento acumulado dentro de las fábricas, universidades y centros tecnológicos termine convirtiéndose en nuevos negocios, desde proveedores especializados hasta empresas de tecnología y spin-offs.
Ese es el verdadero reto pues, durante años, Chihuahua ha construido una importante capacidad para atraer industria de exportación. Pero atraer empresas no necesariamente significa reproducir capacidades empresariales dentro del territorio, y esa diferencia importa cada vez más.
Mi investigación sobre los empresarios ligados a la industria de exportación en Chihuahua partió precisamente de esa pregunta: ¿cómo logran algunos empresarios locales insertarse en cadenas globales de valor mientras otros permanecen fuera de ellas? La respuesta no estaba únicamente en el capital. También aparecían la experiencia, el conocimiento, las redes, la capacidad de asumir riesgos, las relaciones con otras empresas y, sobre todo, el entorno institucional y productivo en el que esas decisiones ocurrían.
Por eso resulta pertinente observar los cambios recientes en la política pública empresarial. Después de varios años en los que desapareció la institución federal especializada en emprendimiento que existía antes de 2018, hoy vuelven a cobrar importancia instrumentos como el acceso al crédito para las MiPyMEs y esquemas fiscales como el RESICO.
Son avances que pueden atender restricciones concretas. Pero una empresa no nace, sobrevive y crece únicamente porque tiene crédito o porque enfrenta menores costos de cumplimiento fiscal.
Lo que una empresa necesita son clientes, proveedores, capacidades administrativas, talento, tecnología, información sobre mercados, redes. Y cuando intenta crecer, necesita mecanismos de financiamiento distintos a los que requiere para comenzar.
Antes existía, con todos sus problemas y limitaciones, un enfoque institucional más amplio alrededor del INADEM y del Fondo Nacional Emprendedor: financiamiento, garantías, incubación, capacitación, aceleración, innovación, adopción tecnológica y desarrollo empresarial. No se trata de idealizar aquel modelo ni de suponer que todos sus instrumentos funcionaron. Se trata de reconocer algo que sí vale la pena recuperar: la creación de empresas era entendida como un proceso que requería varias piezas simultáneamente.
Es aquí donde aparece una conexión importante con el caso de Chihuahua y su experiencia industrial.
Un ecosistema empresarial no es simplemente un conjunto de empresas instaladas en un territorio. Es una red en la que circulan conocimiento, capital, trabajadores, proveedores, clientes y oportunidades. Mi investigación encontró precisamente que las relaciones entre empresarios, multinacionales, universidades, organismos empresariales y Estado condicionan las posibilidades de que una empresa local pueda incorporarse a las cadenas globales de valor.
Por ello, no deberíamos preguntarnos solamente cuántas empresas nuevas queremos abrir. Deberíamos preguntarnos qué tan capaz es Chihuahua de producir las condiciones para que aparezcan las siguientes empresas. Porque una planta puede traer conocimiento al territorio, pero ese conocimiento sólo se convierte en capacidad regional cuando alguien puede apropiárselo, combinarlo con experiencia, convertirlo en un producto o servicio y llevarlo al mercado.
Así es como una política empresarial deja de ser una política de créditos y se convierte en una política de desarrollo. Chihuahua ha construido una economía industrial capaz de atraer capital y producción global. El siguiente paso es construir algo más difícil: un ecosistema con suficiente densidad empresarial para que parte de ese conocimiento termine generando nuevas empresas desde el propio territorio.
Realmente, la verdadera fortaleza de una economía no está solamente en las empresas que logra atraer. Está también en su capacidad para producir las siguientes.

Luis Enrique Villavicencio
Especialista en desarrollo económico y vinculación estratégica entre academia, industria y sector público. Enfocado en fortalecer MIPYMES y alinear la formación con el sector productivo, analiza el entorno económico con visión crítica y enfoque propositivo para impulsar la competitividad regional.
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