Lo que sucede en Estados Unidos también nos importa

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A veces pensamos que lo que sucede en otros países no tiene mayor relevancia para México. Mucho menos cuando se trata de sus procesos electorales. Nos acostumbramos a observar las campañas, los debates y las decisiones políticas de otras naciones como si fueran acontecimientos lejanos, ajenos a nuestra realidad. Sin embargo, pocas veces hacemos una reflexión sobre cuánto influye lo que sucede al otro lado de la frontera en nuestra vida cotidiana.

Para México, y particularmente para quienes vivimos en la frontera norte, las elecciones de Estados Unidos tienen una importancia que va mucho más allá de quién ocupa la Casa Blanca o qué partido obtiene la mayoría en el Congreso. Las decisiones que toman sus gobernantes repercuten directamente en nuestra economía, nuestra seguridad, nuestra dinámica migratoria y nuestra relación bilateral.

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Por eso, ante un nuevo proceso electoral en Estados Unidos, vale la pena poner sobre la mesa algunos de los temas que han marcado la administración de Donald Trump y que nos permiten entender por qué debemos estar atentos a lo que ocurre en nuestro país vecino.

Uno de los asuntos más relevantes ha sido la seguridad. La administración Trump ha mantenido una postura de presión hacia el Gobierno mexicano, particularmente en lo relacionado con el combate al narcotráfico y las organizaciones criminales. Las advertencias sobre posibles acciones unilaterales, las exigencias de mayores resultados y las medidas relacionadas con la cancelación de visas a personas presuntamente vinculadas con actividades ilícitas han colocado este tema en el centro de la relación bilateral.

Para el Gobierno Federal mexicano, estas acciones han representado una presión sobre la soberanía nacional y han generado tensiones diplomáticas. Sin embargo, también debemos reconocer que la exigencia de resultados en materia de seguridad responde a una problemática que afecta a ambos países. El reto está en encontrar mecanismos de cooperación que permitan combatir al crimen organizado sin comprometer la soberanía, pero tampoco utilizarla como argumento para evadir responsabilidades.

Otro tema que impacta directamente a miles de familias mexicanas es la política migratoria. Las decisiones de Estados Unidos sobre el otorgamiento y la permanencia de visas, los controles fronterizos y las restricciones migratorias tienen consecuencias que van mucho más allá de quienes buscan cruzar de manera irregular.

En los últimos meses, las advertencias sobre posibles cancelaciones de visas relacionadas con el llamado turismo de nacimiento, así como las revisiones a ciudadanos estadounidenses que facilitan domicilios para este tipo de prácticas, han generado preocupación entre muchas familias mexicanas. Independientemente de los alcances específicos de estas medidas, lo cierto es que la política migratoria estadounidense tiene un efecto directo en nuestra sociedad.

Para quienes vivimos en Ciudad Juárez, este tema no es una discusión abstracta. Miles de personas cruzan diariamente por razones laborales, educativas, familiares, comerciales o de atención médica. Cualquier cambio en los criterios migratorios modifica nuestra dinámica cotidiana y puede representar un obstáculo para quienes mantienen una relación estrecha con ambos lados de la frontera.

Finalmente, está el tema económico. Estados Unidos es nuestro principal socio comercial y cualquier decisión de su gobierno tiene repercusiones en México. La política arancelaria, las decisiones fiscales y la incertidumbre sobre el rumbo de su economía impactan directamente en nuestras exportaciones, el empleo, las inversiones y el tipo de cambio.

A esto se suma la discusión sobre la inflación y las tasas de interés. Las presiones del presidente Trump sobre la Reserva Federal para modificar la política monetaria han generado incertidumbre sobre la conducción económica estadounidense. Aunque la Reserva Federal conserva su autonomía institucional, la relación entre las decisiones del gobierno y las autoridades monetarias es un factor que los mercados observan con atención.

En la frontera, estas variaciones se sienten de manera particular. Nuestra economía está profundamente vinculada al dólar, al comercio internacional y al consumo de ciudadanos de ambos países. Cuando la economía estadounidense se desacelera, cuando cambian las tasas de interés o cuando aumenta la incertidumbre, también lo resienten nuestros negocios, nuestras empresas y nuestras familias.

Estos son solamente algunos ejemplos de por qué las elecciones estadounidenses deberían ser un tema de interés para todos los mexicanos. No se trata de tomar partido por un candidato o un partido político extranjero, sino de entender que las decisiones de quienes gobiernan a nuestro principal socio comercial tienen consecuencias reales en nuestro país.

Como lo hemos comentado en esta columna, a todos debería interesarnos la política. No es un asunto exclusivo de quienes militan en un partido, ocupan un cargo público o participan en una campaña electoral. La política está presente en nuestra vida diaria, en las oportunidades de nuestros hijos, en la seguridad de nuestras calles, en el costo de los productos que consumimos y en las posibilidades de desarrollo de nuestras familias.

Por eso, ignorar lo que sucede en Estados Unidos, particularmente en un momento en el que sus decisiones pueden redefinir la relación con México, sería un grave error. No podemos darnos el lujo de ser espectadores desinformados de acontecimientos que afectan directamente nuestro presente y nuestro futuro.

Pero tampoco podemos limitarnos a observar lo que hacen los gobiernos extranjeros. Debemos cuestionar, analizar y exigir que nuestros propios gobernantes estén a la altura de los retos que enfrenta el país. La soberanía no puede convertirse en un pretexto para la inacción, ni la relación con Estados Unidos puede reducirse a una confrontación política que termine perjudicando a los ciudadanos.

México necesita una política exterior inteligente, firme y estratégica, pero también un gobierno capaz de asumir responsabilidades, defender los intereses nacionales y construir acuerdos que se traduzcan en resultados.

Porque, al final, las decisiones que se toman en Washington sí nos afectan, pero las decisiones —y las omisiones— de quienes nos gobiernan en México también tienen consecuencias. Y una ciudadanía que no se informa, que no cuestiona y que no participa termina dejando su futuro en manos de otros. No podemos exigir buenos gobiernos si primero no asumimos nuestra responsabilidad de entender, participar y decidir.

ADN Marisela Terrazas
Marisela Terrazas

Ex Diputada por el PAN en Chihuahua. Doctorante en Ciencias de la Educación por la Universidad Libre de Bruselas, Bélgica. Maestra en Educación por UTEP, ex directora del Instituto Chihuahuense de la Juventud y experta en políticas públicas juveniles.


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