Canadá mira hacia Europa ¿y México hacia dónde?

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El orden mundial está cambiando y algunos países parecen haber comprendido antes que otros que la soberanía del siglo XXI no consiste en aislarse, sino en construir alianzas que permitan reducir dependencias y ampliar oportunidades.

El pasado 17 de septiembre, el primer ministro de Canadá, Mark Carney, pronunció un discurso ante el Parlamento Europeo en el que recibió favorablemente la propuesta de convertir a su país en el primer miembro asociado de la Unión Europea. Aunque se trata de una figura todavía por definir, el anuncio representa un movimiento geopolítico de enorme trascendencia para América del Norte y, particularmente, para México.

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La decisión canadiense no puede entenderse al margen de las tensiones comerciales con Estados Unidos y del creciente cuestionamiento al sistema internacional que durante décadas sostuvo la globalización. Frente a un escenario de incertidumbre, Canadá ha decidido ampliar sus márgenes de maniobra y fortalecer sus relaciones estratégicas con Europa. Lo verdaderamente relevante no es la eventual membresía asociada, sino el mensaje político que transmite: Canadá no está dispuesto a que su futuro económico dependa exclusivamente de las decisiones de Washington. Para México, esta determinación debería abrir una reflexión profunda.

Durante décadas hemos construido una relación económica extraordinariamente estrecha con Estados Unidos. El Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) consolidó una integración productiva que ha generado inversiones, empleos y oportunidades. Sin embargo, también nos ha colocado en una posición vulnerable frente a decisiones comerciales, políticas y migratorias tomadas fuera de nuestras fronteras.

La revisión del T-MEC en 2026 ha puesto nuevamente sobre la mesa una realidad incómoda: la interdependencia económica no siempre significa equilibrio en el poder de negociación.Mientras Canadá busca diversificar sus alianzas sin abandonar el mercado norteamericano, México enfrenta el desafío de hacer exactamente lo mismo.

Nuestro país cuenta con una ventaja importante. En mayo de 2026 firmó con la Unión Europea la modernización de su Acuerdo Global, un instrumento que ofrece nuevas posibilidades de cooperación económica, tecnológica y política. No obstante, firmar acuerdos internacionales es apenas el primer paso; el verdadero reto consiste en convertirlos en inversiones, transferencia tecnológica, innovación y mejores condiciones de vida.

La aproximación de Canadá a Europa también podría transformar las cadenas productivas norteamericanas. Si ambos bloques profundizan su cooperación en inteligencia artificial, minerales estratégicos, energía e industrias avanzadas, México deberá decidir si quiere participar como socio competitivo o limitarse a conservar su papel tradicional como plataforma manufacturera.  Y aquí aparece una cuestión fundamental: la geopolítica no solamente se construye desde las cancillerías. Sus consecuencias se reflejan en las ciudades fronterizas, los corredores industriales, las universidades y las oportunidades laborales de millones de personas.

Para una ciudad como Ciudad Juárez, cuya economía está profundamente vinculada con la industria de exportación, cualquier reconfiguración comercial de América del Norte puede representar nuevos desafíos, pero también oportunidades para atraer inversiones europeas, diversificar mercados y desarrollar capacidades tecnológicas.

México no necesita elegir entre Estados Unidos y Europa. Necesita una política exterior capaz de relacionarse estratégicamente con ambos, fortalecer su posición dentro del T-MEC y abrir nuevos espacios de cooperación internacional.

La lección canadiense es clara: la soberanía no se defiende únicamente mediante discursos, sino construyendo alternativas reales.

En un mundo donde las alianzas se redefinen y las potencias reorganizan sus intereses, permanecer inmóviles también constituye una decisión política, aunque probablemente la menos conveniente.

Canadá ya está mirando hacia el otro lado del Atlántico. La pregunta que debemos hacernos es si México tiene la visión estratégica necesaria para mirar más allá de su frontera norte.

ADN Daniela GonzalezLara
Daniela González Lara

Abogada y Dra. en Administración Pública, especializada en litigio, educación y asesoría legislativa. Experiencia como Directora de Educación y Coordinadora Jurídica en gobierno municipal


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