¿Qué pasaría si la historia que aprendimos en la escuela fuera apenas una parte de lo que realmente ocurrió? ¿Y si el 12 de octubre no solo marcara el encuentro entre dos mundos, sino también el inicio de una transformación que todavía define quiénes somos?
Durante décadas, el Día de la Raza ocupó un lugar en los calendarios escolares de México. Aprendimos que, en 1492, Cristóbal Colón llegó a América y que aquel acontecimiento cambió el curso de la historia. Pero pocas veces nos detuvimos a preguntar: ¿encuentro para quién?, ¿descubrimiento desde qué perspectiva?, ¿y qué existía en este continente mucho antes de que Europa pusiera sus ojos en él?
América no estaba esperando ser descubierta. Aquí florecían civilizaciones con conocimientos astronómicos, sistemas de organización, ciudades, lenguas y expresiones culturales extraordinarias. Había pueblos con historias propias, creencias y formas de comprender el universo. Para ellos, la llegada de los europeos no fue el comienzo de su historia, sino el inicio de una nueva y profunda ruptura.
Lo que siguió fue mucho más complejo que una simple mezcla de culturas. Hubo intercambios, nuevas costumbres y transformaciones que dieron origen a sociedades distintas, pero también conquista, epidemias, explotación y despojo. Comprenderlo exige mirar más allá de los relatos que simplifican el pasado y reconocer que la historia cambia dependiendo de quién la cuenta.
Entonces, ¿qué celebramos realmente cada 12 de octubre?
La pregunta no busca borrar una parte de nuestra historia ni condenar el presente por los acontecimientos del pasado. Busca algo más importante: comprender cómo llegamos a ser lo que somos.
México es un país construido sobre múltiples raíces. Nuestra identidad reúne la herencia de los pueblos originarios, la influencia europea y las aportaciones africanas, entre otras. Está presente en nuestras palabras, en la comida que compartimos, en las tradiciones que heredamos y hasta en la manera en que entendemos la familia, la comunidad y la vida.
Sin embargo, existe una contradicción que merece nuestra atención: nos sentimos orgullosos de nuestra riqueza cultural, pero todavía hay lenguas indígenas que desaparecen, comunidades que enfrentan discriminación y personas que deben defender su identidad frente a los prejuicios.
¿De qué sirve presumir nuestras raíces si no siempre reconocemos a quienes las mantienen vivas?
Quizá por eso esta fecha importa más de lo que parece. No se trata únicamente de recordar a Colón ni de repetir una lección de historia. Se trata de preguntarnos qué lugar concedemos a nuestra diversidad y qué estamos haciendo para que el legado de nuestros pueblos originarios no termine convertido en una pieza de museo.
En México, la conmemoración oficial se denomina actualmente Día de la Nación Pluricultural, una expresión que pone en primer plano la diversidad de los pueblos que conforman el país. El cambio de nombre también refleja una transformación en la manera de interpretar nuestro pasado: ya no basta con contar lo ocurrido; necesitamos escuchar las voces que durante mucho tiempo quedaron en segundo plano.
Porque una nación que desconoce sus raíces corre el riesgo de confundir su identidad con una versión incompleta de sí misma.
Tal vez el verdadero valor del 12 de octubre no esté en decidir si debemos celebrar o lamentar, sino en atrevernos a comprender. En reconocer que nuestra historia tiene luces y sombras, que nuestra identidad es más profunda que cualquier etiqueta y que la memoria cultural no consiste en vivir mirando hacia atrás, sino en entender mejor el presente.
Este 12 de octubre, antes de repetir lo que nos enseñaron, vale la pena hacernos una pregunta: ¿conocemos realmente la historia de nuestros orígenes o solamente hemos aprendido a contarla de una manera?
La respuesta puede decir mucho más de nosotros que cualquier fecha escrita en el calendario.

Mayra Machuca
Abogada, Activista, Columnista, Podcaster.
Especializada en análisis y asesoría jurídica, cuenta con experiencia administrativa y jurídica con habilidades destacadas en la resolución de problemas y coordinación de tareas. Experta toma de decisiones estratégicas. Activa en Toastmasters y Renace y Vive Mujer.


