Ciudad Juárez aparece cada vez que se habla de récords de exportación. En el primer semestre de 2026, las exportaciones mexicanas sumaron 353,378 millones de dólares, un crecimiento de 25.1%. Chihuahua se mantuvo como líder exportador entre los estados, y Juárez fue una pieza central de ese resultado.
La cifra merece reconocimiento. Pero también obliga a preguntarnos: ¿cuánto de esa riqueza se queda en la ciudad y cuánto cuesta sostener el modelo que la produce?
No tenemos que suponer la respuesta. Podemos empezar por medirla. ¿Cuánto invierten los gobiernos en calles, cruces, transporte, agua y servicios que necesita la actividad industrial? ¿Qué parte de esa inversión beneficia también a las colonias y a quienes trabajan en las plantas? ¿Cuántos proveedores locales venden a la maquila y qué proporción de sus insumos se compra aquí?
Un dato permite dimensionar el reto: en 2022, apenas el 1.95% de los insumos consumidos por la industria IMMEX en Juárez eran nacionales, según el diagnóstico del Plan de Desarrollo Urbano. Ese porcentaje tiene toda la vida sin moverse. Es mas cada vez la industria maquiladora desarrolla menos proveedores. La cifra no explica por sí sola toda la economía juarense, pero sí muestra una brecha enorme entre fabricar para el mundo y desarrollar una red de proveedores en casa. Es por eso tan importante impulsar una iniciativa de ley de desarrollo de proveedores.
También hay que mirar el empleo. Si el 61% del empleo formal de la ciudad depende de la maquila, como señalan las cifras citadas, Juárez queda expuesta a decisiones tomadas fuera: cambios en pedidos, tecnología, aranceles o estrategias empresariales pueden repercutir directamente en miles de hogares. Exportar más no elimina esa vulnerabilidad.
Por eso hace falta un balance público de la actividad exportadora. No para negar su importancia, sino para saber qué resultados entrega a la ciudad. Ese balance debería informar cuánto invierten empresas y gobiernos en infraestructura; cuántos empleos se crean y con qué salarios; qué proporción de las compras se queda con proveedores locales; y qué metas se cumplirán para mejorar esos resultados.
Si una empresa recibe infraestructura, acceso a talento y una ubicación estratégica, la comunidad puede exigir transparencia sobre los beneficios compartidos. Las metas deben ser realistas, públicas y medibles. “Generar inversión” no puede ser la respuesta a todo, ni “así funciona la industria” puede cerrar la conversación.
Juárez no necesita escoger entre exportar y vivir mejor. Necesita que el éxito exportador también fortalezca a sus empresas, mejore los empleos y contribuya a una ciudad con mejores servicios. Hoy sabemos cuánto se exporta. Lo pendiente es cuánto recibe Juárez y cuánto pone para hacerlo posible.
Si vamos a celebrar los récords, también debemos publicar la cuenta completa y trabajar en todo el ecosistema. Por años el Estado y el Municipio han tenido la misma estrategia o linea de trabajo. Se ha hecho muy buen trabajo en atraer las nuevas tendencias pero también hay que volver a los básicos. Apoyar a los proveedores locales y medirlos es vital para que sea una región atractiva para la inversión.

Thor Salayandia
Las opiniones expresadas por los columnistas en la sección Plumas, así como los comentarios de los lectores, son responsabilidad de quien los expresa y no reflejan, necesariamente, la opinión de esta casa editorial.
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