Hace unos días tuve la oportunidad de asistir como invitado a una reunión de Toastmasters Club Paso del Norte. Durante la sesión, Cecilia Rodríguez presentó un tema que llamó especialmente mi atención: “El arte de la transformación”.
Para explicar su idea utilizó una imagen conocida: la transformación de una oruga en mariposa.
La oruga no necesita decidir si quiere transformarse. El proceso ocurre naturalmente. Pero mientras escuchaba, pensé que en los seres humanos existe una diferencia fundamental:
El cambio puede ser inevitable; nuestra transformación personal requiere una decisión.
Vivimos rodeados de cambios. Cambian las organizaciones, la tecnología, las relaciones y nuestras circunstancias. Pero podemos atravesar todos esos cambios sin cambiar realmente nuestra manera de pensar.
También podemos instalarnos en una zona de comodidad. No necesariamente porque estemos mal, sino porque dejamos de cuestionarnos, de aprender y de crecer.
Y algo que he aprendido es que no avanzar también puede ser una forma de retroceder.
La transformación comienza adentro
Esta reflexión me llevó a recordar algo que vi recientemente en Habilidad física 100: México, la producción de Netflix que reúne a 100 participantes para enfrentarse a diferentes desafíos físicos.
En el primer episodio, el reto llamado “La Pirámide Infinita” puso a prueba la resistencia de los participantes. Entre ellos estaba Omar Matiz, entrenador físico, quien habló de su determinación para ganar y de cuánto se amaba a sí mismo.
Omar terminó ganando ese primer reto frente a los demás competidores.
No pretendo decir que su victoria fue consecuencia de esa declaración. Una competencia de este nivel involucra preparación, condición física, estrategia, resistencia y muchos otros factores.
Pero hubo algo en sus palabras que me hizo detenerme:
¿Qué pasaría si aprendiéramos a hablar del amor propio sin confundirlo con egoísmo?
Porque, en realidad, ¿cómo podemos dar a otros algo que nosotros mismos no hemos aprendido a darnos?
Para amar a alguien necesitamos conocerlo. Conocer su historia, sus fortalezas, sus debilidades, sus sueños.
Y quizá con nosotros mismos ocurre exactamente lo mismo.
Podemos conocer nuestro puesto, nuestros logros, nuestros ingresos, nuestras responsabilidades o la imagen que proyectamos hacia los demás y, sin embargo, no saber realmente quiénes somos.
La investigación reciente sobre autocompasión también ha puesto atención en la relación que tenemos con nosotros mismos y su vínculo con el bienestar psicológico. Un metaanálisis publicado en 2025 encontró asociaciones entre la autocompasión y diferentes indicadores de bienestar, mientras que una revisión sistemática de 113 estudios analizó mecanismos como la rumiación, la evitación y la atención plena.
No significa que simplemente “amarnos” resolverá nuestra vida.
Significa algo más interesante:
la manera en que nos relacionamos con nosotros mismos importa.
¿Quién eres cuando nadie te está mirando?
Vivimos en una sociedad que constantemente nos invita a transformar lo externo: nuestra apariencia, nuestro estatus, nuestros resultados y hasta la manera en que nos presentamos ante los demás.
Y en esa búsqueda podemos terminar construyendo una vida para cumplir expectativas ajenas.
Esto me recordó Chad Powers: Mariscal de campo, serie de Disney+, donde un jugador que busca una nueva oportunidad construye una identidad diferente para regresar al mundo del fútbol americano.
La historia, presentada desde la comedia, plantea una pregunta que va mucho más allá del deporte:
¿Cuánto de nuestra vida estamos viviendo como nosotros mismos y cuánto para ser aceptados por los demás?
Podemos cambiar nuestra apariencia.
Podemos modificar nuestro comportamiento.
Podemos aprender a actuar de determinada manera para encajar.
Incluso podemos construir un personaje que los demás aprueben.
Pero tarde o temprano estaremos frente al espejo.
Y ahí no existe público.
No existe el reconocimiento de los demás.
Solo estamos nosotros.
Dos formas de vivir
Con el tiempo he llegado a pensar que existen personas que están descubriendo su propia visión, desarrollando sus talentos y tomando decisiones de acuerdo con aquello que realmente valoran.
Y también existen quienes terminan viviendo una visión prestada: la que construyeron sus padres, su entorno, la sociedad o las expectativas de los demás.
El problema no es escuchar a otros.
El problema comienza cuando dejamos de escucharnos a nosotros mismos.
Podemos pasar años intentando convertirnos en la persona que otros esperan y, un día, descubrir que nos hemos convertido en alguien que ya no reconocemos.
Por eso considero que el liderazgo transformacional comienza mucho antes de dirigir a otros.
Comienza cuando somos capaces de liderarnos a nosotros mismos.
Antes de intentar cambiar nuestro entorno, necesitamos estar dispuestos a cuestionar nuestra manera de pensar.
Antes de pedirle a otros que encuentren su propósito, necesitamos preguntarnos si nosotros estamos viviendo el nuestro.
Y antes de querer transformar una organización, una comunidad o una familia, necesitamos mirar hacia adentro.
Porque si quieres transformar el mundo que ves, transforma primero lo que ves: tú.
Tal vez por eso una frase de Chad Powers se quedó en mi mente:
“Lo más importante es a quién ves cuando te miras al espejo.”
Quizá vale la pena detenernos un momento frente a él.
No para revisar nuestra apariencia.
Para revisar nuestra vida.
¿Estoy viviendo mi propia visión o la visión que alguien más construyó para mí?
¿Me conozco realmente?
¿Estoy desarrollando los talentos que tengo?
¿Qué parte de mi vida representa realmente quién soy?
¿Qué estoy intentando demostrar y a quién?
¿Me gusta la persona que estoy construyendo?
Y quizá la pregunta más importante:
¿Qué tendría que cambiar hoy en mí para comenzar a convertirme en la persona que realmente quiero ser?
La oruga se transforma porque la naturaleza la lleva hacia ese proceso.
Nosotros tenemos algo diferente.
Tenemos la posibilidad de detenernos, cuestionarnos y elegir.
Podemos cambiar nuestra manera de pensar.
Podemos conocernos.
Podemos decidir quién queremos ser.
Porque la verdadera transformación no comienza cuando cambia lo que está afuera.
Comienza cuando cambia lo que está adentro.
Y cuando cambiamos nosotros, también comienza a cambiar nuestra manera de vivir, de relacionarnos, de liderar y de influir en quienes nos rodean.
Toda transformación comienza en ti.
Fuentes de referencia:
- Netflix — Habilidad física 100: México
- Disney+ — Chad Powers: Mariscal de campo
- Fraser, M. I. et al. (2025). Experience-sampling methods for self-compassion research: A meta-analysis. Journal of Contextual Behavioral Science.
- Wang, J. et al. (2025). The Mechanisms Underlying the Relationship Between Self-Compassion and Psychological Outcomes in Adult Populations: A Systematic Review. Stress and Health.

Jesús Maturino
Líder Transformacional con más de veinte años de experiencia en los ámbitos empresarial y social. Actualmente se desempeña como Gerente Administrativo en una empresa internacional. Impulsa iniciativas enfocadas en liderazgo, propósito y desarrollo humano, con la convicción de que la transformación de organizaciones y comunidades comienza con la transformación de las personas.
Las opiniones expresadas por los columnistas en la sección Plumas, así como los comentarios de los lectores, son responsabilidad de quien los expresa y no reflejan, necesariamente, la opinión de esta casa editorial.



