Ciudad Juárez no tiene escasez de gente que quiere ayudar. Tiene escasez de gente que ayuda junta.
Llevo años viendo lo mismo, desde el lado de los sistemas de gestión: organizaciones con áreas llenas de buena intención, cada una trabajando bien por separado, y aun así el resultado general se queda corto. No porque falte esfuerzo. Porque falta convergencia.
Esa misma lógica aplica a una ciudad.
Ponte Buzo, la campaña que impulsan el Pastor Poncho Murguía y el Padre Alberto Luna a través del Movimiento Cívico de Comunidades de Fe, dentro de la iniciativa Juárez Previene, me hizo pensar en esto de una forma distinta. No es solo una campaña de prevención contra el abuso sexual infantil. Es un ejemplo de algo que Juárez necesita ver más seguido: el sector religioso, el educativo, el empresarial y el gubernamental, junto con la sociedad civil, moviéndose bajo un mismo propósito, al mismo tiempo, sin que nadie tenga que ceder su identidad para lograrlo.
Como auditor he aprendido a reconocer un patrón: cuando cada área de una organización opera como proceso aislado —con sus propios indicadores, su propio lenguaje, su propia agenda— el resultado casi nunca es el que se buscaba, aunque cada área, vista por separado, esté funcionando bien. La falla no está en las partes. Está en que nadie diseñó cómo las partes trabajan juntas.
Las ciudades fallan de la misma manera. Tenemos iglesias haciendo su parte, escuelas haciendo la suya, empresas con sus programas de responsabilidad social, gobierno con sus propios planes. Cada quien, por su cuenta, aportando algo real. Pero rara vez convergiendo.
Esto mismo se lo planteo a mis alumnos cuando alguno me pregunta, casi siempre con algo de resignación, qué se necesitaría para que Juárez cambiara de verdad. Mi respuesta no ha cambiado en años: hace falta que más líderes de distintas áreas se sienten en la misma mesa, reconozcan las heridas de la ciudad como propias, y decidan actuar sobre ellas juntos. No es una fórmula compleja. Es, sencillamente, ponernos de acuerdo.
Y ese acuerdo ya empezó a suceder frente a nuestros ojos, aunque casi nadie lo esté señalando. Se llama Movimiento Cívico de Comunidades de Fe, y une bajo una misma causa a evangélicos y católicos: dos tradiciones que en Juárez llevan generaciones compitiendo más que colaborando —doctrinas distintas, públicos distintos, hasta rivalidades históricas entre congregaciones. Y sin embargo, ahí están: un pastor y un sacerdote, al frente de la misma campaña, con el mismo propósito, sin que nadie los obligara a hacerlo.
La verdad incómoda es que ese tipo de convergencia casi nunca ocurre por diseño. Ocurre porque alguien decide que la herida es más grande que la diferencia. Eso fue lo que pasó aquí: dos tradiciones religiosas que rara vez se sientan en la misma mesa decidieron que el abuso infantil les dolía más de lo que las separaba su teología.
Si eso fue posible entre dos iglesias, la pregunta que sigue es inevitable: ¿por qué no entre dos gobiernos?
El gobierno municipal y el estatal, que hoy se encuentran en la etapa final de su periodo, no fueron del mismo partido, y ese hecho, que normalmente se usa como excusa para el desencuentro, podría convertirse en la prueba más contundente de que la convergencia es posible. Ese es mi llamado a quienes hoy aspiran a sucederlos, a la presidencia municipal y al gobierno del estado: que aprendan a trabajar en equipo sin importar el origen partidista, desde el primer día. La iglesia ya lo demostró. Ahora les toca a ustedes.
Mientras eso ocurre, Ponte Buzo sigue avanzando, y su fuerza depende de que cada vez más juarenses —sin importar su iglesia, su partido o su profesión— se sumen a ella: aprendan a detectar una señal de alerta, coloquen la calcomanía, escaneen el código QR, hablen del tema en su casa o en su empresa. Si la convergencia entre católicos y evangélicos ya demostró que se puede, la siguiente convergencia depende de nosotros. Súmate a Ponte Buzo.

Oscar Peinado
Cuenta con más de 20 años de experiencia implementando sistemas de gestión, auditoría y liderazgo transformacional en empresas del sector manufacturero. Es consultor y profesor en programas de maestría y profesional especializados en tecnologías, calidad, y logística. Su perspectiva combina el rigor técnico con el análisis profundo de cómo la falta de estrategias y liderazgo debilita industrias completas.
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