Nunca he visto llover por tanto tiempo sin parar como en Tuxtepec, Oaxaca.
Casi dos meses, ¡día y noche!, a veces, torrencialmente, a veces chipi-chipi.
Viví en aquel paradisíaco lugar por casi un año. Entre sus humedades.
Y me llovieron también, los amores.
Porque otro de los distintivos de Tuxtepec, es que allá, se dan las mujeres más hermosas y deshinibidas del itsmo de Tehuantepec.
Desinhibidas y atrevidas… desde temprana edad.
Con tres amores lidié en aquellos años juveniles.
Estamos hablando de 1974.
Yolanda, La Beba y Teté.
Yolanda, deportista estudiante de bachillerato y bailarina del mejor grupo de danza regional que interpretaba LA GUELAGUETZA.
La Beba, hijita de papá, interesada en artes plásticas, pero más interesada en el matrimonio que otra cosa.
Hija del alcalde, quien ofrecía como dote, muchas hectáreas de tierra y ganado vacuno de raza Brahman, Guzerat y Gyr.
Teté, independiente, huérfana de padre y madre, con una gran fortuna personal como herencia.
Hermosa, pero con un gran defecto, tenía 16 años.
Las otras dos, ya contaban con 18.
Como en todos los lugares de México donde se pretende atrapar al viajero, en Tuxtepec, corría la leyenda de que, cualquier forastero que se “bañara” en el Papaloapan, con mujer tuxtepecana, jamás se iría de ese hermoso lugar.
Echaría raíces y moriría de viejo entre tantos hijos y nietos que tendría.
Yo me bañé con las tres, creo que por eso se rompió el hechizo.
Las fuerzas naturales no potenciaron el conjuro conmigo.
Disfruté en su momento los placeres que me regalaba Tuxtepec.
No sólo de sus mujeres hermosas, sino de su cocina.
Me gustaban los platillos de mariscos que me preparaba el cocinero de un restaurante conocido como Mandinga.
Sobre todo un pulpo a las brasas que no tenía progenitora. Y los cocteles vuelve a la vida; pero en especial, los bocadillos del Callito de Hacha.
Me habría quedado más tiempo, pues la vida en Tuxtepec es apacible.
Pero hube de salir apresuradamente.
Las costumbres ancestrales me obligaban a casarme cuanto antes con Yolanda y yo no estaba preparado para un casorio.
Me explicaré.
Son innumerables los mitos y leyendas en el sureste de México.
Y en Tuxtepec se la toman muy en serio cuando de tradiciones se trata, y suelen añadirles compromisos por cuenta propia.
Por ejemplo, LA GUELAGUETZA, danza en honor a la diosa del maíz tierno, Xilonen.
Hoy en día, se realiza en honor a la diosa del maíz, Centeotl.
La tradición de la Guelaguetza define al pueblo oaxaqueño, desde tiempos históricos hasta hoy.
Y dentro del repertorio dancístico de la Guelaguetza, se bailan otras danzas, como la de El Borracho.
Que me pidieron un día, las amigas de Yolanda que interpretara al Borracho, mientras que la “novia”, o sea, Yolanda, representaba la dominatriz regional.
“El Borracho” es una danza tradicional que se caracteriza por su estilo alegre y festivo.
Este baile es parte de las celebraciones y festividades en Oaxaca, y suele interpretarse en eventos como la Guelaguetza.
El baile representa a un hombre que ha bebido demasiado y trata de mantener el equilibrio mientras baila, lo que genera situaciones cómicas y entretenidas.
Los movimientos son exagerados y buscan imitar el comportamiento de una persona ebria, lo que añade un toque humorístico a la danza.
El baile “El Borracho” en sí no implica compromisos tradicionales específicos entre parejas, ya que es más una danza festiva y humorística que una ceremonia formal.
Sin embargo, en el contexto de las festividades y celebraciones en Oaxaca, participar en este tipo de bailes tiene varias connotaciones.
Esencialmente puede fortalecer los lazos comunitarios y familiares.
En muchas culturas, bailar juntos en eventos festivos puede simbolizar unidad, alegría compartida y colaboración.
Aunque “El Borracho” no tiene un compromiso formal asociado, el acto de bailar juntos en una celebración puede ser una forma de mostrar afecto y camaradería entre las parejas y los miembros de la comunidad.
Peeero.
En Tuxtepec, si bailas El Borracho, te obliga a casarte con la bailarina.
¡Máxime si eres de fuera!, y peor, si te “bañaste” con ella en el río.
Porque la noticia del romance en el Papaloapan corría más rápido que hoy en las mismísimas redes sociales.
Así que aquella noche lluviosa, luego del festejo donde se me honraba como el consorte oficial de la Prima Ballerina, empaqué mis cosas para regresar a tierras potosinas.
Gruesas gotas de lluvia sobre mi cabeza, me despidieron de Tuxtepec, en la oscuridad de la noche mientras tomaba el ómnibus.
Un escalofriante relámpago presagiaba gran tormenta y yo, empapado, trataba de secarme a bordo del bus, mientras mi mente, jugaba con los rostros de aquellos juveniles amores tuxtepecanos.

Raúl Ruiz
Abogado. Analista Político. Amante de las letras.
CARTAPACIO, su sello distintivo, es un concepto de comunicación que nace en 1986 en televisión hasta expanderse a formatos como revista, programa de radio y redes sociales.
Las opiniones expresadas por los columnistas en la sección Plumas, así como los comentarios de los lectores, son responsabilidad de quien los expresa y no reflejan, necesariamente, la opinión de esta casa editorial.


