En mi tierna juventud, no era muy común maridar el vino con los alimentos.
A lo más que llegábamos era a la combinación de un Tinto con la masticación de una variedad de quesos.
Y eso, por allá, en alguna tertulia sabatina, donde realmente no apreciábamos ni el vino, ni los quesos, era pura pose tertuliana.
No digo que no hubiera restaurantes para gourmets, o que en algunas familias no se procurase el buen gusto gastronómico.
Pero francamente, los mexicanos comenzamos de manera tardía a cultivar estos placeres deliciosos.
De hecho, la gran masa popular seguramente hoy mismo, desconoce de qué estamos hablando.
Pero no trato de hacer sociología, solamente quiero relatar un pasaje del trayecto hacia mi delicuescente destino por los placeres degustativos, olfativos, visuales, auditivos y sobre todo… carnales.
Sin embargo, debo hacer un poco de contexto para ubicar a mis lectores en el plano que deseo puntualizar.
Como ya lo he expresado en reiteradas ocasiones, mi incursión en estas natas del placer, la impulsó Libby D’Nozzo, quien por largo tiempo se convirtió en mi consejero de cabecera.
Aprender a maridar, mezclar, combinar, palpar, aspirar, degustar, probar de todo.
- Aprende a hacer coupage en la vida. Recomendaba D’Nozzo.
El coupage es un término de origen francés que se emplea para denominar a la técnica de mezclar distintas variedades de uva o distintos tipos de vinos ya fermentados, como parte del proceso de elaboración de algunos vinos.
Más correctamente sería una “mélange de vin”, pero suena más mercadotécnica la expresión, coupage.
El punto más lejano de este contexto, se remonta miles de años atrás con el ritual de la pisada de la uva; tradición antigua fundamental en la producción de vino.
Proceso, también conocido como “vendimia tradicional”, que consiste en pisar las uvas con los pies descalzos o con botas especiales para extraer el jugo o mosto de las uvas.
Pero sería interminable el tema para un espacio tan pequeño como este.
Amplío un poco más el contexto.
El proceso de mezcla de uvas para la confección de un vino se llama “assemblage” o “coupage”. Este término proviene, como ya dije, del francés y se refiere a la técnica de combinar diferentes variedades de uvas o vinos base para crear un vino final que tenga las características deseadas en términos de sabor, aroma, cuerpo y equilibrio.
Con este ejercicio se pretende lograr un equilibrio perfecto entre acidez, taninos, y alcohol.
Si profundizamos un poco, se trata de aumentar la complejidad y profundidad del vino, añadiendo diferentes capas de sabor y aroma.
Asegurar que el vino mantenga una calidad consistente de año en año, a pesar de las variaciones en la cosecha.
El proceso de “assemblage” es fundamental en la producción de vinos de alta calidad y es una técnica utilizada tanto en vinos tintos, blancos, y espumosos como el champán.
Hasta aquí el rollo técnico.
Todo esto se va aprendiendo poco a poco, y con esta experiencia, se va tejiendo una trampa perversa, para atrapar a cualquier mujer entre las garras de la concupiscencia para tu deleite y satisfacción.
Eran los malos consejos de Libby D’Nozzo.
Y sí, cuando aprendes a pensar en COUPAGE, no sólo en la mezcla de uvas, sino en la combinación de intensidades para la obtención del placer, el resultado es por demás satisfactorio.
Comparemos.
Sólo por tener un punto de referencia, el taller de coupage que dieron mis amigos someliers, Sergio Pegueros y Victor Espinosa, allá por 2012, fue significativa.
Taller de Vino y Ensamble, fue el título del taller.
Se hizo con la mezcla de Petit Syrah, Zinfandel y Merlot.
Con la uva Syrah como base, el coupage aporta complejidad y sabores de frutos negros, además de suaves toques de especias y pimienta.
La Zinfandel, le incorporó notas de frutas rojas y especias, así como una acidez equilibrada.
Y finalmente la Merlot, que le proporcionó, suavidad, cuerpo y aromas de frutos rojos.
Haré el comparativo con aquel encuentro íntimo que tuve con Yesenia, utilizando la técnica del coupage.
El objetivo no era solamente seducirla, sino embelesarla de mí.
Para lo cual, habría de combinar algunos detalles que desarticularan su reticencia y sonrojo.
Primero, disponer en la intimidad de la habitación, una mesa con su mantel, copas y cubiertos para degustar una ligera cena, romántica.
El descorche del vino apropiado.
La música de fondo.
El marco visual adecuado, me refiero a la iluminación tenue, casi en penumbra.
Y desnudarnos lentamente, mientras se prepara la tina de baño.
Escoger las sales aromáticas adecuadas, y el jabón burbujas.
Ayudarla en su inmersión al agua. Lentamente. Dejando que la agradable temperatura del agua y la magia sensual de las burbujas, hagan su trabajo deshinibidor.
Luego, la caricia de la esponja sobre su espalda, brazos y piernas.
La succión de sus pezones erizados y finalmente la caricia que abre la bóveda de la dicha.
Es infalible.
Hasta la fecha, Yesenia recuerda cada detalle y me llena de gusto el reconocer la gran sabiduría de Libby D’Nozzo en estos menesteres donde el coupage es factor de satisfacción.

Raúl Ruiz
Abogado. Analista Político. Amante de las letras.
CARTAPACIO, su sello distintivo, es un concepto de comunicación que nace en 1986 en televisión hasta expanderse a formatos como revista, programa de radio y redes sociales.
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