Cuando Claudia Sheinbaum Pardo asumió la Presidencia de la República, el 1 de octubre de 2024, sus adversarios construyeron dos pronósticos: que rompería con Andrés Manuel López Obrador o que sería incapaz de gobernar sin él. Se equivocaron en ambos.
A punto de iniciar el tercer año de su gobierno, queda cada vez más claro que la Cuarta Transformación no dependía de una sola persona. Andrés Manuel López Obrador encabezó una ruptura histórica con el viejo régimen y Claudia Sheinbaum está demostrando que ese movimiento tiene continuidad, se profundiza y, al mismo tiempo, entra en una nueva etapa.
Ese quizá sea uno de los mayores logros políticos de estos primeros dos años.
La derecha apostó a que después de López Obrador vendría el vacío. Esperaba divisiones en Morena, enfrentamientos internos y una presidenta debilitada por la dimensión política de su antecesor.
Ocurrió exactamente lo contrario: Sheinbaum consolidó su liderazgo, mantuvo unido al movimiento y comenzó a imprimir un estilo propio al llamado Segundo Piso de la Transformación.
Pero lo importante no está solamente en la política, sino en los resultados.
La política social dejó de ser una concesión sexenal para convertirse en una política de Estado. En 2025, más de 32 millones de familias recibieron algún Programa para el Bienestar. A los programas heredados se sumaron nuevos derechos: tres millones de mujeres de entre 60 y 64 años recibieron la Pensión Mujeres Bienestar; 8.8 millones de estudiantes de secundaria pública accedieron a la Beca Rita Cetina y alrededor de 10 millones de adultos mayores y personas con discapacidad recibieron visitas de profesionales de la salud mediante Salud Casa por Casa.
Esto representa algo mucho más profundo que transferencias económicas. Es una concepción diferente del Estado: por el bien de todos, primero los pobres.
Y ahí está precisamente la diferencia entre dos proyectos de nación.
Durante décadas nos dijeron que aumentar salarios provocaría inflación, que entregar apoyos directamente a la gente era populismo, que el Estado debía retirarse de la economía y que el mercado terminaría distribuyendo la riqueza. El resultado fue concentración de la riqueza, bajos salarios, privatizaciones y millones de mexicanos excluidos del desarrollo.
La 4T cambió esa lógica.
Ahora, el salario es entendido como instrumento de justicia; la pensión como derecho; la educación como responsabilidad pública; la infraestructura como palanca de desarrollo y el Estado vuelve a asumir un papel central en la construcción del futuro.
Nuestra Presidenta Claudia Sheinbaum ha llevado además la transformación hacia un terreno que será fundamental durante los próximos años: infraestructura, energía, desarrollo tecnológico y soberanía.
México vuelve a construir trenes de pasajeros, carreteras, hospitales, infraestructura hidráulica y energética. Se impulsa el Plan México para fortalecer la producción nacional y reducir dependencias. Se apuesta por recuperar capacidades científicas y tecnológicas propias y por utilizar la inversión pública como detonador de crecimiento.
No es regresar al pasado. Es recuperar la capacidad del Estado para planear el futuro.
También en seguridad comienzan a aparecer resultados que difícilmente pueden ocultarse detrás de la estridencia de la oposición. Entre septiembre de 2024 y julio de 2026, el promedio diario de homicidios dolosos disminuyó 51 por ciento. Esto significa alrededor de 44 homicidios menos cada día.
No significa que el problema esté resuelto. Sería irresponsable afirmarlo. México continúa enfrentando organizaciones criminales poderosas y regiones con graves problemas de violencia.
Pero hay una diferencia sustancial entre reconocer lo que falta y negar lo que se ha avanzado.
La estrategia de Sheinbaum combina atención a las causas con inteligencia, investigación, coordinación institucional y combate a la impunidad. No se regresó a la guerra irresponsable de Felipe Calderón ni se aceptó que la única alternativa fuera cruzarse de brazos. Se está construyendo otro modelo.
Y existe otro aspecto que merece especial reconocimiento: la defensa de la soberanía nacional.
Sheinbaum ha tenido que gobernar frente a un Estados Unidos que presiona a México en migración, seguridad, comercio y combate al narcotráfico. La respuesta ha sido firme: cooperación sí; subordinación, no.
Puede dialogarse, negociar y construir acuerdos con nuestro principal socio comercial sin aceptar que México sea tratado como patio trasero de nadie.
Esto adquiere todavía mayor importancia cuando desde sectores de la oposición mexicana parecen entusiasmarse cada vez que desde el extranjero se amenaza, se presiona o se descalifica al gobierno de su propio país. Mientras algunos buscan afuera la fuerza política que no encuentran en las urnas, la Presidenta defiende adentro y afuera la soberanía de México.
Esa diferencia también define el momento político que vivimos.
Por supuesto que hay pendientes. Los hay y son importantes.
Debe acelerarse el crecimiento económico; consolidarse el sistema público de salud; garantizar medicamentos; mejorar todavía más la seguridad; atender la crisis hídrica; generar suficientes empleos bien remunerados y conseguir que la prosperidad llegue a todas las regiones.
No podemos conformarnos con administrar lo logrado hasta ahora, la transformación continuará día con día.
La absurda oposición niega absurda niega lo evidente: pero México no regresó al modelo neoliberal después de López Obrador. El proyecto sobrevivió a su fundador porque millones de mexicanos decidimos hacerlo nuestro.
Y nuestra presidenta Claudia Sheinbaum está demostrando algo todavía más importante: que la 4T tiene futuro., que cada día está más firme.
La primera Presidenta de México no llegó solamente a ocupar un lugar en la historia por su condición de mujer. Está construyendo su propia página en ella.
El tercer año de su mandato será decisivo porque comienza la etapa en la que deberán madurar muchos de los grandes proyectos del sexenio y en la que el Segundo Piso tendrá que mostrar toda su dimensión.
La pregunta que algunos hacían en 2024 era si Claudia podría gobernar sin López Obrador. Es obvio que esa pregunta ha sido respondida con hechos contundentes.
Lo que corresponde hacer ahora es defender los logros y apoyar los programas y las acciones encabezada por Claudia Sheinbaum para que las transformación continúe y se fortalezca más cada día.
La oposición lleva ocho años anunciando catástrofes que no llegan; frente a esos que esperan que le vaya mal al país para tener una oportunidad electoral; frente a quienes confunden oposición con destrucción y crítica con descalificación permanente, existe un proyecto que, con enormes desafíos, sigue avanzando.
En 2018 los mexicanos de bien decidimos cambiar de rumbo. En 2024 reafirmamos la decisión de no regresar al pasado.
Y al comenzar el tercer año de Claudia Sheinbaum como la Mejor presidenta del
Mundo queda claro que la Cuarta Transformación no fue un paréntesis en la historia de México.
Es una nueva etapa de la historia, que lleva muy buen rumbo. Estamos del lado correcto de la historia.

Pedro Torres
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