Amor, a veces caminamos por la vida tan ocupados en cumplir horarios, responsabilidades y pendientes, que olvidamos algo esencial: estamos vivos. Respiramos, despertamos, abrazamos, trabajamos, amamos, soñamos… pero muchas veces lo hacemos por costumbre, como si vivir fuera simplemente avanzar de un día al siguiente. Y quizá la pregunta más importante no sea cuánto tiempo nos queda, sino qué estamos haciendo con el tiempo que ya tenemos.
Vida, porque cada persona parece llegar a este mundo con un llamado distinto. Algunos venimos a trabajar, pero cuando el trabajo se convierte en pasión, deja de ser solamente una forma de obtener ingresos y se transforma en una expresión de amor por lo que hacemos. Mientras construimos proyectos, cumplimos metas y generamos los recursos para vivir, también dejamos una parte de nosotros en aquello que hacemos.
Alma, otros vienen a servir. No siempre reciben un salario por aquello que entregan, pero encuentran una recompensa diferente: la satisfacción de saber que hicieron más ligero el camino de alguien, que enseñaron, acompañaron, ayudaron o simplemente estuvieron presentes cuando alguien los necesitaba. Hay llamados que no se pagan con dinero, porque su valor vive en otro lugar.
Amado, algunos vienen a construir una familia; otros encuentran su propósito caminando solos. Algunos necesitan raíces y hogar, otros necesitan caminos, viajes y libertad. Hay quienes vienen a crear empresas, quienes vienen a educar, quienes vienen a sanar, quienes vienen a escribir, quienes vienen a luchar por una causa. Y ninguno de esos caminos es superior al otro. La vida no nos pide vivir la historia de alguien más; nos pide descubrir la nuestra.
Corazón, quizá el verdadero problema aparece cuando dejamos de escuchar nuestro propio llamado. Cuando elegimos una vida solamente porque así debe ser, porque eso esperan de nosotros o porque tenemos miedo de comenzar de nuevo. Entonces podemos tener una agenda llena, una cuenta bancaria estable, una casa, un trabajo y hasta compañía… y, sin embargo, sentir que algo dentro de nosotros permanece vacío.
Sueño, por eso deberíamos detenernos de vez en cuando y preguntarnos: ¿esto que estoy viviendo realmente me hace feliz? ¿A quién estoy amando? ¿Qué estoy construyendo? ¿Qué estoy dejando en los demás? ¿Estoy viviendo o solamente cumpliendo con la costumbre de existir?
Siempre, porque tal vez vivir no significa tener una vida perfecta. Significa estar presente en ella. Disfrutar un café, una conversación, un abrazo, una tarde tranquila, una meta alcanzada, el trabajo que nos apasiona o incluso los pequeños momentos que nadie fotografía. Significa entender que cada día que pasa no regresa.
Quizá el llamado más hermoso sea simplemente aprender a estar vivos mientras estamos aquí. Amar mientras podemos amar. Servir mientras tengamos manos para hacerlo. Soñar mientras exista esperanza. Y caminar junto a quienes elegimos, sin olvidar que el tiempo no nos pertenece.
Porque algún día miraremos hacia atrás y comprenderemos que la vida nunca estuvo esperando a comenzar.
La vida era esto.
Este instante.
Este amor.
Este camino.
Este llamado.

Mayra Machuca
Abogada, Activista, Columnista, Podcaster.
Especializada en análisis y asesoría jurídica, cuenta con experiencia administrativa y jurídica con habilidades destacadas en la resolución de problemas y coordinación de tareas. Experta toma de decisiones estratégicas. Activa en Toastmasters y Renace y Vive Mujer.


