El pasado 11 de agosto, el Centro de Economía y Competitividad publicó el Semáforo Económico de Ciudad Juárez correspondiente al segundo trimestre de 2026. Hay semáforos que ordenan el tráfico y otros que obligan a pensar. Este pertenece a la segunda categoría: su resultado general es desfavorable, pero lo verdaderamente interesante está en la combinación de colores: rojo para la actividad industrial, naranja para el empleo y el crecimiento económico, y verde para las exportaciones, el mercado inmobiliario, la inflación y la apertura de nuevos negocios.
La primera señal es contundente, aunque no nueva: el empleo formal cayó a 475 mil 349 personas en junio, 13 mil 906 menos que un año antes. En la industria maquiladora, el personal ocupado IMMEX bajó de 262 mil 162 a 251 mil 246 trabajadores entre mayo de 2025 y mayo de 2026. También disminuyó el consumo de insumos IMMEX.
Sin embargo, la ciudad no parece estar perdiendo su conexión con la economía global. Todo lo contrario. El Semáforo reporta exportaciones por 32 mil 124 millones de dólares en el primer trimestre de 2026, frente a 18 mil 437 millones en el mismo periodo anterior. Además, 92% de las exportaciones disponibles corresponde a máquinas de procesamiento de datos y otro 5% a instrumentos y dispositivos médicos.
¿Cómo puede una ciudad exportar más mientras emplea menos trabajadores industriales?
Una primera hipótesis —y quizá la más optimista— es que Juárez está atravesando una transición hacia una manufactura más intensiva en productividad, capital y tecnología. Si las exportaciones crecen mucho más rápido que el empleo, el viejo indicador de éxito industrial —el número de puestos de trabajo— podría estar perdiendo capacidad para describir lo que ocurre. La estructura exportadora parece estar cambiando: ya no se trata solamente de la manufactura tradicional de autopartes, sino de una plataforma con un fuerte componente electrónico y de procesamiento de datos, junto con una participación relevante de dispositivos e instrumentos médicos.
Pero esta interpretación optimista necesita una distinción fundamental: que aumente el valor de lo que Juárez exporta no significa necesariamente que aumente el valor que Juárez genera y captura. Un componente electrónico, un equipo de procesamiento de datos o un dispositivo médico puede tener un precio mucho mayor que el de un producto manufacturado anteriormente, sin que eso implique que en la ciudad se hayan incorporado más diseño, ingeniería, propiedad intelectual, desarrollo tecnológico o proveedores locales. El dato que obliga a mantener cautela es que apenas 3.88% de los insumos utilizados por IMMEX son nacionales.
Hay otra señal que vuelve más difícil sostener, por ahora, una lectura plenamente optimista. El diagnóstico reciente de brechas de habilidades de Chihuahua muestra que las empresas enfrentan importantes dificultades para encontrar capacidades que acompañen una transformación productiva de mayor complejidad. Las brechas identificadas incluyen habilidades socioemocionales, inglés técnico y capacidades especializadas, mientras el estudio advierte que el estado no podrá sostener su crecimiento simplemente incorporando más trabajadores: tendrá que hacerlo con mejor talento y mayor productividad.
Esto resulta contraintuitivo frente a la aspiración de avanzar hacia actividades que exigen mayor conocimiento. Si la nueva estructura exportadora requiere más capacidades tecnológicas, pero el sistema productivo todavía depende en buena medida de capacitar internamente aquello que no encuentra en el mercado laboral, todavía no está claro que el mayor valor de las exportaciones esté acompañado por un proceso equivalente de aprendizaje tecnológico y captura local de valor.
La segunda hipótesis es más incómoda: Juárez pudiera estar entrando en una etapa de desacoplamiento entre tres economías que durante décadas avanzaron juntas. La economía global sigue demandando capacidad productiva; la economía industrial reduce empleo; y la economía urbana parece estar respondiendo mediante la creación de nuevos negocios.
Este último componente es, desde mi perspectiva, el más llamativo. El Semáforo reporta 704 nuevas licencias de funcionamiento durante el segundo trimestre, frente a 596 un año antes, y 47 mil 537 unidades económicas. Es un dato que habla de dinamismo y capacidad de respuesta, pero conviene mirar de qué tipo de emprendimiento estamos hablando: el propio reporte señala que el crecimiento se concentra principalmente en negocios de menor escala, comercio al por menor y preparación de alimentos.
Es posible interpretar este fenómeno como una forma de adaptación inmediata ante un mercado laboral que pierde puestos. No necesariamente se trata del emprendimiento que nace para escalar, innovar o incorporarse a una cadena productiva, sino de una respuesta más pragmática: abrir un negocio con una inversión relativamente baja, una operación sencilla y la posibilidad de generar ingresos en el corto plazo. El Semáforo no permite establecer una relación causal entre la pérdida de empleo y la apertura de estos negocios, pero la coincidencia resulta suficientemente sugerente como para preguntarnos si parte del dinamismo empresarial que observamos es, en realidad, una forma de absorción del ajuste laboral.
Al mismo tiempo, el mercado inmobiliario industrial permanece dinámico. La absorción neta alcanzó 1.27 millones de pies cuadrados en el segundo trimestre, 10.9% más que un año antes. Esto sugiere que no estamos ante el simple abandono de Juárez por parte de la industria, sino ante una reestructuración. La ciudad continúa siendo atractiva para producir y exportar, pero esa actividad ya no se traduce automáticamente en más empleo ni, como muestra el reducido porcentaje de insumos nacionales, en mayores encadenamientos con la economía local.
La buena noticia es que esta transición todavía ocurre con un nivel de vida relativamente resistente. La pobreza laboral se ubicó en 15.8% y el salario diario promedio real fue 3.4% superior al del año anterior. Es decir, la contracción industrial todavía no se ha convertido en un deterioro proporcional del bienestar de los hogares.
El extraño semáforo de Juárez quizá no esté anunciando una crisis, sino algo más difícil de interpretar: el fin de una relación automática entre exportaciones, empleo y desarrollo local.
El reto ya no es demostrar que Juárez puede seguir siendo una plataforma manufacturera de clase mundial. Es demostrar que puede convertir esa posición dentro de las cadenas globales en capacidades económicas propias: más talento especializado, más proveedores locales, más aprendizaje tecnológico y mayor capacidad para capturar valor.
Conviene reconocer, finalmente, el valor del trabajo que realiza el Centro de Economía y Competitividad al construir y actualizar este Semáforo. Contar con una lectura sistemática y periódica de la economía de Ciudad Juárez permite ir más allá de las percepciones y obliga a mirar las distintas dimensiones de una economía que está cambiando. El reporte completo merece ser consultado: sus ocho módulos ofrecen información suficiente para que empresas, autoridades, investigadores y ciudadanos puedan hacerse una pregunta indispensable para el futuro de la ciudad: no sólo cuánto crece Juárez, sino qué tipo de crecimiento está construyendo.

Luis Enrique Villavicencio
Especialista en desarrollo económico y vinculación estratégica entre academia, industria y sector público. Enfocado en fortalecer MIPYMES y alinear la formación con el sector productivo, analiza el entorno económico con visión crítica y enfoque propositivo para impulsar la competitividad regional.
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