Las ciudades difícilmente fracasan porque llegue nueva tecnología; fracasan cuando no preparan la transición entre un modelo productivo y el siguiente.
Durante décadas, la política de desarrollo económico tuvo una prioridad clara: ¿cómo atraer inversión? Con el tiempo, esa lógica evolucionó hacia un enfoque más sofisticado que buscó identificar las actividades donde cada región podía construir ventajas competitivas sostenibles. En este momento la discusión se acelera al mismo ritmo que la transformación tecnológica. La pregunta ya no es únicamente qué industria atraer o en qué sectores especializarse, sino cómo gobernar la transición entre un modelo productivo y el siguiente.
Ciudad Juárez se encuentra precisamente en ese momento.
Hace alrededor de cinco años, el ejercicio de planeación Frente Norte propuso una estrategia de especialización inteligente basada en las capacidades instaladas de la región. La premisa fue innovadora en el estado y, además, poderosa: dejar de competir por cualquier inversión y concentrar los esfuerzos públicos y privados en aquellos sectores donde Juárez ya contaba con talento, infraestructura, conocimiento y experiencia acumulada para proyectarlos hacia el futuro. Fue un cambio importante porque desplazó la conversación de la promoción económica hacia el desarrollo de capacidades.
En retrospectiva, Frente Norte anticipó varias de las tensiones que hoy definen la conversación sobre el desarrollo económico regional. La manufactura de bajo valor agregado dejaría de ser suficiente; el talento se convertiría en el principal cuello de botella; la competitividad dependería cada vez más de la fortaleza del ecosistema y no únicamente de las empresas, y la transformación industrial dejaría de ser un episodio para convertirse en un proceso permanente.
Cinco años después, aquella visión comienza a reflejarse en la realidad. Como recientemente destacó Fernando Alba, subsecretario de Industria, Energía y Minería de Chihuahua, el estado se está consolidando como una plataforma estratégica para la manufactura de hardware asociado a la inteligencia artificial. La expansión de empresas como Inventec y el crecimiento de las exportaciones de procesadores muestran que Chihuahua participa ya en una nueva generación de cadenas globales de suministro. Al mismo tiempo, como han señalado reportes de El Financiero, la reorganización industrial de Norteamérica está elevando el valor estratégico de sectores como los semiconductores, la infraestructura digital y los centros de datos.
Sin embargo, toda política de desarrollo tiene un punto ciego. Mientras concentra su atención en las industrias que llegarán, rara vez se pregunta qué ocurrirá con las que perderán peso relativo. Las transiciones económicas no sólo crean nuevos sectores, sino que también desplazan empresas, modifican cadenas de suministro y reducen la demanda de ciertas ocupaciones. Gobernarlas implica atender simultáneamente ambos lados del proceso.
Ese reto resulta especialmente relevante para Ciudad Juárez hoy, pues la automatización, la inteligencia artificial y la creciente sofisticación de la manufactura modificarán la demanda de talento y la estructura de las cadenas productivas. Algunas empresas locales lograrán reconvertirse con rapidez, pero otras enfrentarán mayores dificultades. Algunas ocupaciones crecerán, sin embargo otras perderán dinamismo. A ello se suman fenómenos propios de una ciudad fronteriza, como la movilidad constante de trabajadores y los flujos migratorios, que hacen todavía más compleja la planeación del desarrollo económico.
Durante AIM Chihuahua 2025, el Dr. Sanjeev Khagram presentó un caso que merece mucha más atención de la que recibió. Al explicar la experiencia de Idaho, mostró cómo la política de desarrollo económico comenzó a abandonar una lógica centrada exclusivamente en sectores para concentrarse en las trayectorias de las personas. El objetivo ya no era solamente atraer industrias, sino identificar qué ocupaciones crecerían, cuáles disminuirían y cómo facilitar que los trabajadores pudieran transitar entre ellas. Algunas ocupaciones funcionan como “trampolines”; otras se convierten en “callejones sin salida”. La diferencia la hacen las políticas públicas capaces de construir rutas de movilidad.
Esa lógica aporta una perspectiva valiosa para Juárez. El documento WTF con Juárez plantea que la evolución del modelo económico debe apoyarse en el talento, la innovación y el aprovechamiento de las capacidades instaladas para atender nuevas actividades productivas. Sin embargo, esa reflexión puede llevarse un paso más allá. Si la ciudad está consolidándose como un nodo para industrias de mayor sofisticación tecnológica, también debe preguntarse cómo reutilizar parte de las capacidades industriales, logísticas y de ingeniería que ya posee para desarrollar nuevas cadenas de valor desde el propio territorio. La experiencia de Idaho muestra que la transición no consistió únicamente en atraer industrias de mayor contenido tecnológico; también permitió crear actividades capaces de absorber talento y capacidades provenientes de sectores en transformación. En Chihuahua, esa lógica podría abrir oportunidades para industrializar productos regionales, desarrollar nuevos proveedores o crear manufacturas vinculadas con las fortalezas primarias del estado, aprovechando conocimientos que ya existen en lugar de empezar desde cero.
Esa perspectiva obliga a formular preguntas distintas. ¿Qué empresas tienen el potencial de incorporarse a las nuevas cadenas de valor y cuáles corren el riesgo de perder competitividad si no adoptan nuevas tecnologías? ¿Qué proveedores pueden reconvertir sus capacidades hacia sectores emergentes y cuáles enfrentarán una disminución estructural de su mercado? ¿Qué ocupaciones representan verdaderos trampolines hacia la nueva economía y cuáles podrían convertirse en callejones sin salida? ¿Cómo aprovechamos la infraestructura, el conocimiento y las capacidades manufactureras ya instaladas para abrir nuevas oportunidades productivas? Y, sobre todo, ¿cómo diseñamos rutas de transición para que las personas puedan incorporarse a las industrias del futuro sin que otras queden permanentemente desplazadas por el cambio tecnológico?
Frente Norte respondió una pregunta fundamental para su tiempo: ¿en qué industrias debía especializarse Ciudad Juárez? La siguiente etapa exige responder otra, mucho más compleja: ¿cómo gobernamos la transición entre un modelo productivo y el siguiente?
La respuesta difícilmente provendrá de una sola inversión o de una nueva política de incentivos. Por el contrario, requiere coordinación entre gobierno, empresas, universidades y organizaciones de la sociedad civil para anticipar cambios tecnológicos, identificar capacidades transferibles, acompañar la reconversión de empresas y construir rutas de movilidad para el talento. Si la especialización inteligente permitió definir hacia dónde quería avanzar Juárez, la siguiente tarea consiste en asegurar que esa transformación fortalezca al conjunto del ecosistema económico y no sólo a los sectores más dinámicos. En esa diferencia puede estar la verdadera ventaja competitiva de la ciudad durante las próximas décadas.

Luis Enrique Villavicencio
Especialista en desarrollo económico y vinculación estratégica entre academia, industria y sector público. Enfocado en fortalecer MIPYMES y alinear la formación con el sector productivo, analiza el entorno económico con visión crítica y enfoque propositivo para impulsar la competitividad regional.
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