El negocio del TMEC no es comprarnos , es vendernos.

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No hay una negociación real detrás del TMEC este año. Hay una reconfiguración del poder económico en Norteamérica y México llega a esa mesa en una posición incómoda: siendo indispensable para Estados Unidos, pero al mismo tiempo profundamente dependiente de él.

Durante años se nos vendió la idea de que el TMEC era una plataforma para fortalecer la competitividad mexicana, la realidad es mucho más cruda, Estados Unidos no está apostando solamente a comprarnos más; está apostando a vendernos más, muchísimo más, y los números lo confirman.

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En 2025, las exportaciones de bienes de Estados Unidos hacia México alcanzaron los 338 mil millones de dólares, convirtiendo a México en el principal destino de las exportaciones estadounidenses, incluso por encima de Canadá.

Eso cambia completamente la lectura del TMEC, porque mientras aquí seguimos celebrando récords de exportación, gran parte de lo que “México exporta” realmente es manufactura de empresas extranjeras instalada en territorio mexicano. No estamos construyendo una economía mexicana fuerte; estamos sosteniendo cadenas globales donde el valor agregado, la tecnología, las patentes y la utilidad mayor siguen saliendo del país.

La industria automotriz es el ejemplo más evidente. Durante décadas Alemania, Japón y Estados Unidos dominaron el sector automotriz global, hoy el tablero cambió, China se convirtió en una potencia brutal en vehículos eléctricos, baterías y producción tecnológica. Y los más golpeados en esta transición no son necesariamente los grandes corporativos; son las regiones manufactureras intensivas en mano de obra, particularmente la frontera mexicana.

No es que “se estén yendo las maquilas”, se están reduciendo las operaciones que dependen de grandes volúmenes de mano de obra tradicional, como las arneseras y ciertos componentes automotrices. Muchas empresas proveedoras de Mercedes, BMW, Nissan, Volkswagen, Honda o Ford ya reportan disminuciones en pedidos y ajustes operativos. Stellantis, detrás de marcas como Jeep, reportó pérdidas multimillonarias en 2025, reflejando la presión que vive el sector automotriz global.

Mientras tanto, la automatización, la inteligencia artificial y la competencia china están redefiniendo completamente el modelo industrial y mientras el mundo cambia, México sigue atrapado en un modelo maquilador de hace 25 años.

La parte más delicada ni siquiera está en los autos, está en la energía. México importa actualmente entre el 70% y 76% del gas natural que consume desde Estados Unidos.
Eso significa algo extremadamente serio: si Estados Unidos decide restringir el suministro de gas, México literalmente puede detener buena parte de su economía y de su generación eléctrica en cuestión de días.

Así de frágil es nuestra soberanía energética. Y mientras dependemos del gas, Estados Unidos incrementa agresivamente sus exportaciones de equipos electrónicos, tecnología avanzada y componentes estratégicos hacia México. Tan solo las exportaciones estadounidenses de equipo electrónico y eléctrico hacia territorio mexicano superaron los 57 mil millones de dólares en 2025.

En minerales críticos ocurre exactamente lo mismo, Estados Unidos está impulsando reservas estratégicas, proyectos de seguridad de suministro y control tecnológico para no depender de China. Y México, teniendo litio, cobre, grafito y posición geográfica privilegiada, sigue sin construir una política industrial agresiva alrededor de esos recursos.

El campo mexicano tampoco escapa a esta realidad, cada año importamos más maíz, soya, carne de cerdo, lácteos y productos agroindustriales estadounidenses. Mientras tanto, el productor mexicano sigue enfrentando abandono, falta de financiamiento, baja productividad y enormes barreras para entrar a las grandes cadenas comerciales. El problema de fondo es que México sí tiene industria, sí tiene talento y sí tiene ubicación estratégica. Lo que no tiene es una visión nacional de desarrollo industrial.
Porque si algo viene en la siguiente etapa del TMEC es más presión: — más reglas ambientales, — más requisitos de contenido regional, — más exigencias tecnológicas, — más control energético, — más trazabilidad, — más automatización, — y más competencia global.

Estados Unidos entendió algo hace tiempo: la guerra comercial del futuro no será solamente por aranceles. Será por energía, semiconductores, minerales críticos, inteligencia artificial y cadenas de suministro.
Y México todavía sigue discutiendo si quiere o no tener una política industrial seria.

¿Cómo se va a subir la pequeña y mediana empresa mexicana a esta nueva etapa?
Porque si el TMEC sigue funcionando únicamente para que entren más productos, energía y tecnología estadounidense al mercado mexicano, entonces México seguirá creciendo… pero creciendo como consumidor, no como potencia industrial.

La frontera tiene que replantearse urgentemente, durante años la generación de empleo dependió de manufactura intensiva y costos laborales competitivos. Ese modelo ya empezó a agotarse, la nueva frontera tendrá que competir en: — automatización, — innovación, — proveeduría especializada, — tecnología, — logística avanzada, — energía, — manufactura inteligente, — y desarrollo de marcas mexicanas reales.

La oportunidad sí existe, pero requiere decisiones incómodas. México necesita dejar de pensar solamente en atraer inversión extranjera y comenzar a fortalecer verdaderamente a su industria nacional.

Necesitamos: una política energética agresiva, financiamiento real para PYMES industriales, integración de proveedores mexicanos, desarrollo tecnológico, fortalecimiento del campo, infraestructura logística, incentivos para innovación, y una estrategia nacional para dejar de ser únicamente la mano de obra barata de Norteamérica.

Porque la realidad es esta: Estados Unidos no va a dejar de defender sus intereses, China no va a detener su expansión industrial, y el mundo no va a esperar a México.

La gran pregunta no es qué va a pasar con el TMEC, la gran pregunta es si México finalmente va a decidir convertirse en potencia industrial… o seguirá conformándose con ser solamente la fábrica barata de otros.

ADN Thor Salayandia
Thor Salayandia

Las opiniones expresadas por los columnistas en la sección Plumas, así como los comentarios de los lectores, son responsabilidad de quien los expresa y no reflejan, necesariamente, la opinión de esta casa editorial.


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